“No fue fácil reportear para este libro”, admite Manuel Salazar, la mirada cansada, cigarrillo en mano, al fin con su nuevo libro salido de imprenta. Varios meses investigando para editorial Uqbar dieron por resultado el que sin duda es un espinoso perfil a uno de los hombres más controvertidos del último tiempo: Julio Ponce Lerou, un nombre que hoy más que nunca acapara titulares, portadas y cuya sola mención mantiene en vilo a medio Parlamento —y puede que incluso a más—, tras la investigación que ahora lleva la Fiscalía Nacional con la arista política del Caso Soquimich. Ponce habría reconocido que destinó cerca de 11 millones de dólares a campañas políticas, dinero que —se sospecha— incluso podría haber ido a los comandos de dos presidentes de la República: Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, luego de que en la contabilidad de SQM se encontraran documentos comprometedores.

Con quince libros publicados, casi todos relacionados con los Derechos Humanos, entre ellos La historia oculta del régimen militar y Contreras, historia de un intocable —uno de los mayores y más exhaustivos retratos del jefe de la CNI— el periodista Manuel Salazar ahora dio un paso más y acaba de instalar en librerías la biografía del yerno favorito de Pinochet, quien partió como funcionario público y terminó convertido en uno de los empresarios más acaudalados del país; ex gerente general de Corfo, ex director ejecutivo de Conaf, ex director de Soquimich, ex director de Enami, ex vicepresidente de Endesa, ex presidente de la Compañía de Teléfonos, ex presidente de Celulosa Constitución, ex presidente de la Sociedad Complejo Forestal y Maderero Panguipulli Limitada. Un hombre que en dictadura fue clave en el modelo de privatización de muchas empresas del Estado —entre ellas la propia SQM que preside— y hoy en el ojo del huracán como el protagonista de uno de los mayores escándalos que hayan remecido al país como autor del modelo Cascada y financista de las campañas de numerosos parlamentarios. Tras la llegada de la democracia, Ponce supo ampliar sus redes más allá de la derecha política—asegura Manuel Salazar— urdiendo un círculo de protección mediante aportes económicos a diversas figuras de la Concertación y de la actual Nueva Mayoría. 

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Hoy, la Fiscalía tendría en su poder un listado de numerosos parlamentarios y figuras ligadas al mundo político, quienes a través de boletas a nombre de familiares, asesores, amigos, empresas y think tanks, habrían recibido de manera irregular financiamiento de manos del yerno de Pinochet. En suma, según han dado a conocer algunos medios de comunicación, se trataría de 13 senadores y 37 diputados pertenecientes a la Nueva Mayoría y a la UDI.

¿Cómo llegó este ingeniero forestal a concentrar un poder que incluso se incrementó tras el fin de la dictadura? ¿Cuál fue su injerencia en el modelo privatizador instalado en los ’80? Varias puertas se cerraron cuando Manuel Salazar comenzó a investigar para su libro. “Nadie quiere hablar; ni sus cercanos ni sus enemigos. Sienten temor. Además, la documentación referida a la historia de Julio Ponce prácticamente ya no existe, no hay nada. Ni en Conaf, ni en Corfo, ni en ninguna de las nueve empresas públicas en las que participó. Desde los ’90 que se vienen haciendo esfuerzos por recuperar esa documentación, sobre todo a partir de la querella que presentó el Consejo de Defensa del Estado inmediatamente después del retorno a la democracia para establecer la forma en que se realizaron las privatizaciones que terminaron beneficiando a particulares. En las comisiones de la Cámara —que las hubo y varias— nunca se pudo precisar nada. Hasta hoy. Ni siquiera a través de Gobierno Transparente. Me parece increíble”. 

En el libro de Salazar se detalla la fórmula con la que Ponce, a instancias de su todopoderoso suegro, con un acceso privilegiado a información relevante así como a figuras clave de entonces, comenzó a realizar una serie de negocios privados que lo convirtieron de un simple ingeniero forestal en todo un potentado. Así, en el libro relata cómo accedió a los fundos de Panguipulli y Rupanco, dado su rol como director de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), donde fue nombrado directamente por Pinochet en 1974, cargo en el que se mantuvo hasta 1979; lo reemplazó en el cargo Jaime Contesse, con quien fue compañero en el Instituto Barros Arana y nada menos que hermano de Patricio, el recientemente renunciado gerente general y su histórico brazo derecho en SQM… También hace una exhaustiva descripción de su abordaje a Soquimich, dada su óptima posición como presidente de Corfo; así como las posteriores batallas por el control accionario de la minera no metálica, ya con Ponce convertido en ‘el señor de las cascadas’.

