Latin Grill es un lugar que sorprende. Por fuera parece el típico restorán internacional de cadena hotelera, pero una vez traspasadas sus puertas, se convierte en una verdadera caja de Pandora de sabores y aromas. En cerca de quince años logró posicionarse como una de las mejores alternativas capitalinas para conocer eso que llaman ‘cocina de autor con productos chilenos súper premium’. La música es el broche de oro para una experiencia que la prensa gastronómica no ha dudado de calificar de “extrasensorial”.

El responsable es Luis Cruzat, un chef formado en el desaparecido Hotel Carrera, donde permaneció hasta que cerró sus puertas definitivamente y fogueado en la turística Dubrovnik, en la costa croata. Fue ahí donde entendió que su nuevo desafío era potenciar las riquezas culinarias de Arica a Punta Arenas. La carta de Latin Grill es fiel a ese espíritu. “Mi filosofía apunta a que se sienta el sabor real de los productos. No hay ninguno mejor que otro. La almeja no es más o menos que la centolla o la langosta. Simplemente, son cosas distintas”, dice, mientras bebe un sorbo de agua.

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Como la carta se cambia tres veces, este restorán tiene un séquito que acude periódicamente para probar las nuevas recetas, entre las que destaca la utilización del cochayuyo hasta en postres y del ruibarbo patagónico, que en el menú saca aplausos convertido en un puré de un sabor entre ácido y dulce. Además, hay un menú experiencia que va cambiando todos los meses. “Hay algunas donde predomina lo mapuche, lo ahumado o bien los sabores más frutales. Ahora, uno de los platos más celebrados es la corvina que va sobre un ravioli de charquicán de cochayuyo en un caldo de mariscos ahumados. Algo muy sureño que evoca a las cocinerías de Angelmó”.