Cómo hablar de una literatura chilena en medio de un mundo globalizado. Los referentes norteamericanos ya no pueden ser sólo imperialistas y colonizadores, o quizá será la hora de admitir que hoy no hay nada así como una identidad chilena que prevalezca en la cultura de masas. Simón Soto, un escritor que viene del mundo de los guiones y las teleseries, es ejemplo de ello. La pesadilla del mundo (Montacerdos), su segundo volumen de cuentos, tiene una prosa que además de tener una gama de referencias literarias, es rápida, directa, atrapante. Como la televisión.

Ha puesto su firma en productos como Secretos en el Jardín, teleserie de Canal 13 sobre los sicópatas de Viña del Mar y Los ’80. Lo interesante del libro de Soto, cuyas historias rozan el terror, es que propone nuevos monstruos. La dictadura es apenas el referente lejano de la pesadilla llamada Chile.

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Los personajes del libro comparten las experiencias que les hacen vivenciar otras dimensiones de sus vidas en la medida en que se asoman al abismo. Uno que es personal y también colectivo. Como dice uno de los personajes del cuento que da título al libro, hay que asomarse a la pesadilla. Y esta es: las transnacionales, los empresarios inescrupulosos, el lado más oscuro de una madre educada por la televisión. Todo inserto en una narración precisa, que no gasta palabras en reflexiones inoportunas. Para Soto, todo está en función de la historia y de sus personajes. Leer los cuentos que componen La Pesadilla del mundo es presenciar imágenes claras, terribles. Escenas que parecen sacadas de una serie o de una película, pero que adquieren matices de realidad cuando son situadas en Chile. He ahí la precisión de aterrizar esas historias que estamos acostumbrados a ver como ajenas, del otro lado de la pantalla, en nuestra propia realidad. Una realidad donde lo nacional y lo extranjero se han fundido en una sola cosa.

El horror posmo que propone Simón Soto tiene un pie hundido en el mercado. Los militares que hace cuarenta años eran todopoderosos se presentan en el relato final, casi como una leyenda. Una isla gobernada por un coronel enloquecido, que dio un paso más allá de la dictadura militar chilena fundando el mismo infierno para todos, no sólo para los disidentes del neoliberalismo. En el libro, Chile mismo es un personaje que conoció el horror, se asomó al abismo y hoy es lo que es. Una democracia