Francisco Ortega: ‘Vivo en una biblioteca’

El autor de Logia (2014) y Andinia, la catedral antártica (2016), cuenta —con orgullo— que de las 10 paredes que conforman su departamento de dos ambientes, en Providencia, ocho son estantes llenos de libros. “Vivo en una biblioteca y escribo en un escritorio que da a un balcón”. Por ello, la lista de autores que están en las paredes de Pancho Ortega (42), como le dicen sus amigos, van desde el estadounidense Herman Melville (Moby-Dick) hasta la colección completa de Stephen King (Misery). La rutina del periodista, fanático de la ciencia ficción, es la siguiente: “Escribo todos los días, desde las nueve de la mañana, sin parar, hasta las tres o cuatro de la tarde. El resto del día leo y hago otras cosas. Jamás escribo en las noches, no puedo, me da sueño y no rindo. Prefiero dormir, ver una película o salir”. Por estos días, Ortega da los últimos toques a una novela infantil titulada Max Urdemales en la recta provincia, que es el segundo libro del mismo personaje infantil que esta vez aborda los mitos chilotes. Paralelamente, escribe Behemot, una novela de ciencia ficción que saldrá a fin de año.

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Armando Uribe: ‘Hay un retroceso intelectual en Chile’

Entrar al departamento de Armando Uribe (83) frente al Parque Forestal es retroceder en el tiempo. Su living y biblioteca están a media luz, antigüedades, cientos —o miles— de libros viejos y cuadros que, lo más probable, terminen en un museo. De traje negro, camisa gris y corbata negra, el poeta, ensayista de la llamada generación literaria de 1950, Premio Nacional de Literatura 2004 baja las escaleras y llega a su escritorio con dificultad. Le cuesta respirar, su adicción al cigarrillo le ha pasado la cuenta. Pese a ello, cuenta que no ha dejado de escribir (tiene más de 60 publicaciones), menos de leer y que hoy le interesan más las crónicas escritas en el pasado. “Leo y releo un libro cada día. Varios libros al mismo tiempo”. Incluso libros que ya no circulan como los de Carlos Vicuña Fuentes. “Estamos en un país que culturalmente es muy decadente comparado con lo que era hace 50 años. Hay un retroceso intelectual en Chile y me atrevería a decir que también en Latinoamérica y en el mundo. Tras la Segunda Guerra Mundial se publicó el libro La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, y eso ha venido pasando. El octogenario escritor explica que uno de sus parámetros de comparación son las cajas con recortes de prensa y revistas que, dos veces al mes, le envía uno de sus hijos, desde Paris. “Para quienes podemos comparar, por la edad, el nivel cultural actual con épocas anteriores, es desagradable darse cuenta del actual nivel tan bajo. Lo más terrible es que es un fenómeno contagioso”, dice.

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Carla Guelfebein: ‘Escribo todo el tiempo que puedo’

Su amplio escritorio —de vidrio transparente y patas de madera en forma de compás— está en el dormitorio, junto a su cama. La pared principal es una biblioteca blanca donde, aparte de libros, están sus objetos más preciados, entre ellos, piedras que ha recogido en diferentes países que ha visitado. Aquí pasa la mayor parte del día Carla Guelfenbein (57): “Soy muy disciplinada. Escribo todo el tiempo que puedo. Comienzo de 9:00 a 14:00 y después sigo toda la tarde, sin parar”. Parte de esta mente estructurada se refleja en sus libros ordenados alfabéticamente por el apellido del escritor. La autora de Contigo en la distancia (2015) tiene abierto en su notebook las últimas páginas de su nuevo libro que lanzará en noviembre. “Se llama Llévame al cielo y es una novela crossover. Esto quiere decir que está dirigida a un público que parte de los 18 hasta los 100 años. Se trata de un grupo de cinco chicos que se encuentran en una clínica para problemas sicológicos, cada uno con una historia muy potente, de distintos estratos sociales y con diferentes problemas con el mundo y con la vida, pero cada uno de ellos es una suerte de pequeño genio”, cuenta con entusiasmo.

