En cada emoción, evento importante, matrimonio o cumpleaños, la mañana siguiente se llena de una especie de tranquilidad donde la mente comienza a cuestionarse si lo vivido fue o no realidad.

Hoy creo que estamos viviendo algo similar en nuestra pequeña Asociación de Sommeliers de Chile. Justo cuando terminamos de pagar las últimas facturas y cerramos inventarios con nuestros proveedores, grandes responsables del éxito que obtuvimos en la realización del concurso Mejor Sommelier de las Américas Chile 2015, me asalta una pregunta… ¿y qué hacemos ahora?

Los sommeliers pensamos en el mercado interno como una obligación pendiente, una gran obligación pendiente, donde la soberbia de muchos impresiona a veces, sobre todo por provenir de todos los sectores. Sommeliers que dicen no querer dedicarse al servicio, enólogos que les molesta una puntuación en una revista, gerentes de viñas que se disgustan por no haberlos visitado, dueños de restaurantes que defienden el sueldo mínimo como único pago de sus empleados y distribuidores que no entregan los pedidos completos y mucho menos en el tiempo acordado, son algunos detalles de la “industria”, que me hacen pensar seriamente si ese mercado interno realmente vale la pena, si esas personas que lo conforman realmente quieren que crezca o si son capaces de entregar algo a los consumidores de manera seria y profesional.

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Parece que tenemos pega para rato. El tema es por donde empezamos.

Una alternativa es lograr que el consumo de vinos en Chile crezca de manera adecuada, eso quiere decir que se beba moderadamente más vino a la hora de almuerzo (no es la idea de promocionar el coma etílico durante el fin de semana), pero es una tarea titánica que durará por mucho tiempo antes de ver resultados.

La otra es lograr profesionalizar a las distribuidoras para que los restaurantes y tiendas logren entregar un mejor stock, más variedad.

La tercera es despertar la conciencia y profesionalismo de los dueños de restaurantes para que cuiden a su personal de servicio mediante mejores regalías o porcentajes de venta que sean imponibles y así aseguren su salud y jubilación por encima del mínimo.

La cuarta puede ser hacer todas las anteriores, morir fusilado por la justicia al manifestarnos en La Moneda de manera indecorosa, pero lograr como mártir ser la imagen de la campaña comunicacional que llevará todo esto a la realidad.

Afortunadamente y gracias a mis dos maravillosos hijos, el suicidio aun no es la primera alternativa. Por el contrario, creo que justamente las nuevas generaciones (Dios, ¡estoy hablando como mi abuelo!), serán los beneficiados del cambio que de alguna manera debe resultar en esta “industria”.

Quizás algunas luces de esperanza se presentan a lo lejos: Chanchos Deslenguados se presenta este mes y nos hace ver que algunos pequeños productores aportan su grano de arena.

Hasta el cansancio lo repetiré, el 4 de septiembre será promulgado el Día Nacional del Vino, donde ya me avisan por interno que habrá al menos dos o tres iniciativas que insisten en promover su consumo moderado como una obligación de defensa de patrimonio y sinónimo de educación, salud y trabajo.

Por último y para mantenernos ocupados, en abril del 2016 se realizará el concurso Mejor Sommelier del Mundo en Mendoza, donde Marcelo Pino deberá defender su segundo puesto en el Panamericano. Para eso tenemos que entrenarlo y, dicho sea de paso, pedimos ayuda de todos los que lean estas líneas para que el entrenamiento sea fructífero.

Puede ser que la industria esté complicada, pero como pueden leer más arriba, el vino si está entretenido en Chile.

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