A Yasmina Reza no le gusta dar entrevistas. De hecho, parece no gustarle la fama. No se define como una intelectual porque no quiere tener el espacio para opinar de cosas de las que no quiere opinar. Ella, según dice, observa desde lejos y describe lo que ve. Ese es el rol que cree debe tener el artista.

La escritora francesa se ha movido entre la actuación, la dramaturgia y la novela. Felices los felices, su último título, llegará en español durante septiembre editado por Anagrama, y a modo coral, retoma el tema que cruza su obra: las situaciones que amenazan con la estabilidad de la civilidad. El libro abre con el relato de un hombre que luego de discutir con su pareja por olvidar la compra del queso gruyere en el supermercado, termina arrastrando a su mujer al auto. El queso, por supuesto, es sólo la punta del iceberg de dramas que se manifiestan en la cotidianidad. Un texto que funciona como el coro de un estado de ánimo, así como lo es Shortcuts de Raymond Carver, sólo que acá el filtro que lo cubre todo es el del humor más negro. La civilidad, para Reza, es sólo un barniz que desaparece ante el más mínimo conflicto.

Pero a Reza no le gusta la fama, o no le interesa. Da entrevistas porque entiende cómo funciona el mercado editorial y sabe que hay que hablar de un libro para que la gente sepa que exista. Parecieran las palabras de alguien con una obra más modesta, pero no es el caso. La francesa hija de inmigrantes judíos ya tiene una obra traducida a 35 idiomas.

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La escritora incluso publicó un libro en formato crónica sobre Nicolás Sarkozy. Al alba, en la tarde o en la noche sigue los pasos de Sarkozy durante el año que duró su campaña política. Ella, cuidadosa de no tomar partido, se dedicó a observar a quien se convertiría en el Presidente de la nación emblema de las libertades individuales y el progreso, y lo que resultó fue el retrato de una generación de hombres que se entregan a la posibilidad de un futuro inmediato y niegan el presente: “pero lo que viven no es el olvido de ellos mismos. Es, por el contrario, la obsesión de uno mismo y el olvido inevitable de los demás”.

A Yasmina Reza todas esas cosas no le interesan. Ella escribe desde el espacio solitario que ha designado para su arte. El lugar desde donde retrata la precariedad de las cosas, cómo la civilidad cede paso al salvajismo que viene a ser quizá no una versión más real, sino una versión alterna de la vida burguesa moderna. Aunque ella se mantenga siempre correcta, encajada y distante.