El último amor de Federico García Lorca no era el que todos pensaban, sino un joven de 19 años que por su corta edad no pudo huir de Franco con el poeta. A Lorca le costó la vida y a su amante, décadas de culpabilidad. La historia es revelada en el libro Los amores oscuros, recientemente publicado en España.

Rafael Rodríguez Rapún es el nombre que ha pasado a la historia como el último gran amor de Federico García Lorca o, al menos, como el último que se le conoció al poeta antes de ser fusilado por el bando de Franco el 19 de agosto de 1936. Rapún, que murió un año después en el frente, es considerado el destinatario de los Sonetos del amor oscuro, su obra póstuma.
Pero hace dos años, a sus 93 y en su lecho de muerte, un hombre llamado Juan Ramírez de Lucas pronunció una frase que lo cambió todo: “Yo fui el último amor de Lorca y, tal vez, la razón de su muerte”.

No era la primera vez que él aparecía asociado al historial sentimental del poeta granadino, pero nunca hasta ese momento los investigadores habían podido confirmarlo porque el propio Ramírez fue el primero en ocultarlo y porque los amigos de Lorca siempre callaron, por miedo a las represalias franquistas y por lealtad al amante vivo.
Pero ahora que se ha hecho público, el escritor Manuel Reina ha expuesto la relación en el libro Los amores oscuros. Y El País ha revelado material inédito en manos de los herederos de Ramírez: dibujos, un poema y la que seguramente fue la última carta que envió Lorca, fechada el 18 de julio, y que su sobrina, Laura García Lorca, buscaba desde hacía años.

JUAN RAMÍREZ DE LUCAS NO ERA UN HOMBRE ANÓNIMO, sino un reputado crítico de arte y arquitectura del diario ABC y otros medios especializados. De origen castellano-manchego, se trasladó a Madrid siendo estudiante. A los 17 años conoció a Lorca, casi dos décadas mayor, iniciando una apasionada relación de dos años que duraría hasta la muerte del poeta.
La publicación del libro que revela todo ha causado revuelo en los círculos literarios y en la vida de su autor, un escritor andaluz que a sus 38 años recién cumplidos, cuenta con una extensa y premiada producción literaria que abarca todos los géneros. A punto de marcharse de vacaciones a su natal Jerez de la Frontera, Manuel Reina nos recibe.
—¿Cómo llegó a su poder esta historia?
—En su lecho de muerte, Juan se la confiesa a un sobrino, a su pareja y a una de sus hermanas, y pide que esta historia se haga pública. Un amigo mío médico relacionado con la familia Lorca y los Ramírez de Lucas se entera y me lo dice. Yo me di cuenta rápidamente de la importancia que tenía. Clarificaba algunas de las preguntas que los estudiosos de la obra lorquiana se habían hecho desde el principio. Primero por qué Lorca no se fue de España, como le recomendaron muchos amigos ante la peligrosa situación que vivía.

Efectivamente, el país se encontraba al borde de la Guerra Civil, siendo ya una amenaza para personajes como Lorca, que no sólo simpatizaba con los republicanos sino que encima era homosexual. “De hecho, había sido tiroteado dos veces en Madrid”, cuenta el escritor. Los gobiernos de Colombia y México le ofrecieron exilio y la idea era instalarse en el país azteca, un plan que no se cumplió.
“La respuesta tiene una respuesta sencilla y complicada a la vez: Federico por fin estaba viviendo la intensidad de un amor correspondido, y no estaba dispuesto a irse sin su pareja. Al ser Juan menor de edad —entonces la mayoría de edad era 21 años y él tenía 19— necesitaba el permiso del padre, que nunca llegó”.

