No es fácil conseguir una entrevista con Germán Garmendia, el ícono juvenil y probablemente el chileno más famoso en el mundo aunque aquí algunos recién hayan escuchado hablar de él. Sin embargo, en los últimos años la figura delgada e histriónica de este joven de 27 años se ha transformado en el delirio de millones de preadolescentes que cada semana no se pierden la última entrega del segundo youtuber más seguido del mundo y el primero de habla hispana con, lea bien, 27 millones de suscriptores, algo así como el doble de la población nacional y ganancias por reproducciones que alcanzarían el millón de dólares, según medios estadounidenses.

“Hemos hecho estudios entre niños de 7 a 12 años (el público duro que lo sigue a través de sus dos canales: #HolaSoyGermán y #GermánJuega, este último con 13 millones de seguidores) y él es lejos la figura que más reconocen. ¿Sabes cuál es el segundo? Leo DiCaprio, con un porcentaje de identificación varias veces menor”, asegura su manager, el mexicano Leonardo De la O, el mismo que previo a la entrevista deja claras las reglas: “Germán no habla de su vida privada (padres, familia, etc.), de otros youtubers y de dinero”, nos advierten en la editorial Penguin Random House, la que acaba de publicar el primer libro de Germán Garmendia a nivel hispano.

Estamos en la azotea del Hotel Singular entre un enjambre de periodistas, camarógrafos, productores y fotógrafos, todos tras la imagen del multimediático Germán; cada uno espera su turno para entrevistarlo, para que pose ante el lente, para hacerse luego alguna selfie o derechamente pedirle un video para alguno de sus hijos. “No hay problema”, dice con amabilidad el autor de frases como “un abrazo sicológico”, con la que despide cada una de sus entregas. O la que a estas alturas se ha convertido en una especie de código entre sus seguidores teen: “Chupa el perro” —algo así como “jódete”—, que da título al libro y la razón que lo tiene de gira por Latinoamérica, ahora en esta rueda de prensa en la que no se detendrá ni para almorzar. Es el precio que debe pagar luego de 170 mil copias vendidas en España, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Uruguay, sólo en las dos primeras semanas. En Chile la tirada inicial fue de 30 mil ejemplares —más que Isabel Allende— y hubo que reimprimir otros 20 mil antes de la primera semana.

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Para la Feria del Libro de Bogotá, Germán Garmendia estuvo 12 horas firmando ejemplares sin parar, lo que terminó con el youtuber atendido de urgencia con un cuadro de asfixia. Mientras que en el encuentro literario más importante de Buenos Aires, el colapso fue tal que opacó al mismísimo Mario Vargas Llosa.
En Chile, para evitar el caos, la editorial contrató a una productora de conciertos para organizar —a través de la inscripción en la web y la emisión de tickets electrónicos— su encuentro con los fans en el Teatro La Cúpula del Parque Forestal, el sábado 14 de mayo. Garmendia firmó sin parar durante diez horas ante una fila de tres mil personas.

El encuentro estaba programado para las 10.30 pero niños y adolescentes comenzaron a llegar desde las siete de la mañana, emocionados y ansiosos. “Acabo de conocer a mi ídolo, es la persona que me ayudó cuando me sentía mal, no lo puedo creer todavía”, señalaba entre lágrimas una de sus fanáticas.

Cuesta imaginar cómo un joven como él ha llegado tan lejos. A primera vista no tiene nada particular: no es especialmente guapo, ni súper carismático ni mucho menos una lumbrera, pero tampoco es tonto. “El éxito de Germán Garmendia se basa en su profesionalismo, humor y dedicación hacia sus fans”, afirma el manager. Y Macarena Figueroa, editora del área infantil y juvenil de Penguin Random House, apunta: “Ha logrado un nivel de identificación muy grande; su humor es transversal y está muy conectado con los jóvenes, con cómo viven y se relacionan con sus padres”.

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Su libro ha sido catalogado como “autoayuda para preadolescentes”, un compendio de tips que van desde cómo hacer frente a momentos complicados, desde una ruptura amorosa o un cambio de casa.
Tardó un mes en escribir. No le gustó la entrega del ghostwriter que le propuso la editorial. “Soy controlador, me gusta involucrarme en todo”, explica.
Germán exprime su fama al punto que aparte de su libro anuncia que será la voz del mamut Julián, en La era del hielo 5; y que además debutará en el cine como autor y protagonista de una película junto a una productora rusa, donde es el autor de la idea central. No es todo: junto a su hermano mayor acaba de editar un disco de rock, una de sus máximas pasiones. Ancud, se llama la banda y para ello evoca los viajes que de pequeños hicieron con su mamá para superar juntos la muerte del padre en un accidente automovilístico. Germán tenía sólo tres años y, su hermano mayor, seis al momento de la tragedia, pero dice que no piensa en su papá, que estaba muy chico, que en su registro mental no hay recuerdos. “Cuando me preguntan qué se siente no tener padre, digo: ¿qué se siente no tener una jirafa? Ninguno de los dos sabe cómo es; cuando no tienes recuerdos, no hay sentimientos. Yo tuve una madre y padre, que es mi mamá, y le agradezco todo a ella”.

