Miles de ideas bombardean mi cabeza. Sin embargo, no se cómo empezar. Persisto una y otra vez frente a la pantalla de mi computador escribiendo desde mi celda/pieza/habitación/calabozo/territorio las distintas frases, que rápidamente son eliminadas, porque no me parecen las indicadas para comentar, “Cinépatas” el último libro de Alberto Fuguet.

Para escribir me alejé del “mundanal ruido” y me fui a varios “no – lugares”, que especifica este periodista, escritor y cineasta chileno tales como: malls, Starbucks, o también podría ser el Mc Donald`s (no fui al aeropuerto ni tampoco al Holiday Inn SCL) aunque si debo reconocer que me  instalé de lo más romántica y chic (vestido de tirantes, amplio escote, largo y vaporoso, sombrero tipo capelina) en las entrañas del Parque Bicentenario, escondida bajo la sombra de una palmera con el firme propósito de escribir este comentario.

Entre nos,  toda una “escena”, pero el tiempo que estuve “encantada” con mi netbook fue breve. Una voz masculina y cuarentona llamó mi atención. Era el vocalista de una banda emergente de Rock & Roll, que tocaba en pleno Bicentenario al mediodía haciendo que cada célula del cuerpo se remeciera y danzara al compás del sonido. El calor era intenso. Muy intenso, pero fue capeado con un par de helados de piña, unas cuantas latas de bebida y varios viajes que hice a la llave más cercana en donde tomé agua de la forma más típica y simple que existe. ¿Saben a que me refiero? Si exactamente, esa en la que doblas el torso, ladeas tu cabeza y sólo tu boca es la que se acerca al chorrito de agua refrescante que te salpica tu ropa y moja tus pies descalzos… uno vuelve a ser pequeño (a), un niño(a). Conectar con el pasado también nos mantienen vivos. Tal como lo hace el CINE.

Qué  tarde de cine. ¡De película! Sin embargo, no escribí nada. Rectifico escribí un listado de cintas que no había visto y a las que se refiere Fuguet en su libro. Las que más me tincaron fueron: “Manhattan”, “El Amante”, “Stromboli” y “Abel”. Y me fui rápidamente conduciendo al Blockbuster más cercano.
“Por qué todo es al final tan cinematográfico, o al menos, ¿Por qué uno desea  que lo sea? ¿Por qué asocio el cine a conducir?, se pregunta Fuguet.

Del Blockbuster, más bien de la conversación amena que tuve de cine con “Carlos” y Matías”, quienes gentilmente además de renovar mi tarjeta de cliente, me dieron también el dato de una página segura para bajar películas “Cuevana.Net”, lamentablemente salí con las manos vacías.
“La cinefilia sería, por lo tanto, el pegamento que une a un grupo de personas que, sin el cine, no serían amigos; no tanto porque no se llevaría bien, sino porque es a través de este, que se atreven a conversar de mil cosas”.

No estaba todo perdido. Todavía estaba Ted. ¿La película del osito? Si, quería verla. Me encantó la crítica que hizo Fuguet en su libro. “Ted irrumpe sin permiso para convertirse en este tipo de comedia necesaria y grandiosa y ultra contemporánea, que posee todos los elementos que de un tiempo a esta parte los otros géneros son incapaces de generar: drama, suspenso, observación social, amistad, amor, miedo, sacrificio. Que además sea un espejo de lo que ocurre con un gran segmento de la sociedad la transforma en una obra mayor”. Agréguenle también que había leído que habían dos secuencias de Antología que ponen en escena el tipo de locura que sólo funciona y puede existir en una animación: una pelea a combos en la habitación de un hotel y una fiesta inyectada en coca y tequila. Me imaginé al Osito sacándole la cresta a un grandulón y  también ebrio y drogado. Lo que me pareció genial!

Ya no estaba en cartelera…Que lata! Y le pregunto a la niña: ¿A qué hora parte “Curvas de la Vida”?, que era mi segunda gran opción. En 10 minutos, me contesta. Perfecto!  Y entro sola a la sala. “He visto muchas cintas solo, con nadie, solo, solo, solo. Con los pies en el asiento de adelante como si fuese el dueño. Como si tuviera un cine propio. Como si ese cine fuera mi casa. Y algo sucede. Algo que mejora toda película, porque si bien las películas se hacen pensando en una audiencia colectiva, cuando se ve una cinta en pantalla grande a solas, se vuelve tuya”.

Conecté con el “mundo” de Gus Lobel, Clint Eastwood, es más siempre la rudeza de Eastwood me ha parecido brutalmente enternecedora. Tienen que verla!
Y luego de darle vueltas y vueltas -más de las que Superman dio alrededor de la tierra para revivir a Lois Lane -  finalmente mi comentario ha ido cobrando cuerpo, alma, vida y por ende, el mensaje se ha vuelto nítido. Por tanto, puedo decir con convicción y conocimiento de causa que “Cinepata” es un libro que contagia, es una enfermedad, una locura, una obsesión, con la que he disfrutado todo este fin de semana,  porque me ha hecho viajar, me ha hecho desear, me ha hecho querer, me ha hecho recordar, me ha hecho pensar, me ha hecho sentir, me ha hecho conectar con el cine y la Vida. El Cine es Vida. Es Vital…Por favor Conectar!

Titulo: Cinépata (una bitácora).
Autor: Alberto Fuguet.
Nº de páginas: 346.
Editorial: Alfaguara
Precio: $ 15.000

 

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