Desnaturalizar la violencia y visibilizar la que se ejerce en contra de las mujeres y las niñas, es el foco que Iskra Pavez Soto, vuelve a abordar en “Mifragio”, su primer libro de cuentos, recientemente escrito por esta reconocida investigadora, doctora y magíster en sociología, autora también del ensayo testimonial “La niña liberada. Violencia sexual y poder (2015)”, además del libro de columnas de opinión “Notas sobre infancia, migración y género” (2017).

Su voz narrativa, tan característica por el tono certero y objetivo que utiliza, esta vez vuela y conecta con emociones y sensaciones que permiten al lector visualizar o más bien hacer un rastreo de escenarios y condiciones para reflexionar sobre el fenómeno de la violencia sexual en nuestra sociedad. Sus cuentos ponen en evidencia el abuso, maltrato y marginalidad de sus personajes, quienes enfrentan situaciones muy presentes pero silenciadas en nuestra cultura actual.

Cada una de sus historias nos entrega las herramientas necesarias para enfrentar el problema, hacer algo y ser capaces como personas y sociedad de levantarnos del palco presidencial. Porque la violencia sexual no tiene raza, sexo, ni nivel socioeconómico.

- Víctima de abuso sexual, Doctora y Magister en Sociología, Investigadora y Escritora. Iskra ¿Se puede concluir efectivamente que detrás de un hombre (mujer) abusador existe un niño (niña) abusado?

El determinismo respecto a que un abusador que haya sido víctima de violencia sexual durante su infancia sea, en el futuro, perpetrador de violencia sexual en contra de niñas y niños es un mito que está siendo cuestionado, tanto en los estudios académicos sobre el tema, como en las mismas experiencias de vida. Por ejemplo, visto desde otra perspectiva, existen muchos casos donde los abusadores no sufrieron de violencia sexual durante su infancia, sino, que puede solo responder a rasgos de personalidad y trastornos (como la psicopatía). Otro ejemplo, puede ser un hombre adulto abusador que no haya sufrido violencia sexual en su infancia, sino, solo tiene valores altamente machistas y patriarcales; entonces, ve el cuerpo femenino infantil como un objeto (y no a la niña como un sujeto) que está disponible solo para su deseo y placer.

En este sentido, el slogan de la Red Chilena contra la violencia hacia las mujeres así lo evidencia: “Un violador no es un enfermo, es un hijo sano del patriarcado”. Podríamos decir que un hombre abusador lleva a cabo hasta el extremo los ideales patriarcales. El cuento “Pechitos” del libro “Mifragio” habla sobre cómo un padre observa y evalúa el desarrollo corporal de su hija adolescente y cómo ella se resiste a eso; mientras que “Ríos de oxitocina” cuenta las contradicciones de un “machito”.

- ¿Existe un patrón establecido? ¿Por qué unos lo hacen y otros no? ¿A qué se debe a que algunas personas no repitan patrones de conducta?

Según la psicóloga Irene Intebi no existe un patrón establecido para determinar el perfil de un abusador. Ella ha atendido decenas de casos de violencia sexual en el Hospital de Buenos Aires y al revisar las fichas de los perpetradores, descubrió que no se podía hacer un perfil, porque existen abusadores jóvenes y viejos, pobres y ricos, altos y bajos, etc. Lo único común era que todos los abusadores desarrollaban relaciones abusivas (valga la redundancia) en el ejercicio del poder o la autoridad, pero se expresaban de diferentes formas. Las variables que inciden en que ciertos hombres desarrollen prácticas abusivas y otros no, son variadas y no se puede predecir su ocurrencia. Lo que sí podemos y debemos hacer es construir entornos familiares, escolares y barriales donde se respete de verdad y se acoja con seriedad a las niñas, los niños y las mujeres y no se les trate como objetos, sino como sujetos. Los cuentos “La marcha de los niños” y “La boca del lobo” son historias donde sus protagonistas infantiles luchan por ser tratados con respeto y acogida.

- ¿Por qué saltas de una redacción formal e investigativa a un ensayo y luego a un libro de cuentos? ¿Qué busca Iskra como “escritora”?

Mis áreas de investigación, mis publicaciones científicas y mis libros son distintas caras de una misma moneda: mis obsesiones, que están íntimamente vinculadas con mi propia historia de vida y mis valores. Siempre me ha interesado reflexionar sobre las situaciones de exclusión o abandono en que viven las niñas, los niños y las mujeres y cómo crean alguna forma de resistencia a eso. A este proceso yo le llamo “Mifragio” (título de un cuento y del libro), que consiste en sacar la propia voz y ejercer poder desde abajo y desde los márgenes, tal como se expresa en el cuento con el mismo título, ambientado en la lucha sufragista chilena. Por otro lado, cuentos como “El canal”, “El cono femenino” o “Tacones besados” muestran diferentes escenarios donde las mujeres excluidas (en términos materiales o simbólicos) despliegan estrategias de empoderamiento.

