Santiago, Chile. Febrero 2015

Suena el timbre. Abro la puerta. Es el moto boy de caras.cl. Nos saludamos, firmo su bitácora de entregas y me pasa un sobre que me ha enviado Celine, mi editora. Cierro la puerta y mientras camino hacia la entrada de mi casa, analizo la esperada mercancía. ¿Con qué libro me sorprenderán esta vez?…¡Las señoras Hemingway de Naomi Wood! Y suspiro… Ay Señor Hemingway, nuevamente en mis manos…

La Habana. Cuba. Diciembre 2013

Llevo tan sólo dos días en la isla y una seguidilla de aventuras ya han marcado mi estadía. Chequeo mi listado de potenciales necesidades y compruebo por tercera vez, que efectivamente en mi mochila de viaje está todo. Incluso mi libro, “El Viejo y el Mar” dudo, lo saco de la mochila aunque finalmente lo vuelvo a echar ¡Señor Hemingway, nos vamos a la Habana!
Bajo al lobby del hotel y llega puntualmente el bus que me llevará de Varadero a la Habana.
¿Aurora Aro?
Si soy yo. ¡Hola!
¿De dónde eres?
De Chile.
¡Aurora de Chile!
Si como el primer diario. ¡La Aurora de Chile! ¿Y tu cómo te llamas?
Carlos.
- Hola Carlos. ¡Encantada! También soy periodista. Y le sonrió. Subo al bus. Recorro uno a uno los asientos. Saludo a mis compañeros de viaje y escojo uno individual de la segunda fila. ¡Se inicia la aventura! Después de una media hora en que Carlos se presenta y da algunas recomendaciones. Saco mi libro y empiezo a leer. Carlos voltea y me pregunta:
- ¿Ya habías estado en Cuba?
- No. Nunca. Esta es mi primera vez.
- ¿Y te gusta Hemingway?
- ¡Si me encanta! De hecho, tengo que ir al Floridita a tomarme un daiquiri con Hemingway… y le sonrío.
- ¿Una cita?
- ¡Así es! y sorprendido por la respuesta que despertó aún más su curiosidad al ver que sabía de la vida y obras del periodista y escritor norteamericano- no tardó en confesarme que el Floridita no era una parada “establecida” del City Tour. Noticia que desfiguró mi cara… ¡No puede ser! Le dije con pena. Y casi haciendo pucheros, le imploré ayuda: “Carlos tengo que ir al Floridita. Hemingway me está esperando”.
Estuvimos todo el día con mis compañeros de viaje recorriendo la Habana. Todos sabían ya de mi cita con el famoso escritor. La única duda era en qué minuto “La Aurora de Chile” iría a su encuentro.

Fue entonces cuando Carlos se acerca y me dice te puedo dar tan sólo 25 minutos. El Floridita está a cinco cuadras. Me da las indicaciones de cómo llegar y en cuanto termina, me lanzo en una carrera frenética, en la que también aprovecho de tomar fotos, esquivar motoristas, ciclistas y peatones. Corro tan rápido, que entro como un bólido a la cuna del daiquiri, fundada en 1817, con el nombre de la Piña de Plata.

El Floridita estaba lleno. La luz es tenue y cálida. El olor es agradable, dulzón. La música es sensual, envolvente y siguiendo el ritmo, me voy deslizando y abriendo camino hasta llegar a la barra. Ya instalada miro a ambos lados. No lo veo. Pido un daiquiri bien helado. Mientras el barman me lo prepara le pregunto su nombre.
Observo como Rubén va mezclando en la juguera uno a uno los ingredientes y le pregunto por las cantidades de este trago que tanto le gustaba a Ernest. Y lógicamente aprovecho de dar un vistazo. Pero no lo veo. Sin embargo, me detengo a analizar la elegante e impecable barra de madera de color rojo con ribetes negro. En el centro una pintura, que comparte protagonismo con un centenar de botellas de licor de todo tipo, unos ramos de uvas que cuelgan de una fuente y dos candelabros de pedestal en ambos costados. De repente, del otro extremo de la barra se reordena un grupo de turistas italianos y esta vez logro ver claramente lo que andaba buscando. Y alegremente le digo a Rubén:
- Es que no lo puedo creer mi amol…¡El señor Hemingway está en la barra!
- Rubén se ríe a carcajadas y me entrega mi daiquiri. Levanto la copa en señal de agradecimiento. Luego me acerco y le susurro ¿Es posible que me tome mi daiquiri al lado de Ernest?
- Pero claro mi amol. Hamingway hace maravillas en este lugar. Te ayudará con los italianos. Aunque tú no necesitas ayuda. Ambos nos reímos.
Fue así como tomé las doradas manos de Ernest, que estaban surcadas de cicatrices y curtidas por la vida del mar.

Santiago Chile Marzo 2015

Cierro el libro Las señoras Hemingway de Naomi Wood, una novela que se transforma en el testimonio de cada una de las esposas: Hadley, Fife, Martha y Mary que formaron parte de la vida de este caballero encantador y bastante carismático. Y es que Ernest ejercía un efecto sobre las mujeres. Su irresistible sonrisa y el poder de sus palabras eran un verdadero imán.
Ahora bien, lo destacable del libro es la osadía en la técnica de Wood que hace que el lector se instale en la historia y pueda disfrutar de una excelente trama. La autora investiga acuciosamente y se nutre de hechos reales de la Vida de Ernest Hemingway para entregar una visión que pone en el frente de batalla los méritos de una esposa en contraste con el resplandor de la amante. Asimismo, a través de su genial narrativa que es comparable a una máquina del tiempo, transporta al lector a acontecimientos, situaciones y emociones tan profundas que explicarían patrones de conducta de una singular familia. Sus tormentos, pensamientos e incluso deja el espacio para el humor. Los protagonistas en definitiva son liberados ya que existe la posibilidad para salirse del libreto. ¡Obliga a la gente a salirse del guión y sin duda conseguirás la verdadera historia!
Romance, emoción y mucha pasión definen a esta novela que está basada en las cuatro épocas de su vida y de su creación literaria. Sus 4 esposas. Las señoras Hemingway conectarán corazón y mente de este gran escritor.

¡Ay Ernest! ¿Por qué tenías que hacerle esto también a ellas? Y con un dejo de amargura, pienso que con él, nunca podía haber dos personas a la hora decisiva, siempre tenía que acabar en una partida a tres manos…

Libro: Las señoras Hemingway
Autora: Naomi Wood.
Editorial: Lumen.
Nº de páginas: 315
Precio: $14.000

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