Han pasado más de 25 años desde que el espíritu pionero y el amor por la naturaleza de una familia escandinava puso sus ojos en Chile. Fue Dan Odfjell quien se encontró con un campo en el Valle del Maipo que pareció un sueño por su diversidad ecológica y su flora nativa. Sin pensarlo dos veces inició un innovador proyecto de agricultura sustentable, basado principalmente en prácticas orgánicas y biodinámicas en los tiempos en que esos términos todavía no echaban raíces en los suelos nacionales.

Ahora, con un volumen de exportación de 65 mil cajas al año e inversiones por un valor de cinco millones de dólares hasta 2020, la bodega representa toda una ambición en la industria vitivinícola.

¿Cómo una viña ha logrado un sitial igual o superior a lo que han hecho otras que tienen una historia centenaria? Muy simple contesta el dueño de casa: lo más importante siempre es el respeto a la tierra y a su gente, una opción que les ha traído beneficios como explorar nuevos lugares en busca de una permanente producción sustentable; o la enorme alegría de trabajar con cepas poco tradicionales y traerlas al presente con gloria, como el trabajo que han hecho con la variedad Carignac en los terroirs de Cauquenes. Esa motivación no se trata de algo espontáneo, también tiene que ver con el sueño personal de Dan Odfjell que nunca pudo concretar: fundar una viña en tierras escandinavas.

Ese hecho ha marcado el espíritu de la compañía. Cada uno de los vinos elaborados, que hoy mantienen su vitalidad a través de las líneas Armador, Orzada y Aliara, deben poseer esa visión del fundador. Un hombre descendiente de marinos vikingos que llegó a Chile para cambiar el rumbo de su apellido fuera del mar. Su aventura en la tierra ha sido como una nueva recalada para creer un vino para exploradores.

De ahí también que fuera su hijo Laurence, arquitecto, quien se encargara del diseño de la bodega como si se tratara de una nave que flota entre las parras y que permite el flujo por gravedad para mover la uva y el vino. En sus palabras: “Nuestra naviera tiene más de cien años, hemos sido cinco generaciones y eso nos ha llevado a hacer proyectos a largo plazo, siempre pensando en la sustentabilidad. La viña tiene esos mismos valores, hacer cosas que trasciendan y que sean un legado para las nuevas generaciones. Los noruegos tenemos por esencia un espíritu pionero, nos gusta buscar, innovar y sobre todo tenemos un gran amor por la naturaleza”.

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De la mano del enólogo francés Arnaud Hereu, los Odfjell han ampliado su horizonte en Chile. Además del Maipo, han sumado nuevas hectáreas de viñedos en Lontué y Cauquenes, en la Región del Maule. Ahí se encontraron con parras de Carignan, con más de un siglo de vida y que habían sido tratadas de manera totalmente biodinámica. Esa cepa de origen español, extendida a Francia e Italia, acabaría convirtiéndose en uno de rasgos distintivos de la firma. Una fruta excepcional, sin intervención de los métodos agrícolas convencionales, fertilizantes ni productos químicos. Todo un hallazgo que hasta cambió la vida de lugares como Cauquenes, ahora con más posibilidades laborales y una absoluta transformación social. En la actualidad también producen Cabernet Sauvignon, Carménère, Malbec y Syrah, entre otras, con exportaciones a Estados Unidos, China, Noruega, Reino Unido y Brasil, aunque una buena parte de la producción también se destina al mercado local.  

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Recientemente, estrenaron una nueva imagen para celebrar su excelencia enológica. La etiqueta de la línea Armador representa la tierra, la energía natural del terroir del Valle del Maipo, donde todo comenzó. La de Orzada simboliza el movimiento del agua que libera energía. Y el fuego de la etiqueta de Aliara es una abstracción de una nebulosa que se conecta con la llama de la creación.

Otro de los rasgos que hace única a viña Odfjell es su criadero de caballos poni, de la variedad Fiordos de Noruega, animales de gran fuerza, muy dóciles y de un pelaje único color caramelo. Además de ser parte de los tours enológicos, son utilizados para el control de las malas hierbas, para el drenaje del suelo y para el transporte de uvas durante la cosecha. Gracias a su dócil temperamento, esta raza ecuestre también es empleada en la hipoterapia para niños con discapacidades. 

El compromiso social y un trabajo sustentable de manera permanente es el sello de esta viña. “Así somos”, dice el enólogo nacido en Burdeos Arnaud Hereu, quien ha estado desde el comienzo en esta travesía, hace más de 20 años. “Nuestra pasión es que todo esto logre traducirse en vinos honestos, fáciles de beber y que siempre inviten a una segunda copa”, dice descorchando una botella desde el mirador de la bodega que parece una enorme proa que surca el mar.

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Laurence Odfjell estuvo a cargo de la arquitectura de la bodega

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El enólogo Arnaud Hereu.