Cuando los medios comenzaban a hablar de la rentrée littéraire, con los más de 600 libros que se publican en esta época en Francia, nadie se imaginó que uno inesperado vendría a quitarles las luces y que solo unas horas después de salir a la venta ya estaría agotado.

Hoy los casi 500 mil ejemplares vendidos por Merci pour ce moment (Gracias por este momento) de la ex primera dama y periodista Valérie Trierweiler es un best seller que se está imprimiendo en varios idiomas, lo que superará con creces los 4.1 millones de euros que ya ha facturado, 1.3 millón de ellos directos al bolsillo de la periodista. ¿Por qué tanto interés? Porque Trierweiler deja entrar a todos hasta la habitación del presidente, contando detalles íntimos que no lo dejan muy bien parado y en realidad, a ella tampoco. 300 páginas en que una mujer herida no duda en hundir al que fuera su pareja durante nueve años y trata de lavar su imagen como primera dama humanitaria.

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A través del relato de una traición, va dibujando un retrato devastador de François Hollande. La narración comienza el jueves 9 de enero de 2014, la víspera de la salida a quioscos de la revista Closer, que reveló la relación del jefe de Estado con la actriz Julie Gayet. Valérie está sentada sobre la cama con François. Ella ya le había pedido explicaciones en marzo de 2013, por el rumor de una relación amorosa del presidente. Entonces ella lo instó: “Jura por mi hijo que es falso y no te molesto más”. El juró. Pero casi un año después ella estaba ahí cuestionándolo de nuevo: “¿Entonces?, pregunta ella. —Es verdad, admite Hollande. —¿Es verdad? ¿te acuestas con esta chica? —Sí, confiesa él apoyado en su antebrazo. Estamos bastante cerca uno del otro en esta gran cama. No logro atraer su mirada, que se esconde”, escribe la periodista. 

Trierweiler lleva al lector a sus propios cuestionamientos: saber cómo, por qué  y desde cuándo el idilio se entabló. Ella se dice incluso dispuesta a perdonarlo y “recomenzar sobre otras bases. No estoy preparada a perderte”, escribe. Pero Hollande ya parece haber decidido y le dice: “No lo lograremos, tú no podrás perdonarme nunca”.

Ella sigue hablando de las mentiras del presidente y de cómo éste pasa de decir que era una relación de un mes a confesar que lleva casi un año con su amante. El tiene que partir, el deber lo llama. De regreso, tenemos derecho como lectores al verdadero drama, a la gran tragedia, con ella como principal actriz: “Lo sorprendo de rodillas sobre la cama. Se toma la cabeza entre las manos. Está en estado de sideración: —¿Cómo vamos a hacer?”, dice él (…). Es a la mañana siguiente, cuando Closer ya está en los quioscos, que Trierweiler abre un cajón, coge una pequeña bolsa de plástico que contiene somníferos. Hollande se la quita de las manos, las pastillas vuelan en la disputa, ella recoge un puñado que traga. “Quiero dormir, no quiero vivir las horas que vendrán”, grita. Al final de la mañana, recobra el sentido. Dos de sus mejores amigos están ahí al igual que dos médicos que recomiendan hospitalizarla. La historia fue parte de las portadas de todo el mundo, los titulares daban cuenta: la primera dama no habría soportado el dolor y la humillación. Ella se muestra profundamente herida, relata: “Fui lanzada en frente del mundo como nada. Tuve el reflejo de protegerme, pero estoy afectada para siempre”. También suelta la amargura acumulada. Dice haberlo apoyado cuando pocos apostaban por él como presidente. Sin embargo, cuando el ‘día de gloria’ llegó, ella se sintió “casi extranjera” y luego “ilegítima”. Esta última palabra ronda casi todo el texto, según ella el entorno del palacio se encargaba de que lo sintiera así y de mostrar a la prensa la imagen de una harpía histérica. 

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Mientras comparte con el lector las faltas de su pareja-presidente de la República, no duda en criticar a quienes lo rodean en el gobierno, hablando de “vivero viperino de la política”. Luego hace una especie de falso mea culpa cuando habla del famoso tweet: durante las elecciones legislativas en junio de 2012 contra Ségolène Royal, la madre de los cuatro hijos de Francois, entonces Valérie publicó un mensaje en apoyo al contrincante que le costó caro. Esta “falta de 139 letras” fue un acto de venganza. Porque la noche de la primera vuelta del escrutinio, Hollande se habría comprometido ante ella a no dar su apoyo públicamente a Royal. El presidente de “cinismo tranquilo” no mantuvo su palabra. Lo que atizó los celos de Trierweiler.

