El primer mito que se propone a derribar El tigre en la casa, una historia cultural del gato de Carl van Vechten, fotógrafo y ensayista norteamericano de la primera mitad del siglo XX, es la supuesta enemistad entre gatos y perros. Esta dicotomía es, en su opinión, tan absurda como despreciar a un escritor solo por la preferencia de otro. Su invitación parece ser una ampliación del universo de interés que puede abrir la aparición del gato en la cultura durante el siglo XIX, dominada por Francia y Europa.

El libro, publicado por primera vez en 1920 y hoy editado por Hueders con una traducción de Andrea Palet, ofrece una caracterización del gato a partir de la apreciación personal del autor y de una larga lista de referencias (hay más de 600 libros en la bibliografía) que recogen lo que se ha dicho o escrito del gato en la poesía, la música, el folclor, el arte, el teatro y el ocultismo. Una verdadera enciclopedia felina con citas a autores y personajes como Buffon, Madame Michelet, Gautier, Sir Walter Scott, Mark Twain y Baudelaire, entre otros.

TAPA-FINAL---El-Tigre-En-La-Casa

Vechten entrega una serie de datos para el animal considerado por sus detractores como “taimado y falso, ladrón y malagradecido, cruel y veleidoso” y por sus amantes como “una criatura graciosa y elegante, digna y reservada”. Profundiza en la ailurofobia, nombre dado al miedo a los gatos, habla de la costumbre de comer gato y pasarlo por conejo y la veneración egipcia al felino que lo liga con las artes ocultistas. Félinophiles enragés es como se llama en Francia a sus adherentes, y desde esa vereda nos habla el autor, que escribe que “podemos dominar a los perros, pero a los gatos nunca, a no ser por la fuerza”, agregando que “no hay una sola cualidad del gato que el humano no pueda emular para su ventaja”.

El libro, que cuenta además con ilustraciones de Krystopher Woods, resulta en una extensa caracterización del gato que hacia el final revela su objetivo: sumar más adherentes a la causa felina. Y es también el ejemplo perfecto de aquellas producciones culturales que pueden apreciarse tanto por adultos como por niños, sean amantes de los gatos o no.