El peligro de una sola historia, dice Chimamanda Ngozi Adichie, es que “muestra a las personas como una cosa, y una sola cosa, una y otra vez y en eso se convertirán”.  Adichie nació en Nigeria hace 36 años, y ya tiene tres novelas que han logrado penetrar el mundo occidental blanco. La última de ellas, Americanah (2013), próxima a publicarse en Chile, fue elegida como uno de los diez mejores libros del año por The New York Times. El nombre ironiza el apelativo despectivo que reciben los nigerianos que vuelven a su país luego de haber emigrado a Estados Unidos. Ifemelu, la protagonista, abandona su tierra y a su amor adolescente por ir a estudiar al país de las libertades. Ahí debe construir su identidad marcada por ser mujer, por ser negra y por ser ya no una descendiente africana en América, sino una africana emigrada a un país donde por primera vez su color de piel y su pelo rizado es un tema. Un relato que recoge la experiencia de la escritora, quien enfrentó la extrañeza de su compañera de cuarto en la universidad. Ella no podía creer que una mujer nigeriana hablara bien el inglés, supiera cómo manejar una estufa o fuera fanática de Mariah Carey.

La literatura de Chimamanda Ngozi Adichie busca dar un lugar a las mujeres nigerianas fuera del estereotipo de la pobreza, del Sida y de la necesidad de que venga el salvador blanco a mostrarles el mundo. Adichie, por su resonancia en el panorama literario anglosajón se ha convertido en una vocera de la diferencia. Otro de sus discursos en la plataforma TED titulado “Todos deberíamos ser feministas”, fue sampleado por Beyoncé en una de las canciones de su último disco, donde la voz de Chimamanda define a un feminista como una persona que cree en la igualdad política, económica y social de los sexos. Lejos de cuestionar a la artista, Adichie celebró que se hablara de feminismo a niveles masivos. Porque ese es su interés, posicionar discursos diversos en un panorama donde una visión blanca y heteropatriarcal ha levantado demasiados relatos sobre continentes empobrecidos con personas incapaces de hablar por sí mismas. Esos son los discursos únicos, los que nacen del poder económico que otorga a su vez la capacidad de contar no sólo la historia propia, sino la del resto. Cuando una estudiante en una charla universitaria le comenta que es una lástima que los hombres nigerianos sean agresores como uno de los personajes de su novela, ella responde que acaba de leer American Psycho, y que lamenta que los jóvenes norteamericanos sean asesinos en serie. Una sinceridad y sencillez en un discurso que se escucha y se lee fuerte.