“Me encanta trabajar con gente que rompe las reglas”. Esa fue la declaración de principios de Erin Walsh a The Hollywood Reporter. La importante publicación alzó a esta profesional en su lista anual con las asesoras de moda más influyentes de la industria del entretenimiento. Por eso tiene lógica que una de sus clientas sea Sarah Jessica Parker, quien a su medio siglo de vida sigue estableciendo nuevos referentes y tendencias en la escena fashion

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Han pasado once años del último capítulo de Sex and the City, y la actriz logra mantener intacto ese estatus de ejemplo de estilo. Por la década que la comedia estuvo al aire sus looks eran responsabilidad de la veterana estilista Patricia Field, quien tuvo la visión para armar el guardarropa de Carrie Bradshaw.

A 2015, y con la artista celebrando su cumpleaños 50, el ‘armario Parker’ es tentación para fans de cualquier generación. Su influencia es tal, que la propia Kim Kardashian dejó a sus publicistas históricos para contratar a Ina Treciokas, la encargada de las comunicaciones de la actriz. La estrella de reality quiere replicar el efecto de la madura ganadora del Emmy: “Ser vista como sofisticada y con inclinación por los diseños de vanguardia”, según trascendió.

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Y aunque su memorable tocado de ‘llamaradas’ para la última gala del MET cruzó la línea de la excentricidad, esta madre de un niño y mellizas tiene a todos curiosos con los parámetros estéticos en su nueva serie para HBO, Divorce. Título que implica reinvención. Esas tendencias, quizá, se podrán ver por adelantado y en directo en su visita a Santiago como rostro de Ripley el próximo viernes.

Parker supo cómo definirse ‘post Carrie’. Madurar su clóset desde ese tutú noventero, sin perder la chispa ni tampoco esos placeres culpables que ella extendió de la pantalla a la vida real. 

Ese giro lo definió así hace unos meses: “Ahora tiendo a usar y comprar cosas que son ‘para la vida’. Ya no me tiento o hipnotizan las tendencias”. 

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Esta nueva forma de elegir su vestuario tiene líneas bien definidas en esta etapa de su vida. Moderna, pero no disfrazada de reina de onderos clubes nocturnos ni de adulta invisible o genérica. Así expone su nueva ‘geografía fashion’.

Jeans. Urbana y neoyorquina hasta la médula, la artista tiene una incondicionalidad total por la mezclilla, cualquiera sea su formato: desgastada, suelta, pitillos. Es tanta su relación con el denim que Jordache la eligió como su nueva modelo. Generalmente combina esos pantalones con camisetas a rayas, otra de sus debilidades. Piezas que lleva con accesorios chic y prácticos. Este último año va a todos lados con su cartera al cinto Chanel (belt bag), que usa desde que deja a sus niños al colegio, hasta en tenidas de noche con prensa evaluándola.  

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Lingerie. Al contrario de Sex and the City, donde a su personaje le encantaba mostrar su ropa interior en vestidos o blusas con cortes en que sus preciosos sostenes quedaban expuestos, hoy juega con las mismas ‘armas’ de diferente forma. El sex appeal lo aplica con camisas de telas etéreas —aunque no directamente reveladoras— que dejan ver su brassiere. Reinventa sofisticadamente ese recurso, como en un reciente picnic en Bridgehampton. Aunque se veía su lencería oscura bajo una blusa blanca, se tomó el pelo y puso el acento en un gran collar Riviére de topacios que ha repetido en diferentes ocasiones. 

Estampados. No hay límites, sólo sentido de gusto. “Si hay una paleta de colores que es consistente, te sentirás segura”, explica.

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Zapatos. Pese a la mitología que le heredó la TV, le encantan las ballerinas y otros modelos planos. Incluso los combina en su propia colección con tacones altísimos. Eso sí, invita a apostar por hacer contraste con la ropa. No limitarse a combinar. Un tono fuerte, de acuerdo a Parker, puede jugar el rol de un neutro.

Tarde. Con una figura envidiable para mujeres de cualquier edad, la actriz no teme a vestidos ceñidos o faldas amplias para salidas sociales o de trabajo. En cualquier diseño, su largo preferido es casi siempre a la rodilla.

Cuerpo. En Ibiza y en el mar caribeño, este verano no se sacó el traje de baño de una pieza de Malia Mills, pese a que un bikini le quedaría increíble. Su atrevimiento lo reserva para la alfombra roja. Así apareció en un Elie Saab con corte a la pierna que reveló casi al límite de lo publicable, aunque jamás arriesgó sumarse al club Hilton, Spears y Lohan. Imposible. Tiene medio siglo de sabiduría.