Una delgada línea divide la cordura de la locura.Y la norteamericana Amy Michael (A. M.) Homes juega en la cuerda floja. Sus personajes se adentran en territorios oscuros pero sin perder por completo la civilidad. Esta siempre vuelve como un recordatorio, como una guía para vivir en sociedad.

En su última novela, Ojalá nos perdonen, galardonada con el Women’s prize for Fiction en el Reino Unido, la caída del mundo que presencia Harry Silver, un profesor de historia experto en Nixon, descontrolado y destructivo. De hecho, eso es lo que ocurre: su hermano, George, protagoniza un accidente automovilístico que acaba con una familia. De ahí en adelante, Harry se abandona a sí mismo por hacerse cargo de la tragedia, pero aquí surge una pregunta: ¿Es el abandono a uno mismo la verdadera tragedia? Lo sea o no, lo que provoca es la pérdida de los personajes en parajes extraños. En el caso de George, su abandono es hacia la locura; en el caso de su hermano Harry, el abandono es hacia sí mismo, a la vida que ha construido hasta que ocurre el desastre.

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Homes plantea preguntas incómodas. ¿Qué tan estable es lo que creemos estable? ¿Qué tan infalible es nuestro centro? La respuesta que ofrece no es la que queremos escuchar: que somos inconmovibles, que hay un algo sujetándonos, evitando que nos volvamos locos o animales. “Lo que estoy haciendo, que incomoda a algunas personas, es plantear las cosas que no queremos decir en voz alta”, explica Homes en una entrevista. Las ficciones no son otra cosa que el planteamiento de realidades posibles. Y lo que hace Homes es hablar desde el peor escenario posible.

Cuando nos enfrentamos a este tipo de libros, queda en el aire la pregunta por la sordidez. Tras los eventos que provocan una risa extraña, no tanto por lo gracioso sino por lo terrible, ¿hay sólo un afán de causar efecto de una manera impactante, es decir, fácil? Más allá de eso, Ojalá nos perdonen llega como  la “gran novela norteamericana”. Y de serlo, el sombrero queda puesto de manera irónica. La gran novela norteamericana carece de valores, de moral. Es un derrumbe de sueños. Homes sostiene: “No fue dicho como un juicio crítico, ‘oh, esta es una gran novela americana’, sino que grande como en expansión, y de gran alcance, así que en ese sentido, absolutamente, mucho, pienso en mí, positiva y negativamente, como una escritora muy americana”.