¿Cuáles son las opciones de una chica graciosa en el Londres de los ’60? Barbara, el mismo día que es elegida reina de belleza de su pueblo, escapa de un destino que intuye la amarrará a ese lugar. Fanática de Lucille Ball, la protagonista de I Love Lucy, Barbara sueña con ser actriz cómica y hacer reír.

Llegará hasta Londres para alcanzar la fama, en un contexto donde la televisión comienza a adquirir la forma de industria que conocemos hoy. Este es el argumento de Funny Girl, la nueva novela de Nick Hornby (1957), escritor inglés conocido por ser autor de libros que se volvieron películas, como Alta Fidelidad.

En un comienzo, Funny Girl plantea las dificultades de ser nueva en la ciudad, las que se suman a las ilusiones de llegar a la fama y los baches que impone la realidad. Como advierte Barbara, el camino se acompaña de los favores que chicas jóvenes como ella puedan realizarles a hombres con dinero y contactos.

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Sin embargo, eso será sólo el comienzo, ya que la protagonista pronto se cruzará con un agente que indirectamente la llevará a conocer a los guionistas que accederán a escribirle un papel para una serie. La BBC y el espacio Comedy Playhouse será el escenario para todos los aspirantes de la comedia, sumando a la novela los guionistas y otros actores que acompañarán a Sophie, nombre artístico que toma la protagonista, en el camino al éxito, que se dará sin mayor conflicto ni drama, solo como un devenir.

En un festival literario de octubre pasado, Nick Hornby habló, no por primera vez, en defensa de quitar el dolor de la literatura. “Las novelas”, dijo, “deberían ser como la televisión. No deberían ser mucho trabajo”. Funny Girl es la materialización de esta frase.

Una historia sencilla que no plantea desafíos ni a su protagonista ni al público lector. Tal como una serie liviana para la televisión. La pregunta es ¿toda literatura debe ser densa? Por supuesto que no. La literatura, hoy también una industria sometida a las leyes de oferta y demanda que impone el mercado, admite la liberalización de lo que consideramos literario.

Ya pasó un siglo desde que el formalismo ruso y las vanguardias históricas dibujaron un objeto literario en respuesta a las anquilosadas definiciones de la academia. En el paso de cien años, la literatura como arte ha rebasado el mismo espacio del libro. Una novela de cuatrocientas páginas como Funny Girl puede ser sólo diversión. Una historia que en su retrato de la televisión, busca ser esa misma televisión que con el desarrollo del post capitalismo se liberó de sus funciones sociales.