En 1973, Carlos Droguett, Premio Nacional de Literatura en 1970, publicó El hombre que trasladaba las ciudades en España. Producto del golpe militar y de su conocido compromiso con la izquierda, la novela no llegó a circular en Chile, pasando a ser un eslabón perdido en la obra de un autor cuyas obras más conocidas fueron testimonio de su compromiso social: Eloy, la historia de un delincuente criollo y Patas de perro, metáfora del niño proletario que es mitad animal y mitad hombre.

El hombre que trasladaba las ciudades (La pollera ediciones) parte de una trilogía que muestra episodios de la conquista de Chile, recoge la historia real del soldado Juan Núñez de Prado, quien funda un pueblo en la provincia de Tucumán con la esperanza de encontrar oro y plata para explotar y compensar así su participación en la empresa conquistadora. Lo de Núñez será visto con malos ojos por Pedro de Valdivia, quien buscaba de igual forma ensanchar su territorio.

En vez de reconocer que estaba en Chile, y rebajar su rango de gobernador a teniente, Núñez decidirá mover Barco, su ciudad, destinando a su población al peregrinaje. La novela de Droguett es el relato de un traslado, una narración en movimiento. Antes que una reconstrucción histórica es la crónica imaginada de una empresa conquistadora que revela su inutilidad. La prosa del autor escasamente revela el paisaje y se centra en planos cerrados de conciencia de los personajes.

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Así, El hombre que trasladaba ciudades revela la crueldad y deshumanización de la conquista española en la tragedia personal de Núñez de Prado. “Todo ha de venir a su tiempo, todo lo traeremos tú y yo, traeremos la ciudad, iremos con ella a donde quiera que vamos, es nuestra, nosotros la hemos hecho, la estamos haciendo”, dirá ese narrador que avanza de subjetividad en subjetividad, conformando un solo discurso: el del hombre moderno que funda la utopía de América como ese sitio donde es posible partir de cero.

Un relato alternativo de la conquista que se ubica en el lugar intersticial del que hablará el filósofo poscolonial Homi K. Bhabha en El lugar de la cultura: ese desde donde se producen las identidades subalternas. Así, el español Núñez es ante todo un desterrado, el primer excluido de los protoestado nacionales que trazaron fronteras políticas arbitrariamente en tierras antes divididas solo por fronteras naturales.