¿A QUIÉN LE ESCRIBIÓ LORCA LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO? Esa es la segunda aclaración del libro. “Con un poema inédito que poseía Juan, se demuestra que iban dirigidos a él”. Manuel se refiere a Romance, una pieza lírica que hace referencia al título y a algunos de los sonetos que incluyen datos sobre la vida de Juan que hasta ahora no habían podido relacionarse.
En la investigación de Reina surgieron personajes clave, como Pura Ucelay, figura del teatro español de aquellos años, íntima amiga de Lorca y la persona que le presentó a Juan. Agustín Penón, uno de los pioneros en estudiar a Lorca, ya la había entrevistado en 1955 pero nunca publicó su trabajo “porque imagínate lo que eso habría provocado en la España franquista. Hubieran detenido a Juan, a Pura, etcétera”, explica el autor.
A partir de ahí Manuel se puso a contactar al círculo de la pareja o sus descendientes. Entre ellos, la familia de Luis Rosales, el poeta granadino en cuya buhardilla se escondió y fue detenido  Federico; la biznieta de Ascensión Rojo Madariaga, otra amiga íntima de Lorca; Marta Osorio, heredera del legado de Penón; Emilia Llanos, la primera novia de Federico y luego amiga de por vida, y Margarita Ucelay, hija de Pura e íntima amiga de Juan, de edad similar. Todos confirmaron la versión de Juan y aportaron nueva información.
—¿Qué fue lo que más le sorprendió?
—Primero, la intensidad y el compromiso de la relación. Federico se marchó de gira a Latinoamérica huyendo de su fracaso sentimental con Rafael Rodríguez Rapún, quien, incapaz de asumir que se había enamorado de otro hombre, necesitaba reafirmar su masculinidad acostándose con mujeres delante de Federico, cosa que le hizo mucho daño. A su vuelta a España, le dijo a Emilia Llanos: “Estoy cansado de historias fracasadas, de aventuras, de divertimento. Yo lo que necesito es un compañero”. Y justo entonces conoce a Juan, una especie de joven galán de cine, cultísimo, que hablaba cuatro idiomas, recitaba a Lope…

La edad no fue un problema. “Probablemente esos 17, 18, 19 años de la época fuesen los 25, 26 de ahora. Además, hay un amor a la griega en el sentido intelectual. El maestro que, además de ser amante, instruye al discípulo”. Pero la verdadera diferencia con el resto de sus parejas es que “siendo el más joven de todos, es el único que se atreve a llevar esta relación con naturalidad”.
Eso, hasta la muerte de Lorca, pues el propio Juan Ramírez falseó datos de su vida para desligarse del poeta. “La madre de Juan —que conocía la relación— le pidió que no la hiciera pública, y luego está la situación política de la época. Esta condición sexual le costó a mucha gente la muerte, la cárcel o el exilio”, explica Reina.

JUAN ARRASTRÓ TODA SU VIDA UN SENTIMIENTO DE CULPA. “Imagínate a esa criatura de 19 años que, si no hubiera sido por su edad, habría podido viajar con Federico y salvarle la vida… Es una carga brutal con la que convivió para siempre”.
Ian Gibson, el biógrafo oficial de Lorca, intentó antes, sin éxito, contactar a Ramírez: “Le escribió, lo llamó por teléfono… pero Juan no quiso hablar”. La sombra de su madre, que murió a los 101 años, le pesaba. Una vez que ella y el propio Juan murieron, varios testigos se atrevieron a hablar, entre ellos un personaje clave: Margarita Ucelay, hija de Pura e íntima de Juan. “Tuve la suerte de hablar con ella justo a tiempo, porque volvió del exilio pocos años atrás y hace unos meses se enfermó con un Alzheimer terrible”.

Pero el trabajo de Manuel no ha estado exento de polémica. El propio Gibson lo criticó duramente antes de leer la novela, pero finalmente se comunicó con él y se dio cuenta de que su investigación era seria. “Mucha gente confunde el morbo con el afán por conocer más de una figura como García Lorca. Y si el último amor de Federico fuese una mujer, a lo mejor habría menos problemas”, dice el escritor. Su lucha, hoy, es lograr que la ley proteja documentos tan valiosos como los que alberga la familia Ramírez. “Muchas veces se ha perdido material trascendental porque los herederos no han entendido la importancia de ese legado, o por una cuestión ideológica”. En el caso de Federico, “Gibson me ha dicho que mucho material fue destruido por amigos ante un exceso de celo por preservar no se sabe qué intimidad”. Por ahora ha logrado que el grupo político Izquierda Unida lleve al Congreso una propuesta para recuperar el material de Lorca. Puede que en ellos se escondan más sorpresas…

 

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