Si bien reconozco que yo me considero un purista a la hora de escoger la variedad de té que va a acompañar mi día, no puedo negar que la tendencia de los tés con sabores pega cada día más fuerte. Ya no es extraño encontrar tés saborizados con chocolate, caramelo, coco y cuanta fruta se les pueda ocurrir. Y este proceso que puede parecer muy sencillo y que suele mejorar las características de tés no tan favorecidos por la naturaleza, encuentra su máxima expresión en las lujosas maisons de té francesas, porque le thé c’est chic.

Francia se podría considerar como una de las grandes cunas de la sofisticación, al pensar en el país de la Marseillese, es evidente que se nos venga a la mente el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, los quesos, el vino, el champagne, la moda y la perfumería, entre muchas otras cosas, y es justamente esta última la que con los años se ha ido diversificando e inmiscuyendo directamente en el mundo del té.

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Tradicionalmente los tés saborizados se han desarrollado para mejorar la calidad y ocultar defectos de tés que probablemente por si solos nadie daría un peso, pero esta interacción entre la industria de la perfumería y el té han dado origen a la máxima expresión en esta categoría. Para los franceses los tés saborizados no son simplemente té negro con naranja o té verde con frutilla, es mucho más que eso, es generar la misma complejidad que puede llegar a tener el más fino eau de parfum en una taza.

En Francia el hacer una mezcla consiste en realizar una obra de arte. Se escogen buenas cosechas, no las mejores, porque esas se disfrutarán mucho mejor puras pero que finalmente permitirán entregarle un carácter al té. Los aromas que se van a replicar también tienen su historia. Para los franceses estas mezclas representan momentos, un verano en Provence, un paseo por el Sena, una noche en París. Y créanme que al olerlos solo van a imaginar ese momento que el perfumista quiso transmitir a través de las hojas de la Camellia sinensis.

En París existen tres grandes exponentes de estos maravillosos tés perfumes, la clásica Dammann Frères –la casa de té con más historia de Francia– que con un diseño elegante y sofisticado ha decido mantener las características de las casas de té de antaño. Su té ícono y que no pueden dejar de probar se llama Gôut Rousse Douchka y es una versión mejorada del clásico Earl Grey.

Mariage Frères ha sabido combinar su aire colonialista con los diseños del mundo moderno, siendo su ícono Marco Polo. Esta mezcla que se describe simplemente como té negro con aromas a frutas y flores (¿qué frutas y qué flores?), probablemente nunca lo sabremos. Al igual que el clásico de Dammann estos dos tés siguen siendo unos de los secretos mejor guardados. Muchas narices han tratado de replicarlos, pero ninguna ha tenido éxito.

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Por último, la versión moderna y más atrevida de esta tendencia la lidera “el insolente parisino” como se llama a sí mismo Guillaume Leleu quien diseña los tés para su casa Théodor, que si bien trata de evocar la historia del té francés, mantiene un diseño moderno y vanguardista, en donde el rosado, verde limón, celeste y blanco juegan una rol importante en su paleta de colores, siendo Je t’aime, un té negro con aromas a pistacho y macaron uno de mis favoritos.

Por lo visto, la revolución de los tés saborizados que han comenzado los franceses no ha hecho más que enaltecer esta categoría convirtiéndolos en toda una experiencia, logrando de forma magistral el complemento perfecto de dos industrias, el té y la perfumería.

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