Esos celos, histeria y quizás odio hacia Royal, los muestra especialmente en el congreso de Rennes del Partido Socialista. “Siento en el sentido literal del término, este exceso emocional incontrolable: me es físicamente imposible verlos a los dos mano a mano sobre el escenario”, escribe.

Pero uno de los ataques más violentos y que más ha dado que hablar es el referido a sus orígenes. Nacida en un medio modesto y habiendo crecido en una ZUP (Zona a urbanizar en prioridad) en el norte de Angers, hija de un inválido de guerra y de una cajera con cinco hijos, dice haber sido apodada por el presidente como Cenicienta o Cosette. Es ahí que lanza sus dardos: “Nuestra diferencia social es flagrante”. Ella pretende también hacerlo descubrir la “realidad cotidiana” de aquellos que tienen fines de mes difícil mientras que él solo prueba las papas si provienen de Noirmoutier y rechaza tocar una carne al vacío. Y lo remata luego, con la que sería su gran mentira: “El se presentó como el hombre que no quiere a los ricos. En realidad, el presidente no quiere a los pobres. El, el hombre de izquierda, dice en privado ‘los sin dientes’, muy orgulloso de su humor”, relata.

Para contrastar, no pierde oportunidad de mostrar que ella, gracias a su pasado como primera dama, se comprometió realmente con los más necesitados, llenando páginas con historias sobre gente de países pobres a los que logró ayudar y que hasta hoy lo humanitario es lo suyo.

Finalmente y para no quedar tan mal, luego de contar la intimidad de pareja, dice que tras la ruptura oficial con el presidente, que fue anunciada a través de un breve comunicado de prensa de France-Presse, ellos se habrían vuelto a ver a pedido del presidente varias veces. Asegura haber sido “acosada” de mensajes de texto, siempre pidiéndole una nueva chance. Ella ya no cree en él: “No volveré”, sentencia.

Es en esos días que Valérie termina este libro, que comenzó a escribir como una fría y calculada venganza tras su humillante salida del Elíseo. 

Todos esperaban lo que iba a decir el presidente. Primero hizo una pequeña declaración en medio de la cumbre de la OTAN, para luego dar una entrevista a Le Nouvel Observateur. El periodista describió a un François Hollande grave, afectado y conmocionado: “Este ataque sobre los pobres, los despojados, yo lo viví como un golpe dado a mi vida entera. (…) En todas mis funciones, en todos mis mandatos, pensé solo en ayudar, a representar a aquellos que sufren. Nunca he estado del lado de los poderosos, tampoco soy su enemigo, pero sé de donde vengo”, señaló. Al final reconoció que nada será como antes, que la borrasca lo sacudió, pero que aún está de pie: “lo que vivo en este momento no es agradable, pero ¿qué quiere usted? Que vaya a llorar por mi suerte delante de los franceses, que yo lloriquee? No soy demagogo, ni actor. Los franceses esperan otra cosa de mí. Ellos quieren resultados. Mi estado de ánimo no les interesa. Tienen razón. Quiero quedarme en la autenticidad de lo que soy. Nunca hice trampa, nunca busqué hacer creer que yo era otro de lo que soy” (…)

Las críticas llovieron sobre Hollande y su supuesta falsedad, pero también sobre una mujer que habría aprovechado de su estatus para lanzar su revancha. Además, para muchos este ataque no sólo se dirigió hacia el presidente, sino que sería una amenaza al espíritu cívico y las instituciones republicanas. Como lo explica el director de Le Nouvel Observateur, Renaud Dély, en una editorial dedicada al tema: “una revelación de su vida privada podría justificarse solo si ella demuestra potenciales actos delictuales, o si este comportamiento en la intimidad perturba la gestión de los asuntos públicos.  Al participar en la demolición del presidente y destruyéndose ella misma, Trierweiler realza aún más su imagen de antigua rival. Movida por la venganza y la ira de ser engañada, la mujer herida. ¿Lo estaba menos cuando era la amante de Hollande?, quien a inicios de su relación aún estaba con Ségolène Royal, la que no reaccionó públicamente. Quizás un jugoso contrato editorial de varios miles de euros justifica cada palabra de esta venganza-súper ventas.