La serie True detective, a estrenarse en enero en HBO, promete satisfacer incluso a fanáticos de The Wire para quienes Breaking Bad era todavía demasiado ingenua o condescendiente. Cada pequeño detalle revelado por el canal es como una minúscula prenda de un streaptease que va tanteando la temperatura del rating.

Y lo que se asoma es siempre borroso, escenas del crimen con inquietantes adornos rituales, un ambiente rural caldeado de fanatismo religioso, voces en off con mensajes enigmáticos, policías con remordimientos de conciencia, cadáveres y expedientes de casos irresueltos.

Las investigaciones infructuosas y el cadáver femenino ocupan un lugar privilegiado en el género policiaco. La novela autobiográfica de James Ellroy Mis rincones oscuros, quizá sea uno de los ejemplos más descollantes al respecto. Todo empieza con la madre de Ellroy, muerta en una zanja, y lo que sigue es una investigación extenuante, que como un pantano o como un hoyo negro va tragándose la vida del hijo, comprometido en la búsqueda. No se encuentran culpables, no hay ninguna historia plausible para explicar el crimen, ni tampoco para darle un sentido a la vida del hijo, que se ha consumido en intentar desentrañarlo.

Bolaño, en 2666, se apropia del tópico y lo multiplica: no es sólo un cadáver, son cientos de mujeres asesinadas año tras año en la ciudad mexicana de Santa Teresa. La impotencia pasa a ser social, la muerte se levanta como una sombra inmensa y amenazadora; y así también se revela la incapacidad del género policial para compensar en algún sentido lo que la justicia en realidad no logra resolver.

Un ejemplo más reciente y cercano es la novela Almas en el río de Eleodoro Sanhueza (editorial Ñire Negro), basada en el Caso Aysén, respecto de las misteriosas muertes de casi veinte jóvenes en Puerto Aysén entre 1997 y el 2001, que se especula fueron asesinados por implicancias con una red de narcotráfico que involucraría a militares, autoridades públicas y empresarios. Uno de los testigos clave murió en un incendio, y los juzgados de Coyhaique involucrados se quemaron dos veces, otro testigo fue condenado a 15 años por supuesto falseamiento de testimonios, un obispo insistió en cooperar pese a las amenazas de muerte. Aquí también la justicia ha sido insuficiente y los casos siguen inconclusos para muchos familiares de los jóvenes. Incluso, pocos días después del lanzamiento del libro en Coyhaique, el memorial para las víctimas fue destruido, sin que se hayan encontrado responsables. Al parecer, la novela de Sanhueza viene a remover un silencio lleno de miedo y violencia.

“En este mundo nada está resuelto”, dice una voz en off en uno de los trailers de True Detective, como si las cosas allá no fueran muy distintas. Si la serie se mantiene fiel a esa premisa, sus seguidores no debieran esperar un final feliz.