Devoción (Lumen), la última entrega de Patti Smith, es un libro tríptico que mezcla el recorrido de la inspiración con su resultado: un diario de viaje sobre una breve visita laboral a París seguida de un cuento sobre una joven patinadora de Estonia. La primera parte, Cómo funciona la mente, registra los recorridos de Smith por París, una ciudad ya visitada: la autora vivió ahí con su hermana durante 1968.

Las fotos, las calles, y los libros que la acompañan, una monografía de la filósofa Simone Weil y Un pedigrí, del nobel francés Patrick Modiano, dan cuenta de los referentes y los mecanismos de inspiración de la autora. Esto sumado a la visión de una joven patinadora rusa en la televisión de uno de los hoteles donde se hospeda van armando Devoción, un cuento protagonizado por Eugenia, joven desarraigada quien dedica su tiempo a patinar sobre hielo, lo que la llevará a conocer a un hombre mayor que se convertirá en su amante y auspiciador. Ahí el patinaje será el abandono del lenguaje, descrito como “un idioma sin palabras, en el que la mente debe doblegarse ante el instinto”.

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El libro presenta el mismo juego de La novela luminosa de Mario Levrero: un libro cuyo prólogo ahonda en el proceso de escritura deshaciendo el mismo en nimiedades de la cotidianeidad y el aburrimiento. El ejemplo de Smith es más humilde pero idealizado: en su diario de viaje se lee una romantización de la escritura y la creación. El funcionamiento de una mente sensible que logra conectar con un espacio y un tiempo para producir un determinado escrito. Si bien la calidad del texto decrece desde el diario hasta el cuento, es interesante ver cómo Smith logra yuxtaponer la Francia de las luces con sus recorridos y referentes literarios a la de los migrantes con la historia de un personaje que reúne las contradicciones del exilio. El libro finaliza con Un sueño no es sueño, donde Smith retoma el registro del viaje y relata su visita a la casa de Albert Camus.

Ahí concluirá que: “Debemos escribir, pero con esfuerzos constantes y una pizca de sacrificio: para canalizar el futuro, para revivir la infancia y para poner las riendas a los disparates y los horrores de la imaginación”.