En la portada de El silencio de los malditos, primera novela de Carlos Pinto (58), una persona camina en la noche por un callejón oscuro. “Tiene que ver, creo yo, con el camino sombrío por el que transitan los malditos impunes… Cometer un delito en este país puede ser liviano, blando, incluso tentador”, advierte Pinto días antes de que su libro llegue a librerías.

Según la interpretación de cualquier chileno que vio Mea Culpa, El día menos pensado e Irreversible, el dibujo de la portada intenta recrear el misterio y el humo de sus historias en televisión. Pero él dice tajante que no. “El libro no tiene nada que ver con el misterio. Al contrario, me interesa hacer tomar conciencia a la gente que hay muchas cosas que no sabemos y que este personaje (de la novela) nos permita mostrarlas, le va a cambiar la perspectiva a algunos frente a temas muy actuales en Chile, como el respeto al otro”.

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—¿Qué temas actuales?

—La situación en las cárceles o el reciente choque que se produjo entre los diputados (Ignacio) Urrutia (quien calificó de terroristas a las víctimas de derechos humanos) y Pamela Jiles. Esa es un ala importante del libro.

—Su novela le sirvió para exponer información que tenía en su memoria tras conocer tantas historias dramáticas en sus reporteos.

—Siempre he tomado distancia de todo lo que narro: de los malditos, de los antihéroes, de los políticos. No busco denunciar nada preciso, pero la novela está llena de detalles que intentan ir mostrando el engranaje y tejido que se produjo en nuestro país, que, creo, va a inquietar a algunas personas.

—Es una novela basada en hechos reales, pero ficcionada, un estilo que quizá permite escudarse.

—Premios Nobel han hecho ficción basándose en casos reales. Para mí entrar al mundo de la literatura era algo muy pretencioso y lo quería hacer con las armas de la ficción. Soy periodista y cineasta, pero a mí me interesa hoy el mundo literario, quería deambular por un espacio libre. En una investigación y crónica periodística —que en Chile hoy hay muy buena— cada paso, cada adjetivo, debe estar respaldado para sujetarse frente a cualquier cuestionamiento y su valor está dado en que nadie te podrá cuestionar nada si está bien hecho el trabajo.

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—¿Hay una crítica a la justicia chilena?

—No a los jueces, porque ellos no son los que hacen las leyes, sólo las aplican. Pero efectivamente las leyes no han avanzado con la rapidez que lo ha hecho la sociedad, las comunicaciones, las redes sociales, la tecnología.

—La historia se trata de un periodista que consigue acceder a un peligroso delincuente a quien nadie ha podido entrevistar. ¿Usted es ese periodista?

—No, el periodista es un personaje que ni siquiera tiene nombre. El relato sí está basado en una entrevista que hice en la cárcel, sin cámaras, durante cuatro horas.

—Material le sobra para narrar casos reales.

—Cuando haces una serie es un plus para el espectador saber que el hecho está basado en un caso real, pero ello no significa que el color real que era rojo tenga que ser rojo y el blanco, blanco; puedes ocupar el rosado. Puedes inventar un personaje para darle más dramatismo a la historia. En un libro periodístico no, es rojo y es blanco.

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Los pies en la calle

Carlos Pinto se nota ansioso. Repite varias veces que para él no es algo menor que la editorial haya escogido su trabajo como uno de los más importantes del año.
Efectivamente en Penguin Random House cuentan que el estilo narrativo de Pinto sorprendió gratamente a los editores que leyeron por primera vez el borrador, quizá porque el periodista venía de la televisión, donde las imágenes son más importantes que las palabras.

“Me sorprendí del valor que la editorial le dio a mi libro, considerando el momento en que hay una gran camada de escritores chilenos. Incluso en la editorial me han dicho que les gustaría que continuara escribiendo. Siempre he trabajado en guiones, que es un género importante, pero nunca había incursionado en literatura, que requiere escribir bien, dedicación; hay un ejercicio mental diferente en que dos más dos no necesariamente es cuatro, hay que sorprender y para ello hacer una búsqueda sicológica de los personajes, meterse en la cabeza de los protagonistas”, explica.

—El libro contará con una fuerte promoción ¿Se siente un poco rockstar?

—He trabajado muchos años en televisión, que es un lugar que te palmotea el ego permanentemente y eso nunca me afectó. Nunca he dejado de caminar por las calles y comprar en mercados libres, porque esa conexión es la que te permite tener la visión para posteriormente escribir historias.