Cormoran Strike es un veterano inglés de Afganistán con media pierna menos. Hoy cojea y resuelve casos como detective privado. Se mueve por el Londres del siglo XXI igual como todos los detectives: sigiloso, solitario, siempre en el margen de lo legal y lo ilegal. Heredero del Sherlock Holmes de Conan Doyle, Strike aparece en la segunda novela de su saga, El gusano de seda, con cierta fama luego de resolver el asesinato de una supermodelo en El canto del cuco. Una fama que en su mayoría lo tiene espiando a esposas de maridos celosos hasta que, como es tradición, llega una misteriosa mujer a su despacho a presentarle el caso que inicia el libro: la desaparición de un novelista.

La superventas J.K. Rowling escribió bajo el seudónimo de Robert Galbraith para presentar su nueva saga. De esta manera, buscó desligarse del peso que tiene ser la creadora de Harry Potter, aunque poco después de lanzada se filtró la verdadera identidad de Galbraith, salvando así a El canto del cuco de integrar la larga lista de libros que año a año pasan al olvido.

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En su segunda novela, Rowling se sitúa en el mundo editorial para plantar las intrigas. Y en la que será su segunda saga de siete libros, elige a un detective como su protagonista. Un hombre que es como la ciudad por la que se mueve: mutilado por la ya larga guerra que Occidente pelea con Oriente. Desconfiado, frío. Pasando siempre por lugares emblemáticos de una ciudad de postal. Un personaje que, como otros, decide vivir esa urbe alejado de la primera línea.

El arquetipo del detective se presenta como uno de los favoritos de los escritores. Paul Auster se consagró a ello con La Trilogía de Nueva York, y Roberto Bolaño les dio ese título a sus poetas real visceralistas, diciendo en alguna entrevista que todos son o asesinos o detectives, como si fueran dos formas de habitar las historias. Strike es ese nuevo detective inglés una y otra vez reinventado por una ciudad que necesita de un héroe. En Chile, el referente es el detective Heredia de Ramón Díaz Eterovic, quien parte su saga en su oficina ubicada en el Santiago de 1987. Pasa los días en bares del centro. Entiende que la única justicia es la que se logra con las manos. Las glorias a alcanzar, ninguna. Dice que él, como la ciudad, está solo. Y no deja de repetir que la ciudad está triste. Porque los detectives son como las ciudades y son también los héroes trágicos que pelean con ese mal que genera cada ciudad, y que como ellos, nunca puede extirparse de forma definitiva.