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CAPÍTULO 1: LA CALERA, MAITENCILLO, PANAMÁ Y LA CONAF

“En democracia Ponce se convirtió en un intocable para lo cual contó con la venia de la Concertación. René Abeliuk, el primer ministro vicepresidente de Corfo tras el regreso de la democracia, tuvo por misión realizar —instruido por el entonces Presidente Patricio Aylwin— una investigación de cada una de las empresas privatizadas en dictadura. En una entrevista en revista Hoy —que denunció varios de los negocios del yernísimo— él sostuvo que era imposible restituir esas empresas al Estado, ni siquiera aplicar sanciones, de lo contrario, se provocaría una crisis para la economía nacional… De más está decir que ese informe nunca se conoció, desapareció, lo fondearon”, denuncia Salazar. 

Relata que en 1993 la senadora por la II Región, Carmen Frei, recibió una serie de denuncias que daban cuenta de irregularidades en las oficinas de Soquimich. La información —por medio de Eduardo Frei— llegó hasta el Presidente Patricio Aylwin, quien creó una comisión interministerial presidida por el PS Gonzalo Martner. “Pero Enrique Correa —entonces ministro secretario general de Gobierno— partió inmediatamente a hablar con el general Ballerino para aclarar que eso nada tenía que ver con Pinochet, no fuera a creer que se trataba de un ataque personal… Durante mucho tiempo no se tocó a Julio Ponce porque estaba vinculado con el alto mando. Eso le permitió salir impune”.

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El fue el hijo inteligente que Pinochet no tuvo. Agil para los negocios, fue gestor de su fortuna personal… Y también autor de los favores que hubo que hacer a los grupos económicos. El fue clave en cuatro vínculos fundamentales desde 1979 hasta la crisis de 1983, con Javier Vial, Manuel Cruzat, los Matte y los Angelini”.

En el complejo forestal y ganadero Panguipulli —nada menos que 380 mil hectáreas madereras que Allende pretendía utilizar para hacer de esa industria nuestro segundo rubro productivo después del cobre—, ya en dictadura sus dirigentes obreros fueron asesinados y Ponce tuvo por misión liquidar el complejo. “Esas 380 mil hectáreas correspondían a quince fundos expropiados en el gobierno de Frei Montalva. ¿A quiénes pertenecen hoy? Casi 90 mil hectáreas al grupo Luksic; 100 mil hectáreas a los hermanos Von Appen, quienes de hecho hoy componen el directorio de SQM”.

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A la vez, Ponce construyó lazos con importantes empresarios, como Juan Hurtado Vicuña, ingeniero civil de la Universidad de Chile, compañero de curso de Hernán Büchi. En 1975, Juan Hurtado ingresó al Ministerio de Economía como asesor de Fernando Léniz y Sergio de Castro. Luego incorporó a Hernán Büchi, quien venía llegando de hacer un posgrado en EE.UU. Hurtado investigaba, por encargo del gobierno, la situación de cada una de las empresas que se planeaba privatizar. “Julio Ponce ya estaba en Conaf y en la Corfo. Cuando se apoderó de SQM lo primero que hizo fue poner en el directorio a Hernán Büchi, Juan Hurtado Vicuña, Sergio de Castro, Juan Antonio Guzmán. Hasta hoy siguen todos vinculados. Se ayudan entre ellos, son como una gran familia italiana”.

—¿Y cuándo se origina la red de Ponce post dictadura, al destinar financiamiento a figuras políticas de manera transversal?

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—Cuando en 1991 Marcelo Rozas —militante de la Democracia Cristiana, muy cercano a Gutenberg Martínez y a Soledad Alvear, investigado por entregar una boleta ideológicamente falsa a SQM— compró la revista Hoy a otros dos democratacristianos (Emilio Filippi, que fue director del diario La Epoca, y a Juan Hamilton, luego ministro de Minería), si bien ese medio había sido uno de las que más denunció los negocios de Ponce Lerou, tras el cambio de propiedad, SQM se convirtió en su gran avisador, con contraportadas, páginas a todo color e insertos comerciales que aparecieron hasta 1998, cuando la revista cerró definitivamente. Creo que a partir de ese nexo la Democracia Cristiana empezó a recibir plata de Soquimich, financiamiento que luego se amplía a otros partidos de la Concertación. Ponce vio que era muy probable que Ricardo Lagos se convirtiera en el sucesor de Eduardo Frei y temía que se metiera con Soquimich. Ahí es cuando tiende puentes con el socialismo. 

Hoy, dos tercios de la Cámara estarían relacionados con las platas de Soquimich, salpicando desde uno de los recaudadores de Michelle Bachelet a empresas de Bancard, perteneciente a Sebastián Piñera. La trama continúa.