“Cartagena está metida en mis libros, todos ellos tienen hilachas suyas”. Con estas palabras definió el Premio Nobel, Gabriel García Márquez, a la ciudad que marcó su obra y a su vida entera, por siempre enamorado de sus escenarios coloniales, sus calles estrechas, coloridas fachadas desde las que se asoman balcones cargados de flores y una arquitectura española única. Aquí llegó a los 21 años y se marchó al final de un año —en 1949—  con Cartagena grabada en la piel. Fue el escenario central de varias de sus novelas e inspiración para personajes inolvidables, como el propio Coronel Aureliano Buendía, de Cien años de soledad.

“Aquí Gabo volvió a nacer”, cuenta Iliana Restrepo, académica de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, experta en la obra del célebre escritor. “Llegó con una mano por delante y otra por detrás, cuatro cigarrillos en el bolsillo y nada más”. 

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Una relación que comenzó en abril de 1948. Los ojos estaban puestos en el álgido clima político tras el asesinato del líder liberal José Elías Gaitán, incidente conocido como ‘el bogotazo’ y que ese año determinó el arribo del escritor a estas nuevas tierras. “La pensión donde yo vivía se incendió por los disturbios; mi ropa se quemó, también la máquina de escribir junto con dos manuscritos de cuentos que, por lo que recuerdo, era mejor quemarlos”, recordó en una entrevista. Para terminar los estudios de leyes se trasladó a Cartagena y comenzó sus primeros escarceos como periodista.

Entonces la ciudad era la sexta parte de lo que es hoy: sólo tenía 130 mil habitantes y sus calles estaban abandonadas a su suerte. Gabo se impresionó con el sobrecogedor escenario, sus casas ruinosas y sus historias nostálgicas de títulos nobiliarios. En Vivir para contarla (2002) su libro de memorias, revive este primer encuentro: “Me bastó dar un paso dentro de la gran muralla, verla en la luz malva de las seis de la tarde y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”. 

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Sin un lugar donde hospedarse, Gabo caminó exhausto por la ciudad ruinosa. Se acostó en una banca en el Parque de Bolívar donde lo sorprendió la policía: el escritor estaba burlando el toque de queda tras la ola de violencia política que remecía al país. Pero en una situación típica de sus libros, los policías lo llevaron primero a un restorán del mercado público porque encontraron que el escritor “se veía hambriento”. El resto de la noche lo pasó en un calabozo en el entonces desvencijado convento de Santa Teresa. Hoy el lugar es un hotel de lujo y es imposible imaginar que aquel calabozo húmedo inauguró la estancia del célebre autor en Cartagena.

“Una de las cosas que más le gustaba a Gabo era que aquí las casas y los lugares cambian siempre de vocación: el sitio donde él durmió ahora es un hotel cinco estrellas, uno de los más celebres”, cuenta Iliana Restrepo, quien fue descubriendo estas historias a partir del diplomado impartido por su universidad. “Eran largas caminatas donde íbamos contando, con la ayuda de su hermano, la vida y obra de Gabo por la ciudad amurallada. Decidimos investigar el tema a fondo hasta que creamos los “audiotour” —de la agencia Tierra Magna (tierramagna.com)—, que contempla un recorrido por 35 puntos llamada “La Cartagena de Gabo”, disponible también en App store.

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¿Por qué Cartagena caló tan fuerte en el escritor? Iliana Restrepo cree que aquí Gabo pudo transmutar todos sus recuerdos; su niñez en Aracataca, donde se crió con sus abuelos, un pueblo de la costa Caribe; “por eso, cuando llega acá, luego de haber vivido en Bogotá —donde las personas tienen una manera de ser muy distinta— se reencuentra con esa idiosincrasia caribeña. De hecho él siempre decía: ‘nunca me siento con mejor salud sino cuando estoy en el Caribe; se alinea mi cuerpo, pienso distinto’. Tanto así, que éste es el único lugar de Colombia donde compró una casa”, dice sobre la mansión encumbrada en un costado de este fuerte caribeño. 

Aquí el escritor se inicia en el periodismo, otra de sus máximas pasiones. “Cuando García Márquez llega a Cartagena ésta era una urbe pequeñita, muy atractiva para los periodistas”, señala Pedro Luis Mogollón, director de El Universal, el diario donde Gabo se inició como reportero. La publicación defendía las ideas del partido liberal, en oposición al partido Conservador que gobernaba al país con mano férrea. El editor José Manuel Zabala había leído sus primeros cuentos en El Espectador de Bogotá y lo integró como aprendiz de periodista; a él, Gabo le atribuyó buena parte de su formación; nunca olvidó su célebre lápiz rojo con el que solía tachar sus trabajos. 

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“No era raro que una ciudad muerta, donde el ritmo era muy lento, estos periodistas inventaran historias; se trataba de hechos ya acontecidos de manera de que nadie pudiera corroborarlos… Esos constituyeron los primeros escarceos literarios de alguien que lo único que quería era dedicarse a la escritura”, cuenta Mogollón.

El diario contaba incluso con su propio censurador: un coronel de Armada con fama de duro y Gabo se las ingeniaba para esconder sus denuncias en notas de deporte o crítica literaria. Años después el coronel reconoció que se daba perfecta cuenta que los artículos de García Márquez constituían un violento ataque al gobierno, pero los dejaba pasar “porque estaban tan bien escritos que sería una lástima que no se publicaran…”.

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Hambriento tras finalizar una fatigosa edición, Gabo dormía sobre los rollos de papel utilizados para imprimir el periódico. “Pero era muy orgulloso y digno; podía tener hambre pero no dejaba que cualquiera lo invitara a almorzar. Para ayudarlo, los amigos debían tener mucho cuidado, que no se notara que le estaban haciendo un favor”, cuenta Pedro Luis Mogollón.

Fue en el edificio de la Armada colombiana, demolido en 1970, donde García Márquez situó su encuentro con el marinero Luis Alejandro Velasco, único sobreviviente tras el hundimiento de un destructor de la Armada, a 5.400 km de la bahía de Cartagena; transformó su historia en una serie de reportajes anónimos editados en El espectador de Bogotá. El resultado fue su famoso libro Relato de un náufrago y que vendió más de 15 millones de ejemplares en todo el mundo. 

En 1994 el Nobel de Literatura creó la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que hoy cumple 20 años. Con sede en Cartagena, éste será el primer escenario de una serie de actividades para recordar lo ocurrido en estos primeros 20 años de la FNPI, que se desarrollarán a lo largo del año y que incluyen la tercera edición del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, cuya fase de inscripción de trabajos concursantes estará abierta hasta el 11 de mayo. 

Si usted quiere hacer suyo este recorrido por Cartagena, le recomendamos algunas de sus obras obligadas del Premio Nobel: el ya mencionado Relato de un náufrago, seguido por El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios, Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada, trabajos que constituyen la clave antes de emprender el viaje. Si no alcanza, no se preocupe, siempre quedará el deseo de retomar la obra de quien ha sido uno de los grandes escritores de habla hispana y que murió hace exactamente un año, con Cartagena en el corazón.