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Marcela Serrano: ‘Soy noctámbula y a veces leo hasta las 2 de la mañana’

El departamento de Marcela Serrano (66) es un minimuseo adornado con originales de Miró, Picasso, Matta y Samy Benmayor, entre otros artistas. Su living y amplias terrazas —con muchas plantas— están decorados estilo mexicano, país donde ha vivido en diferentes etapas de su vida. En el piso de arriba vive su tercer marido, el político socialista Luis Maira. La autora de El albergue de las mujeres tristes (1998) cuenta que su biblioteca principal está en su parcela en Mallarauco, pero que varias de sus novelas se han escrito en este escritorio rodeado de libros en el barrio Las Lilas, en Providencia. “Soy noctámbula y a veces leo hasta las 2 de la mañana”, agrega. Serrano cuenta que su última novela La Novena (Alfaguara) publicada el año pasado y donde por primera vez su protagonista es un hombre, la dejó agotada. Por ello, decidió retomar una vieja pasión: los collage. Ella estudió Artes en la Universidad Católica y obtuvo la licenciatura en grabado en 1983. “Me siento un poquito traidora”, señala la escritora, quien el 4 de julio inaugura su exposición de collage en Arte Espacio, en Alonso de Córdova 2600.

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Gonzalo Contreras: ‘Escribo después de las doce de la noche’

Gonzalo Contreras (58), formador de escritores como Pablo Simonetti, Carla Guelfenbein y Alejandro Zambra no tiene un lugar preferido para escribir. “Me traslado con el notebook… desde mi cama, al comedor, al living… Escribo después de las 12 de la noche, hasta muy tarde”, cuenta. A diferencia de la mayoría de sus pares, no guarda ni acumula libros, los regala y también los bota a la basura, sin compasión, cuenta. Por ello, fue fotografiado en un rincón de su departamento en el barrio Las Lilas, donde guarda sus libros más preciados, entre ellos, Marcel Proust, Stendhal, Charles Baudelaire, Fitzgerald…”, dice mirando su biblioteca adornada con una foto de su madre. Contreras prende un cigarrillo y cuenta que su próxima novela surge a partir de un momento de El nadador (1995), uno de sus libros más exitosos. “Es cuando Max Borda (el personaje de El nadador) visita a su hija, Francisca, en San Francisco, quien está casada con su ayudante. Esta nueva novela comienza cinco años después con Francisca en Chile divorciada de su pareja, junto a un hombre joven muy bello y aventurero muy diferente a su ex marido. Ella está esperando a su padre, Max Borda, quien llegará con Virginia, quien es hermana de su madre, tía de ella y ahora pareja de su padre… Son dos parejas nuevas que se estrenan…”.

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Rafael Gumuci: ‘Escribo en mi cama’

Rafael Gumucio (47) cuenta con alegria que tiene un amplio abánico de empleadores (la Universidad Diego Portales, Radio Zero, LUN, Canal 13…). “Soy como un mueble con muchos cajones, trabajo en muchas partes, también hago talleres de lectura, pero no mezclo ninguna”, dice. Pese a ello no deja de escribir libros. Hoy lo hace preferentememte acostado con su mac encima del pecho. “Escribo en mi cama. Cuando me canso, me siento y continúo tecleando”. Si se aburre, se levanta y ocupa la cama como mesa. De ahí viene su productividad (12 libros). Acaba de lanzar El galán imperfecto y en octubre publica La edad media, un libro sobre los años 90 en Chile. “Es una historia personal, mi vida entre los 18 y 30 años, cuando comencé a escribir en revista Apsi, cuando trabajé en el canal Rock&Pop y en La Nación… Pululé por el periodismo, por la televisión y conocí a mucha gente que hoy son amigos y personas conocidas como Pato Fernández, mi primo Marco Enríquez Ominami, Matías Rivas, Alejandra Matus, Roberto Merino, Rafael Otano”, cuenta desde el living de su departamento, obviamente, lleno de libros por todos lados.

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