Una niña toca el timbre de un departamento. Aparece un hombre de mediana edad que nunca ha visto antes. Ella le dice, sin ningún tipo de eufemismo, que es su hija. A partir de entonces, ambos personajes comenzarán una vida de padre e hija que no se esperaban ni que planeaban, pero que demuestra ser precisamente lo que les faltaba para alcanzar algo parecido a la felicidad.

De esto se trata Ser feliz era esto, el nuevo trabajo del argentino Eduardo Sacheri, quien alcanzó la fama luego de que su novela La pregunta de sus ojos fuera llevada al cine por Juan José Campanella. ¿El resultado? El secreto de sus ojos le trajo a los trasandinos el segundo Oscar a mejor película y de paso, destacó el nombre de Sacheri de entre otros escritores argentinos.

Su coqueteo con el cine no terminó ahí. Junto a Campanella, Sacheri también adaptó el guión de la película animada Metegol y recientemente terminó el rodaje de otro de sus libros convertidos en película: Papeles en el viento. Pero él dice que no se deja embobar por el constante coqueteo que tiene con el cine, “porque temo que me condicione y que mis novelas resulten artificiales”. Lejos de aquello, lo que hay en la narrativa de Sacheri, sea una historia monumental o una más pequeña, es un indicio del argentino promedio. 

Wp-ser-feliz-era-esto-450

Ser feliz era esto es sobre el encuentro de una hija con su padre, pero es también un cuestionamiento de los roles y de los proyectos de vida que deberían hacernos felices pero que terminan volviéndose una imposición o una máscara. Lucas, el protagonista, es un escritor que sólo ha publicado dos libros en quince años. Con la llegada de su hija descubrirá que ese papel que en algún momento le quedó bien no calza con la persona que quiere ser. De hecho, nada a su alrededor parece ser construcción suya, salvo la hija que llega y de la que no sabía. Lucas tiene la llave para lograr el éxito, pero se dará cuenta de que el éxito no es lo que necesita, menos si las ideas sobre lo que debería ser el éxito vienen de quienes lo rodean antes que de él.

Sacheri ha dicho que escribe para sentirse mejor. Su personaje hizo lo mismo. Escribió para explicarse algunas cosas, para cerrar episodios, para relatarse la historia de amor fallida con la madre de su hija. Y finalmente eso es la literatura, historias que se dirigen al resto, pero que los escritores se cuentan principalmente a ellos mismos. A veces se hace necesario cuestionarse los proyectos de vida, las decisiones. Ponerlas sobre un papel y evaluar qué tan bien queda una historia, o qué camino puede conducir o, al menos, acercarse a la felicidad.