Pasaron 18 años desde que Marco Antonio de la Parra (66) y Enrique Cote Evans (65) agitaron el panorama literario con La sexualidad secreta de los hombres (Grijalbo). El libro —un recorrido por los avatares sexuales del chileno—, surgió en respuesta a La sexualidad secreta de las mujeres, que habían publicado Patricia Politzer y Eugenia Weinstein, en 1999, y que, según De la Parra y Evans, “mostraba a un hombre frío, desconectado, ignorante”, que ellos querían reivindicar, porque “hay elementos que tienen que ver con la ternura, que a los hombres también nos preocupan”.

La sexualidad secreta de los hombres —cuyo éxito fue seguido de una obra teatral que han visto más de 120 mil personas desde que se estrenó, en 2004, y que pronto tendrá una versión mexicana— es uno de los temas que han marcado los 30 años de CARAS. Reunimos a sus conocidos autores —uno, siquiatra y dramaturgo; el otro, abogado y comunicador— en el lounge del Hotel Cumbres Lastarria, para repasar las páginas que escribieron juntos, y hablar de los chilenos y el sexo.

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—La guerra de los sexos marcó al siglo XX. ¿Cuál es el gran tema sexual del siglo XXI?

—Marco Antonio de la Parra (MA): No sé si hay un gran tema. Hay varios cambios radicales después de internet 2.0, entre ellos, el cibersexo, las citas vía Tinder. La tecnología ha cambiado el cómo nos relacionamos: comienzan a descubrirse más adulterios a través de las redes sociales que en la vida real; la pornografía se difunde alegremente. Las relaciones son más rápidas y aun así hay una nostalgia del cortejo y hasta de las relaciones estables.

—Enrique Evans (EE): Precisamente, cuando pasan estas cosas se valora lo más escaso: el erotismo, la seducción. Yo creo que el gran tema del siglo XXI es cuál es mi sexo: gente que sincera su identidad, que ha vivido 58 años siendo Carlos y ahora cuenta que es Carla y reclama eso en su documento de identidad.

—A propósito de identidad. ¿Cómo somos los chilenos en la cama?

—MA: Las cosas ahí no han variado mucho. Uno sigue encontrándose con los mismos problemas: la eyaculación precoz, la ansiedad masculina; la dificultad de sentirse querida en el caso de la mujer. Dentro de lo que ha cambiado, hay una mujer más liberal y un hombre más asustado, porque piropear cuesta una acusación de acoso o abuso sexual en estos momentos.

—EE: Hay una mujer más desinhibida, que no está dispuesta a aceptar cualquier paste. La antropología del Superman, del tipo que tenía que responder a toda hora y en todo lugar, se fue a la cresta. El macho alfa está en crisis.

—¿Hay un tema con el rol que juega el hombre?

—EE: Absolutamente. Yo, sin tener experiencia clínica sino que de camarín, escucho cosas como: “¿Qué hago con esta mujer? Pero si ella era de colegio de monjas. Y ahora me exige y yo no sé si puedo responder”.

—MA: Si lo llevamos a la identificación masculina con el fútbol, que tiene esta cosa penetrante del gol, hoy nuestra selección masculina está eliminada de un mundial y la femenina quedó clasificada. Eso dice muchas cosas.

—Cote dijo hace unos años que Chile era mal educado y básico en el erotismo. ¿Es así hoy?

—MA: Antes había más culpa con respecto al despertar sexual. Ahora, con internet, es un despertar temprano y extraño…

—EE: Ahora hay chiquillas de 14 que toman la iniciativa. A mí no me sorprende, pero creo que las cosas no han cambiado para bien. Yo no veo un país más erótico, más sexy. Es fuerte el tema del éxito, porque también hay que ser exitoso en la cama y si alguien siente que no es un potro, le genera una angustia feroz…

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—¿Por dónde viene lo novedoso?

—MA: Uno ve parejas jóvenes a las que les cuesta disfrutar del erotismo y en vez de hacer un mundo distinto, tienen los mismos problemas de siempre. La novedad se encuentra en la longevidad, en personas que descubren un mundo erótico después de los 40, 50, 60, 70. —EE: Uno de los viejos de 75 con que juego al fútbol, y que corre más rápido que yo, me decía que el sexo es más divertido a su edad, porque: “ya nos miramos piluchos y nos empezamos a reír”. Es una cuestión de complicidad.

—¿Hace falta hablar de sexo en Chile?

—MA: De todas maneras. Me voy a poner más cursi: creo que hace falta hablar de amor. Lo que más se sufre de adolescente, es lo que pasa: no sabe si está enamorado o no. Además, la información de sexo duro que tienen los jóvenes es abrumadora, pero nadie les explica qué es el amor; no hay educación amorosa en los colegios. Y luego está el VIH, que acá es altísimo, por temas como la promiscuidad, que tiene que ver con una frase que repiten las chicas cuando han tomado: “Me borré”.

—EE: Como nunca antes se producen relaciones por estar “borradas”. Y no saben si fueron uno o si fueron dos.

—¿Qué quieren las mujeres ahora?

—MA: Un partner, un cómplice y resulta que el hombre está jugando play station. La queja de los millennials es que el compromiso se evita, entonces no hay una sexualidad de conocerse, de amarse.

—EE: Yo creo que el hombre acompaña más que antes, pero mucho menos de lo que la mujer quisiera. Los grupos de amigas que viajan se han multiplicado. Cada vez es más difícil ver hombres saliendo solos. El hombre dice: “no puedo, me tengo que quedar con los niños”.

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—¿El “tenemos que hablar” sigue siendo amenazador para los hombres?

—MA: Es terrible, porque es instalar en el lenguaje lo que está sucediendo. Hay otra cosa: el hombre se desespera al ver llorar a una mujer, no sabe qué hacer. Son pocos los que pueden contener.

—EE: Los hombres somos malos para dar a conocer las emociones. Hace 45 años que juego con el mismo equipo de fútbol. Nunca hemos conversado de algo que le afecte emocionalmente a alguno.

— ¿El libro le sigue hablando a la sociedad actual?

—MA: Tiene algo deliciosamente pasado de moda: una ligazón muy fuerte entre lo amoroso y lo sexual. Profundizar la relación erótica es el gran tratamiento de las disfunciones sexuales. Cuando una pareja es capaz de tener intimidad emocional, está instalado lo amoroso y ahí los dos tienen que ser capaces de mostrarse débiles, en este mundo de triunfadores. El texto está lleno de consejos, en ese sentido.

—EE: Es un libro en que, como hombres, nos reímos de nosotros mismos. Y eso es importante.

—MA: Sí. El humor es fundamental en todas partes, también en la cama, Todo seductor sabe que si hace reír a alguien, tiene la cancha ganada.