Era un tremendo caballero, de porte y de personalidad. También de gran apetito, Juan Barrera Macías era famoso en los años ’40 por su estatura de 1.94 metro y 135 kilos. Era obvio que su mujer Ana Miranda, una gran cocinera experta en guisos y preparaciones en el horno, se acostumbrara a las porciones gigantes en la mesa… Un desborde de verduras cocidas, carnes a la cacerola y cazuelas capaces de levantar a un muerto.

Amable y bueno para invitar a su casa, entre Rancagua y Rengo, el señor Barrera fue rebautizado por los ingeniosos vecinos como ‘Juan y medio’. “Era tan alto y grande que la gente le decía que era una persona, más otra mitad”, cuenta ahora uno de sus nietos. La anécdota se transformó en costumbre y su mujer, Ana, no lo pensó dos veces: le puso ese nombre al restorán que abrió sus puertas en 1947.

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Otra coincidencia trajo el triunfo: en esa fecha la pavimentación de la 5 Sur obligó a la entonces Dirección de Vialidad a abrir un camino provisorio por Rosario, justo donde vivían los Miranda. Aprovecharon el insólito tráfico para vender desayunos especialmente pensados para gente que iba o venía de viajes largos, choferes y camioneros. Pailas de huevos, tocino, pan amasado y leche fresca por las mañanas. A la hora de almuerzo, pasteles de choclo en verano y charquicán para el invierno.
Cuando la carretera principal ya estaba lista, la gente prefería desviarse para pasar por Rosario. La picá de Juan y medio era una gloria del buen comer, con sus sánguches de mechada, lomitos y plateadas jugosas.

Entonces, si todo el mundo llegaba hasta ellos, era el momento de devolver la mano. Compraron un paño a orilla de calle, justo en el Km 109 de la recién estrenada Longitudinal. Estacionamientos a la sombra, mesas y decoración con sello campesino y una carta concentrada en los productos de cada temporada. Empanadas con vacuno cortado a mano, ponches frescos e inolvidables leches asadas para el postre. La charcutería hecha en casa era otra de las especialidades. Prietas, choricillos y costillas: las favoritas hasta hoy de las caravanas de autos que llegan a diario.

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Los mozos recuerdan con cariño los ‘aros-aros’ de las campañas de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. Esa historia hoy se mantiene viva. Los mismos platos ahora tienen su sede en Santiago: en el barrio Brasil y también en Vitacura. Un sello de cocina de carretera que se ha mantenido gracias al trabajo de hijos y ahora nietos.
Abundancia y sabores del campo: la picá de Juan y medio tiene historia y abolengo como para repetirse el plato.

>En la carretera y en la ciudad Longitudinal Sur, Km. 109. Tel (72) 2521 726 – Huérfanos 2076, Tel. 2696 6337 – Av. Vitacura N° 6721, Tel. 2247 8494.