José Ignacio Valenzuela, escritor y guionista: Bajo las sábanas

De chico pasaba metido en cosas de grandes. Como las tertulias de su tía escritora Ana María Güiraldes, que luego lo llevarían a tomar su primer taller de escritura y posteriormente a su debut en el mundo de los guiones de teleseries antes de cumplir la mayoría de edad.

El “Chascas” Valenzuela tuvo en sus manos el primer ejemplar de Papelucho a los ocho años y deseó que le pasaran todas las aventuras que desvivían al niño de pocas mechas y muchas pecas. Devoró cada uno de sus libros cuando descubrió que la obra de Marcela Paz era una saga. Fue tan intenso su amor por Papelucho que leía sus libros de noche, bajo las sábanas, sin que sus papás supieran.

Un día de verano, José Ignacio se sentó lupa en mano en la puerta de su casa. Esperaba a que ocurriera un crimen para resolverlo tal como lo hubiera hecho Papelucho Detective. Como nada ocurrió, buscó auxilio en su abuela materna, quien le dio la brillante idea de ponerse a inventar historias en vez de esperar por ellas.

Así nació Papelucho y el matrimonio de la Domitila, una narración del “Chascas” que cuenta cómo el protagonista hace lo imposible por llegar a tiempo al matrimonio de su nana Domitila y así poder entregarle sus anillos. Fueron sus primeros pasos en la literatura infantil que hoy se consolida con la publicación en Chile de su libro Mi abuela, la loca.

María José Ferrada, escritora de literatura infantil: Al amparo de la lluvia

No había mejor regaloneo que su mamá le leyera un cuento antes de dormir o que su padre le recitara a viva voz esos poemas con olor a sur. María José vivió una infancia sin internet en Temuco. Si había sol podía jugar en la calle. La lluvia —casi cotidiana— la obligaba a ponerse a resguardo, entonces aprovechaba de entretenerse leyendo.

libro450-1

En ese contexto, la llegada del cartero una vez al mes era crucial. El era quien traía los libros de la colección infantil de la editorial Andrés Bello a los que su familia estaba suscrita. Así conoció el mundo de Mujercitas, de Louisa May Alcott; también Las Aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi.

Como el cartero, la Navidad llegaba con libros bajo el brazo. María José no olvida la Nochebuena que recibió El Pequeño Lord Fauntleroy, de Frances Hodgson. Era la historia de un niño que, una vez que muere su padre, descubre que su abuelo es un millonario conde a quien termina por conquistar a pesar de su origen humilde.

Esa historia la maravilló tanto como otro libro al que hasta el día de hoy vuelve una y otra vez. Es que siempre había pensado en Pablo Neruda como un señor muy serio. Hasta que conoció El libro de las preguntas, que está lleno de preguntas tan entretenidas como absurdas. María José descubrió entonces que había una libertad única en observar el mundo con el asombro de la primera vez, con la mirada eterna del niño.

Ennio Carota, cocinero y jurado de Master Chef: El chico de la pandilla

Como una suerte de telenovela, todos los días la maestra de su escuela narraba un episodio de Los Muchachos de la Calle Pál, de Ferenc Molnár. La historia era de 1907 y contaba cómo un grupo de escolares defendía su territorio de la invasión de una pandilla enemiga.

libro450-2

Plenamente identificado con los protagonistas, Ennio hacía eco de la trama apenas ponía un pie fuera del colegio. Su imaginación volaba como lo hacían sus pasos para llegar a la zona de combate. Al igual que el libro que marcó su infancia, era parte de un clan que debía defender el espacio ganado en el barrio de Torino, Italia, donde se crió.

Sus armas eran cerbatanas —hechas con tubos que se usaban para las instalaciones eléctricas— que cargaban con uvas todavía verdes. Respetaban códigos como el que los grandes debían cuidar de los más pequeños, llevándolos en carritos o de la mano hasta donde estuviera el enemigo. El campo de batalla finalizaba atestado de niños con pantalones cortos y heridas en las rodillas.

Los juegos de calle hicieron que Ennio aprendiera códigos sociales y también cómo hacerse fuerte para sobrevivir. Cuando su pandilla ganaba una pelea, conquistaban terreno que había que seguir defendiendo. Como la vida misma, era una lucha permanente. Por eso está decidido a encontrar el libro que nunca tuvo en sus manos y leérselo a sus hijos, para motivar su imaginación y también sacarlos de la sobreprotección en la que viven los niños de hoy.

Federico Sánchez Arquitecto y Decano Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello: El pequeño filósofo

Era el menor de ocho hermanos y vivía en Machalí. Antes de salir a explorar a campo traviesa, Federico prefería quedarse en casa jugando con autitos y hojeando enciclopedias. Hurgueteando entre libros, un buen día encontró el texto que le revelaría una nueva manera de conocer el mundo: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

libro450-3

El relato fantástico de un pequeño príncipe proveniente de otro planeta lo hizo descubrir la poesía y despertó al lector que llevaba dentro. De ahí en más, devoraría un sinfín de títulos que conectaron a Federico con su lado más emotivo.

Títulos como El libro de las preguntas, de Pablo Neruda. “¿Si todos los ríos son dulces de dónde saca sal el mar?” o “¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil en la lluvia?”, fueron interrogantes que le hicieron entender que a veces en la vida las respuestas no eran tan necesarias.

Cuando llegó a sus manos Siddhartha, de Hermann Hesse, tenía doce años. Terminó de leer la novela en medio de suspiros y convencido de que había contradicciones que podían ser epifánicas. De ahí que para él, perder puede ser una ganancia en la vida, incluso la llave del éxito.

Emilia Noguera, actriz y dramaturga: De fábulas alemanas

Emilia aún conserva el relato de la oruga en Die kleine Raupe Nimmersatt, de Eric Carle, que pese a que devora todo a su paso finalmente se transforma en una mariposa. También el libro que fuera uno de sus favoritos, Die Häschenchule, de Fritz Koch-Gotha, la historia de unos conejos que van a la escuela para aprender a pintar huevos de Pascua, pero también a clases de gimnasia para saber cómo escapar de los zorros.

libros450-4

Los libros jugaron un rol fundamental: desarrollaron su imaginación y forma de ser.

Pero fue con Struwwelpeter, de Heinrich Hoffmann, con el que terminó de maravillarse. Contaba casos de niños que eran castigados por sus malos hábitos. Como el de un pequeño “chupa dedo” a quien un sastre cortaba sus pulgares; o el de un saludable chico que tras negarse a tomar sopa adelgazaba hasta morir.

Con esa literatura, Emilia, hasta el día de hoy, queda en estado de asombro

Pascuala Ilabaca, cantante y compositora: Como Alicia

A los 5 años sus padres estaban a cargo de una investigación que la llevó a conocer pueblos de todo Chile. Aquí se fraguó su amor por la música y también por los libros. Cuando la familia arribó a Valparaíso, Pascuala tenía 7 años y ya tocaba el piano. También nació su hermana y se volcó a la lectura de manera dramática, tal como eran los libros de Hans Christian Andersen que leía por esos días.

libro450-5

Cuando tuvo en sus manos Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, quedó impresionada con las imágenes de cartas que volaban o del sombrerero en la fiesta del té.

Empezó a escribir sobre lo que soñaba y, como Alicia, creó un mundo formado por lo real y lo imaginario. Hoy vive su propio “País de las maravillas”, componiendo canciones que hablan con tanta magia de personajes que habitan nuestro cotidiano.