Para superar la tragedia, ella los llevó de viaje por Chile. “Fuimos a pequeños pueblos, con muy poca plata. Lo más al sur que llegamos fue a Ancud”.
Hoy el lugar es objeto de una serie de manifestaciones de parte de los pescadoresque exigen medidas para enfrentar la marea roja. “Sí, eso escuché. Pero no estoy muy al tanto de las noticias. Estuve todo el tiempo fuera y ahora que llegué no he tenido un momento ni para respirar”.

El youtuber más influyente no está conectado. Cuando se le pregunta por Michelle Bachelet responde: “No, no estoy muy metido en eso. Como te dije, he estado mucho tiempo afuera, así que mis visiones son muy externas, como la de un latinoamericano más”.

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Aunque sí se siente calificado para hacer comparaciones con otros países, después de varios años viviendo primero en México y luego en Los Angeles, lo que cimentó su fama de estrella. Ahora ya está definitivamente de vuelta, hace ya dos meses. “Me gusta Chile. O sea, en otros países he pagado cerca de un millón de pesos en sobornos. No puedo decir dónde ni en qué contexto porque no quiero hablar mal de nadie… Pero en Chile y acá una luz roja significa luz roja, no se puede manejar sin licencia, y eso que acá es obvio, en otros lados no lo es tanto. Chile está bien, obvio que tiene que seguir mejorando pero ¡hey!, no estamos tan mal como otros lo pintan y que insisten en hablar cosas negativas; somos muy pocos los que decimos que estamos bien”, dice en referencia a otros youtubers.

Trabajólico, se arrepiente de no haber cuidado su salud, que durante mucho tiempo se pasó más de 20 horas sin dormir hasta que estaba arriba su nuevo video.
—En Buenos Aires y Bogotá opacaste a figuras como Vargas Llosa. Hoy se especula si lo que hacen los youtubers es o no cultura. ¿Cómo te sientes en medio de esta discusión?
—Me hago al margen, aunque comprendo el conflicto: la Feria del Libro de Bogotá, que es muy antigua, nunca se había cerrado a causa de un autor, pero aquí la entrada quedó clausurada a las once de la mañana; no había cupo y las personas que iban a ver a otros escritores no pudieron entrar, entonces entiendo el disgusto, obvio.
Acostumbrado a recibir críticas, Garmendia ya no se complica. “Cuando alguien te juzga, ¿realmente vas a tomar en serio su opinión? Yo no, no tanto”, dice sobre los ataques ante la, según algunos, inexplicable fama. El se defiende: “Cuando empecé a crecer en YouTube muchos se molestaron y decían por qué él y yo no. Me han matado como diez veces. Ha salido en las noticias y todo”.

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Lo han tildado de creído, de divo porque durante años rechazó dar entrevistas. “Pero no quería que se me subieran los humos a la cabeza. Ahora creo que maduré, nadie va a cambiar mi forma de ser, aunque me pongan en una alfombra roja”. Y asegura que continúa fiel a sus amigos de siempre, a los que conoció en Copiapó y Los Vilos, donde pasó su infancia. “Pueden llegar trescientas personas y decirte “hola, somos tus nuevos amigos”, pero yo tengo dos, tres y ya.  Han aparecido un montón de primos terceros, de gente que quiere estar conmigo o que me ofrece contratos. Pero hay que mantener los pies en la tierra. Tengo mi canal, estoy creciendo y trabajando para ganarme un lugar, pero yo sé lo que soy: una persona normal”.

—Dejaste Los Angeles y hace dos meses volviste a vivir en Chile. ¿Qué te llevó a tomar la decisión?
—Extrañaba las cosas normales, las formas de las calles, el pan en la mañana. Unos amigos fueron a verme a México y les pedí ‘por favor tráiganme una cajita de té, un tecito Supremo, baratito nomás; extrañaba esos pequeños detalles. Por eso quiero quedarme un tiempo acá y salir a pasear… O sea, a trabajar de aquí para allá, pero siempre tener mi casa, mi hogar acá.