Con el fin de difundir la cultura del té, es que llegué este fin de semana a una de las ciudades más australes de nuestro país, Punta Arenas, y al encontrarme en esta tierra lejana, zona franca y puerto de gran importancia, me es imposible no pensar en los miles de barcos que navegaron por estas aguas –en aquel entonces– cuando no existía el Canal de Panamá y la única forma de llegar al otro lado de América, era atravesando las aguas del muchas veces traicionero Estrecho de Magallanes.

Cuando los europeos empezaron a comercializar el té y a llevarlo de China a Europa, por ahí en el siglo XVII, los barcos que transportaban ese té podían llegar a demorar un año en completar la travesía, esto afectaba considerablemente la calidad y frescor del té y por sobretodo, incrementaba el valor de éste.

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Es así como a comienzos del siglo XIX el diseño de los barcos cambió drásticamente, se requería velocidad, por lo que se crearon barcos más estrechos pero largos, a vela, que no necesitaban hacer paradas para cargar combustible. De esta forma nacen los clippers, que entre 1840 y 1870 van a dar vida a las famosas carreras de té.

A mi juicio, es probablemente una de las épocas más románticas de la historia del té. Los clippers solían llegar a los puertos chinos, cargar rápidamente el té y emprendían el viaje rumbo a Europa. Navegaban por el mar de China, atravesaban el Sudeste Asiático, bordeaban la costa de la India, atravesaban el Océano Índico, y emprendía el recorrido hacia el sur de África. En Londres, todos estaban expectantes siguiendo paso a paso la carrera, los clippers informaban su ubicación y la gente comenzaba a hacer sus apuestas por cual iba a ser el primero en llegar. Cruzaban el Cabo de Buena Esperanza y comenzaban a subir por la costa oeste de África. Una vez en Europa ya la carrera estaba por culminar, cuando se divisaba el primer clipper que entraba por el Río Támesis se sabía de inmediato que venía llegando el té más fresco. El fin detrás de esta carrera era ser el primero en llegar ya que ese té iba a ser el más caro de todos. La travesía que antiguamente se hacía en algo más de un año, se redujo a récords de 100, 90 e incluso poco más de 70 días.

Con la apertura del Canal de Suez en 1869, se hizo innecesario seguir utilizando los clippers. El viaje se redujo a más de la mitad, ya no era necesario dar la vuelta a todo África para poder llevar el té a Europa y para esa altura, la navegación a vapor ya estaba bien desarrollada.

Los clippers recorrieron el mundo llevando principalmente té, es así como hoy se pueden ver algunos en puertos de todas partes, como los que están aquí mismo encallados en Punta Arenas, o en mejores estados como el que se encuentra en Puerto Madero, en Buenos Aires o en islas del Caribe, como Barbados. El ícono de los clippers es probablemente Cutty Sark, uno de los últimos en ser construidos y que le dio el nombre al famoso whisky. Hoy en día es un museo y se puede visitar en Inglaterra.

Qué época aquella, de exploración, de lugares exóticos, en la que el té recorrió el mundo entero, sus carreras dieron de qué hablar, y la necesidad de tener un producto fresco revolucionó completamente la navegación.

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