La tradición dice que un día de esquí no puede concluir sin antes darse una vuelta por el corazón gastronómico de Farellones, justo donde convergen los llamados ‘tres valles’ de nieve de la ciudad de Santiago (El Colorado y Farellones, Valle Nevado y La Parva). Antes de empezar las 41 curvas que marcan el camino de regreso a casa, se encuentra uno de los secretos mejor guardados por los amantes de este deporte: el restorán El Montañés, construido en el mismo lugar donde su dueño, uno de los pioneros del freestyle del esquí chileno, , le pidió matrimonio a Claudia, su polola de entonces. Partieron con seis mesas. Hoy, 15 años después de su apertura, atienden unas 1.500 personas diariamente durante la temporada de invierno.

Sabrosas combinaciones en una propuesta de más de 12 variedades de pizza a la piedra, que incluyen tomates secos, cebolla caramelizada y roquefort y donde un mix de finas hierbas compone una melodía para el paladar cuando aparecen las notas de los productos del mar en ensaladas como El Plomo y Piedra Numerada. Es el sello de la cocina del chef Ramón Rubio, que enfrenta sabores, colores y olores después de “probar y probar hasta dar con la receta perfecta” y que se prepara para traer sus creaciones este 14 de mayo a los pies de los Andes, en Avenida El Rodeo en Lo Barnechea, una réplica del restorán que Francisco y Claudia construyeron con el arquitecto Víctor Verdugo.

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Este segundo proyecto surgió como respuesta a la baja de público durante el verano.  “La gran novedad viene en la carta”, dice Francisco, partiendo por las tapas, que se acompañan con una copa de Sauvignon Blanc o con un clásico Martini Dry. Sobre una base de pan, descansan los sabores del jamón serrano, zucchini y berenjena, pero la favorita del chef  es la de salmón ahumado y queso crema, emulsionado con aceite de oliva y un toque de ciboulette. También se puede optar por el provolone italiano fundido, acompañado de tomatitos asados y tostadas al orégano.

Como entrada, los langostinos a la mantequilla sobre cuscús se cuelan entre las hojas de rúcula, aderezado con un aliño de palta, cilantro, pepino y limón, lo han transformado en uno de los hits del restorán. El aroma de las maderas de coihue y ciprés en sus paredes y la atención personalizada de sus dueños, hacen olvidar que no están en medio de la cordillera. El grill del lomo vetado de wagyú que se fusiona a la perfección con una copa de Cabernet Sauvignon  o el salmón a la plancha en limón,  acompañado de papas a la noisette, son los platos preferidos de los extranjeros. 

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Para terminar, la creatividad de la cocina de Rubio se aprecia en el toque casero de sus postres. Destacan una clásica leche asada con caramelo y el mousse de chocolate. Pero para los  más arriesgados, el suspiro limeño construido con base de manjar blanco y coronado con merengue de oporto es un must. “Comer rico en un ambiente tranquilo”, como dice su propio chef, ha sido la clave de El Montañés. Lo mismo quieren replicar en Lo Barnechea durante todo el año.