Algo parece haber en la forma de escribir sobre fútbol que lo asemeja a la literatura. El desarrollo de un lenguaje propio, las metáforas que sacan a los partidos de los límites del juego y los convierten en batallas, con rivalidades irresolutas (y que tampoco tienen solución), la tensión en una narración que prueba que toda estadística y estudio previo puede esfumarse con un gol. Con el Mundial en marcha, el fútbol lo cubre todo con su sombra. Se habla de fiebre porque es precisamente eso lo que provoca. Como dicen en El secreto de sus ojos, un hombre puede cambiar de todo, pero no puede cambiar de pasión.

He ahí la dificultad de arrojarse a escribir del tema, sobre todo desde el periodismo, que ha entregado interesantes títulos al respecto, siendo el más reciente Los 11 (Catalonia), que con soltura se da la tarea de elegir a los once mejores jugadores que han pasado por la selección nacional, entre los que destacan Sergio Livingstone, Leonel Sánchez, Elías Figueroa o Iván Zamorano (en la foto).

El ejercicio atrae porque es precisamente algo común: hablar del juego, de los deportistas, ponerse en el rol tanto del entrenador como del jugador sin nunca dejar de ser hincha. Otras entregas, como Cracks (Confín), presentan un relato gráfico del fútbol ligado con la historia y la industria del entretenimiento, diciendo que no se puede hablar de uno sin hablar de lo otro. Un libro que, al igual que el anterior, se define como discutible, porque no parece haber otro tema en el mundo donde hayan menos verdades absolutas. La colección “Amor a la camiseta” de Lolita Editores, con sus títulos Soy del Colo, Soy de la U, Soy de Católica, etc., cristalizan una pasión que algunos defienden como un interés moralmente superior cada vez que los enemigos del fútbol lo ponen al nivel del circo como una alienación a las masas. Pero otra vez, todo es discutible.

En los perfiles de los once futbolistas del primer libro citado destila una tímida historia de Chile que pocas veces se asoma a la cancha, porque lo hermoso y a la vez peligroso del fútbol es que parece suspenderlo todo. “Juegan, juegan/ Los miro entre la vaga bruma del gas y el humo/Y mirando estos hombres sé que la vida es triste”, escribió Pablo Neruda en su poema “Los jugadores”. Y quizás esa es la gracia, que la cancha todo lo suspende, que ahí todo puede suceder y que desde las graderías no se puede hacer nada por evitarlo.