Se dice que hace 1.200 años durante una fuerte sequía un monje bajó hasta el fondo de un pozo a conversar con el dragón que vivía ahí para implorarle que los ayudara. El dragón se apiadó del monje y de todo el pueblo e hizo llover, llenando la fuente de agua, y bañando completamente los campos de té, que revitalizados por el agua que el dragón les ofrecía, dieron origen a uno de los tés más espectaculares de China y uno de mis favoritos, el Long Jing.

También conocido como Dragonwell, Long Jing quiere decir pozo del dragón y su nombre hace referencia a esta mítica historia China. Desde entonces este té ha sido alabado por poetas, filósofos y emperadores, considerándolo uno de los tés verdes más famosos de China.

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En China suele hablarse de los 10 grandes tés, aquellos que durante siglos han ganado prestigio por sus únicas cualidades de sabor y aroma, por lo general viniendo de lugares donde el terroir nos asegura un té de la más alta calidad, en conjunto con técnicas milenarias y que por supuesto están llenos de leyendas. Si bien esta lista de los 10 tés varía, en todas, absolutamente todas, el Long Jing se ubica en los primeros lugares.

Este té en un comienzo se produjo en la villa del mismo nombre, Long Jing, pero hoy comprende una zona un poco más extensa que rodea uno de los paisajes más hermosos de China y Patrimonio de la Humanidad, el Lago Oeste o Xi (Xihu).

Este té es extremadamente delicado, de una complejidad indescriptible, con notas que van desde vegetales cocidos como espinaca, espárragos, acelga, a ligeras notas marinas, frutos secos y castañas cocidas. Es muy sedoso en boca y con un final persistente y placentero.

Una de las principales características que hacen inconfundible al Long Jing es su forma aplanada en forma de espadas, proceso que se hace de una forma muy artesanal hace más de 500 años.

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Dice la leyenda que Qianlong, emperador de China, estaba fascinado con el Long Jing y viajó a la zona del Lago Oeste a conocer donde se producía este maravilloso té. Al llegar fue invitado a cosechar, y mientras se encontraba caminando por los jardines recolectando las hojas de té, un emisario interrumpió informándole que su madre se encontraba muy enferma en Beijing y tenía que volver a la brevedad. Así fue como Qianlong metió las hojas que había cosechado en sus bolsillos y partió rumbo a ver a su madre.

Al llegar, ésta se encontraba en cama agonizando. Desesperado, el emperador mete sus manos a sus bolsillos y se encuentra con el té, el cual había quedado completamente aplastado producto del largo viaje. Lo infusionó y se lo dio a su madre, quien de inmediato mejoró.

Es así como desde entonces en la zona de Long Jing hacen este té a imagen y semejanza del que el emperador le ofreció a su madre.

Las hojas del Long Jing son aplastadas a mano, en woks calientes. La destreza de los artesanos del té hacen que sus movimientos sean tan ágiles para no quemarse las manos mientras dan la forma a uno de los tés más venerados de China.

En mi último viaje a tuve la suerte de volver a este maravilloso lugar. Aún recuerdo con emoción la primera vez que entré caminando por la calle principal de la villa de Long Jing. En el lugar el olor a té lo impregna todo y el sentimiento de misticismo y leyenda se siente en el aire, no me extrañaría que en el fondo de un pozo siga viviendo aquel dragón que le dio al mundo uno de los tés verdes más fascinantes que he tenido la posibilidad de probar.

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