Hace un par de días volví a tomar mi primera taza de café después de más de 5 años. Es que cuando se visita un lugar como México (en donde el consumo de té es equivalente a siete tazas al año per cápita y se relaciona directamente con estar enfermo del estómago), un país productor de café, no te queda de otra. Sin embargo, esta región conocida por las quesadillas, las rancheras y el mezcal, tiene un gran secreto oculto, un grupo de personas muy especial, que trabaja cada día por lograr que el té adquiera la importancia que los mexicanos se merecen.

Desde mi perspectiva, ser un sommelier de té en un país como Chile, en donde el té forma parte de nuestra cultura y tenemos un consumo altísimo es trabajo fácil. Mi gran misión es educar y mostrar todo lo que el mundo del té puede ofrecer, los distintos tipos, variedades, sus preparaciones, etcétera. Pero lo que realmente se convierte en un desafío es generar una conciencia por un producto desconocido y el cual se aprecia muy poco en una sociedad como la mexicana.

Actualmente me encuentro en Ciudad de México, en un viaje que mezcla tanto mi pasión por viajar, como la de compartir en torno al té. Hace ya un año tuve la oportunidad de cruzarme con quien hoy considero una gran amiga, Sol Palma, una argentina que hace ya diez años dejó su tierra y se vino a México. Esta colega sommelier de té me abrió mucho más que las puertas de su casa, me acercó profundamente a la cultura del té mexicana, que aunque incipiente, promete desarrollarse fuertemente de la mano de personas que comparten la misma pasión que yo por el té.

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Fue hace ya más de 10 años que abrió sus puertas Caravanserai, la primera casa de té mexicana, ubicada en colonia Roma. Este lugar fue el comienzo de una historia que hoy en día está desarrollándose a pasos agigantados, compitiendo con una cultura que se niega a aceptar el té como una bebida que los puede realmente acompañar.

Desde entonces en México ha pasado mucho, un grupo de gente se ha comenzado a instruir respecto al té y acompañados de esta instrucción –proceso esencial a la hora de querer difundir la cultura del té– se ha dado origen a un gran número de emprendimientos entorno a esta bebida. La creación de la Escuela Mexicana de té, sede de la ya conocida Escuela Argentina. Hace ya 2 años ha dado pie a un movimiento que ha generado salones y tiendas de té como Shaktea, liderada por Fernando Gaitán quien realiza catas de diversos temas. Tuve la posibilidad de asistir a una entretenida cata de tés Puerh y Chocolates, evento que jamás me imaginé ver en una ciudad tan ajena al té como pensé era el DF, en Tomás Casa Editora de té, de la mano de la sommelier Denisse Díaz, entre otros.

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Incluso grandes marcas como la norteamericana Teavana o la Maison de thé francesa Théodor han puesto los ojos en esta ciudad de más de 20 millones de habitantes. Y es que en un mercado tan grande como el mexicano, las opciones pueden llegar a ser muchas.

Ya que el té para mí es algo que no puedo dejar de investigar cuando visito un lugar, por muy poco que se consuma, durante mi visita organizamos una pequeña reunión con los principales exponentes y amantes del té en esta ciudad. Lo que comenzó con un par de llamadas, terminó siendo una degustación, con miembros de la prensa gastronómica, sommeliers de té, dueños de salones y tiendas, expertos en herbolaria de la UNAM, entre otros.

Por lo visto la curiosidad está, el interés por generar un cambio cultural existe y tan solo es cuestión de tiempo para que los mexicanos, puedan ver la misma gracia que nosotros los chilenos encontramos al tomar té.

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El té está siendo parte de una tendencia mundial, que pretende convertir hasta a los más incrédulos, a esos que ven en el té una bebida insípida, sin intensidad, pero que están lejos de estar en lo correcto. Ya veremos si nuestros queridos amigos mexicanos se suman a esta tendencia y se dejan maravillar aún más por los aromas y sabores que el té les puede llegar a ofrecer.

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