Frente al volcán y con el Llanquihue como un espejo. Este restorán en la costanera de Puerto Varas partió su navegación hace siete años y con no más de cuatro mesas. La estrategia era simple: tomar los elementos de la versátil cocina nikkei para enfrentarlos a la calidad de los productos de la zona. Frutos rojos, pescados de agua dulce y charcutería. Todo bajo el sello del chef Tomás Mundaca.

En el sushi es donde se luce esa mezcla nipona con las aguas del Llanquihue. Como el summer roll: una apuesta de trucha, queso crema, pepino y finas hebras de papas fritas. Obviamente papas procedentes de las tierras vecinas y también de las islas de Chiloé. Crujiente y cremoso al mismo tiempo, perfecto para un almuerzo liviano, pero con sabor a lago. Para acompañar siempre hay botellas de agua de vertientes y de denominación de origen y que pueden enfriarse y perfumarse con los hielos Eisbär (Oso polar en alemán). Cubitos de agua purificada, libres de sodio y que, en su interior, tienen gajos de limón sutil y de Pica, mandarina, frutilla, menta y albahaca. Son de larga duración y también añaden sabor a tragos de verano.

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Los temaki de camarón apanado y pepino, con salsa de yogur natural, tienen notas ahumadas y parecen ideales como plato de paso. Más tiempo hay que dedicarle a los rolls de locos, queso crema, palta y merquén. O el celebrado yakisoba con fideos integrales, mariscos de las caletas cercanas y salsa de ostras. La escapada, sin embargo, no está completa si no se prueban los sashimi de trucha. Perfectos y bien cortados: un lujo que sólo tiene que ver con el buen ojo de los dueños de casa a la hora de las compras. Eso es tener buenos caseros.