La escritura de los cuentos me ha permitido dejar la formalidad de las teorías y la calma del ensayo, para pasar a contar una historia donde las niñas, los jóvenes y las autoridades, por nombrar algunos personajes de mis cuentos, no se comportan como deberían, sino que se desbordan de lo establecido y hacen y dicen cosas que no deberían. Son historias con finales felices, inciertos, abiertos y alternativos a lo real, pero todas están inspiradas en hechos reales (autoficción). En los cuentos yo quiero tomar una posición abiertamente y provocarte para que tú, lectora, también tengas que tomar una posición, la que sea. Aprendí que eso se llama “voz narrativa”. Después que publiqué el libro “La niña liberada”, recibí varios mensajes de lectoras anónimas alabando mi libro, tanto por su contenido como por la forma en que está presentado (mezcla de testimonio y ensayo). Yo lo interpreté como una señal de que valoraban y querían leer esa “voz” y no otra. Es evidente que esa “voz” está en mis escritos académicos y en mis libros y siempre ha estado presente en mis cuentos, por eso me decidí a publicarlos. Es un continuo.

9cwb75xefb

- Cuáles han sido los hallazgos (si nos puede dar un adelanto) de este estudio “Múltiples violencias que afectan a las niñas y los niños migrantes en Chile: derechos, intervenciones sociales y políticas públicas”, que está realizando y es tan contingente al proceso migratorio que estamos experimentando como país.

Un hallazgo preliminar de mi estudio FONDECYT es que las niñas y las adolescentes migrantes de origen afroamericano están siendo víctimas de múltiples formas de violencia sexual en nuestro país. Por ejemplo, sufren constantemente del acoso callejero, lo más brutal es que esto no se considera violencia, está naturalizado. También padecen situaciones de abuso sexual dentro de sus propias familias y barrios. Por último, hemos encontrado casos en que son víctimas de redes nacionales e internacionales de explotación sexual. Lamentablemente, lo anterior confirma que las niñas migrantes de origen afroamericano sufren en mayor medida que otros grupos sociales de las jerarquías de poder, desigualdad y dominación. Además, es algo que está altamente invisibilizado en el debate público. El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo como tal. En cuentos como “La teoría del rechazo” o “Cielito” se pueden apreciar algunos elementos de este debate.

- Desde un punto de vista sociológico, ¿por qué las víctimas están hablando y escribiendo más del fenómeno de la violencia, abuso, maltrato? Como chilenos estamos preparados para “desnaturalizar la violencia”…

Actualmente en Chile y en el mundo entero las víctimas (en general, no solo de violencia sexual) estamos tomando la palabra a nivel público, lo que sociológicamente significa que estamos transformándonos en actoras sociales. Esto se puede observar en Chile en escritoras como Vinka Jackson y en los denunciantes de Karadima, por nombrar algunos casos y, a nivel global, en las actrices de Hollywood que impulsaron el movimiento #MeToo.

Históricamente, las ramas más clásicas de la psicología y la psiquiatría han patologizado a las víctimas, negándonos la legitimidad de nuestro discurso. Es cierto que la violencia sexual durante la infancia deja graves consecuencias psicológicas, pero esa es solo una dimensión del asunto. Las víctimas no solo somos seres sintomáticos. Parece increíble que tengamos que reivindicar nuestro derecho a la voz, el derecho a decir lo que vivimos, a denunciarlo y ser oídas con seriedad y acogida, pero también el derecho a reflexionar sobre lo que vivimos, a contar nuestra experiencia desde las diversas aristas y el derecho a emprender acciones para prevenirlo y que no ocurra nunca más. Las víctimas podemos aportar en los debates académicos y políticos sobre el tema de la violencia en general y de la sexual en particular. Pero para eso, las personas expertas también deben dejar de vernos solo como seres patologizados y traumatizados y deben comenzar a vernos como seres humanos integrales. Así, podremos dialogar desde el reconocimiento mutuo, porque todas hemos tenido experiencias de vida más o menos complejas, más o menos dolorosas y más o menos vergonzantes. Tal como dice Judith Butler, todas las humanas somos vulnerables por el solo hecho de estar vivas, porque podemos ser atacadas y dañadas. En el cuento “El ocaso de la bondad”, ambientado en torno al escándalo del Caso Caval, son justamente las mujeres, en su condición de madres y anónimas, quienes interrogan en términos éticos a la Presidenta, en su condición de madre y autoridad.

Iskra Pavez junto con Editorial Forja a mediados del mes de marzo presentará un libro de ensayos breves y columnas de opinión, titulado: “Notas sobre infancia, migración y género”.

Título: Mifragio.
Autora: Iskra Pavez Soto.
Editorial: Forja.
Nº de Páginas: 69.

 

Comentarios

comentarios