Gay Talese ya tenía un nombre en el mundo del periodismo antes de dedicarse a escribir libros. El periodista dio con el retrato más fiel de Frank Sinatra sin llegar a cruzar palabra con él en el memorable perfil “Sinatra está resfriado”. Fue un referente de periodismo literario con sus artículos en The New York Times, New Yorker  y en la revista Esquire, y además es una cita obligada cuando se habla del periodismo literario. Porque lo suyo, si hubiera algo así como talentos innatos, es el saber identificar las historias, o saber conjugar los hechos de manera que operen con el interés que genera el drama.

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Los hijos, libro publicado en 1992 y que hoy llega en español, se inscribe en la no ficción, pero funciona como una novela. El periodista deja de perseguir las grandes historias para relatar la de su propia familia, la familia Talese, que emigra desde Italia a Estados Unidos en un momento de la historia que impactaría al mundo. Dos guerras mundiales aguardaban a los hombres que dejaban su tierra natal para ganar dinero en el país que entonces se perfilaba como el de las oportunidades. La sociedad experimentaría un cambio que hoy se lee acelerado, pero que fue progresivo en las vidas de quienes lo protagonizaron. Las mujeres que salían de sus casas, los hombres que se enfrentaban a la opción de elegir las variantes que configurarían sus vidas. La biografía de una familia, en este caso, opera como la historia de cientos de personas, y eso bien lo entiende Talese, quien desde lo íntimo busca dar con el retrato de la migración italiana de comienzos del siglo XX. Y con eso, no hablar sólo de cómo el curso de la historia cambió a las personas, sino de cómo éstas terminaron forjándola. 

Para narrar, Talese se para en la difusa línea que separa la escritura literaria de la periodística, pero si se lee con detención, no es tan difícil ubicarlo en el lado del oficio que lo hizo famoso. Talese deja de lado las fantasías para ubicarse del lado de los hechos y su reconstrucción. No es casual que Los hijos incluya una bibliografía donde pueden consultarse algunos de los episodios retratados en la novela. Si las frases bien armadas están al servicio de los hechos, entonces hablamos de periodismo. En la literatura, son los “hechos” los que deben estar al servicio del lenguaje. Por eso cuando los periodistas, tan acostumbrados a ajustarse a los límites de lo ocurrido, se enfrentan a la escritura deben preguntarse ¿cuál es el fin?