Completa, así se puede definir a María Dueñas (51), una española que irradia felicidad y tranquilidad. Los nervios deberían apoderarse de ella, su tercer libro fue lanzado este año, La templanza, y una gira la ha traído a Latinoamérica para publicitarlo. Su novela anterior, Misión olvido, no pudo ni acercarse a las más de 5 millones de copias de El tiempo entre costuras, su primer y mundialmente conocido libro. Pero, no, nada logra borrar su sonrisa.

Antes de conversar, pone sus pies en el sofá y así, con el menor glamour posible, comienza a hablar sobre ella. Se pasea por el hotel su marido, Manuel Castellanos, con quien ha formado una familia junto a sus hijos en Cartagena, una ciudad a la que llama hogar y donde se produce el alumbramiento de sus ideas. Por allí es donde María Dueñas vaga por las orillas del mar Mediterráneo en busca de ideas. “Estoy aislada de todo el ruido de la gran ciudad, entonces salgo por las mañanas, como una hora, voy pensando sobre lo que escribo, si es que me quedó algo pendiente. Después vuelvo a casa, arranco a trabajar y me paso todo el día en ello, hasta las 7 u 8 de la tarde”, dice.
Despreocupada de la frivolidad, Dueñas simplemente es una afortunada del destino, luego de una vida como profesora universitaria pudo darse el gusto de comenzar a escribir, un mero jugueteo. “Por mi trabajo docente tenía mi flanco profesional totalmente cubierto. Demasiado trabajo. Entonces nunca ambicioné con ser escritora hasta que llegó un momento donde tenía un poco más de tiempo y ya estaba todo más estabilizado en mi carrera, dije “vamos a probar”. Nunca pensé qué iba a pasar con el libro, solo tenía en la cabeza que lo iba a terminar. Quería añadir algo más a mi vida, emprender algo nuevo”, sostiene. Así nos presentó El tiempo entre costuras (2009), la historia de Sira Quiroga y su famosa máquina de coser que la llevó a un mundo de misterios y conspiraciones en la ciudad de Tetuán, Marruecos, durante la Guerra Civil Española. Libro que terminó siendo traducido a más de 25 idiomas y una serie de televisión que incluso llegó a Chile en manos dexa principios de año. Un fenómeno.

“No creo que pueda superar a “El tiempo entre costuras”, esas cosas pasan una sola vez en la vida. Tampoco quiero aspirar a eso, no quiero estar midiendo, no compito con nadie, ni conmigo”, dice entre risas, pero finaliza con sequedad. El camino fácil no es algo para María Dueñas, quien sabe que podría continuar aferrándose a su best seller. “Podría haber vivido a la estela del libro toda mi vida, haber escrito una segunda y tercera parte. Mucha gente pedía eso, pero ya me había cansado de ese bucle, entre que lo escribí y lo promocioné, no acababa. Necesitaba salir de ahí, sin renegar de lo bien que me fue, pero quería algo de aire fresco y estos nuevos textos me han liberado”.

Su tercer libro, La templanza, es la excusa perfecta para su viaje a Latinoamérica. De España hacia América, justamente el viaje que nos presenta la novela donde seguimos los pasos de Mauro Larrea, quien se sumerge en un mundo de viñas y bodegas, viajamos a México, Cuba y Jerez, donde el protagonista deberá sobrellevar el fracaso hasta que Soledad Montalvo entre a su vida para cambiarlo todo. Un relato completamente desde la lejanía, no la mirada en primera persona que tenía ya acostumbrados a sus seguidores, después de todo es su primer protagonista masculino. “En El tiempo entre costuras la protagonista absoluta es una mujer y en Misión olvido la figura principal es nuevamente femenina, pero con dos varones a su lado. Al crearlos quedé tan satisfecha lo que me dio cierta seguridad para lanzarme ahora con Mauricio. Guardo mis cautelas, aquí me distancio y hablo en tercera persona, me gustaría estar en la mente de un hombre (ríe), pero como no tengo todo el conocimiento prefiero ponerme esa red”, cuenta. Dueñas nuevamente crea una historia marcada por la desgracia, donde surgir de la derrota misma es el verdadero objetivo del relato. “Me gusta crear personajes que no sean de un principio héroes, la vida es la que los obliga a serlos. Muchas veces los seres humanos no somos conscientes de lo que somos capaces cuando la vida te lo pone difícil. Entonces me gusta que caigan, se fracture, y ahí avancen”, dice mientras gesticula con sus manos los pasos de sus protagonistas.

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—¿Hay algo de eso en tu vida?
—Por fortuna no, todos tenemos momentos difíciles, pero nunca he estado tan complicada como los personajes de mis libros. La sensación la sacas cuando la vida te da un golpe y tú no lo esperas, claro, magnificas, pero a todos nos ha pasado. Me han dicho que con Sira, la protagonista de la primera novela, se sintieron identificadas, que habían pasado por trances similares, rupturas amorosas y los libros les habían servido.

—¿Entonces El tiempo entre costuras es un libro de romance?
—No lo es, es solo un componente dentro de un conjunto de muchos otros ingredientes porque también tiene espionaje, aventura y crecimiento personal. Lo de ser romántica lo dice quien no lo ha leído, es la tendencia a etiquetar.

—¿Cómo ha sido tu relación con otros escritores?
—Los de mayor peso han sido los mejores, por ejemplo, Vargas Llosa ya me había dicho que le había gustado mi publicación. Entonces, cuando publiqué El tiempo entre costuras en Estados Unidos, le pedí una frase para el lanzamiento, le dije “tú mejor que nadie sabes lo difícil que es para quienes escribimos en español entrar en el mercado anglosajón”. No había pasado ni 24 horas cuando ya me estaba contestando con lo que le había pedido. Fue maravilloso.