A lo largo de sus entrevistas, Eduardo Galeano siempre quiso desprenderse de la sombra que Las venas abiertas de América Latina lanzó sobre él. Hace un año, en una rueda de prensa en Brasilia, el uruguayo comentó que “no sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”.

Por un lado, el libro lo puso en el mapa de Latinoamérica, y al mismo tiempo, lo encasilló en el grupo de los escritores de izquierda. No es que Galeano no fuera un luchador social. No es que el uruguayo no fuera una voz que dijo basta a todas y cada una de las dictaduras de los ’70. Pero Galeano entregó su vida a las letras y, así como otros escritores de su generación, no hubo tema, no hubo injusticia de la que se negase a hablar.

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Con la muerte de Galeano, quien falleció por un cáncer que se tomó sus pulmones, sigue la desaparición de los escritores latinoamericanos de los ’70. Los artífices del boom, quienes pusieron al continente en el mapa de la intelectualidad. Pero Galeano, además de escribir un tratado político y económico sobre el continente, dedicó sus letras al fútbol, a la política, a la vida. Se refirió a cada uno de los temas del que le preguntaron alguna vez. En el último de sus libros se refirió a las mujeres, al feminismo, a la lucha contra el patriarcado. Incluso en los últimos años de su vida, se refirió a Colo Colo diciendo que debía ser un orgullo para el equipo el ser reconocido como “los indios”. Ese fue su papel, el de reafirmar aquello que nos hace latinoamericanos, mestizos, explotados. El hablar desde todos los espacios posibles, representando el ideal del hombre de izquierdas en una época donde decir lo que se pensaba era un privilegio de pocos.

Hoy los escritores son intelectuales cerrados, ensimismados. Poco y nada se refieren a las realidades que los conforman. La muerte de Eduardo Galeano sigue anunciando el final del siglo XX. Un siglo duro y lleno de sangre y fuego que todos quieren dejar atrás, pero que anunció muchos de los males que nos aquejan hasta hoy. Por eso los libros de Galeano son lecturas obligatorias hasta llegar al cliché: su prosa colorida es una muestra de lo mejor de las letras en español y por otro lado, el que el escritor haya elegido siempre estar del lado de los perdedores lo hace imprescindible para todos quienes no hemos dejado de perder.