¿Sabe usted que el cupcake ha muerto, verdad? Y que ahora lo máximo es el cronut (sí, ese híbrido entre croissant y donut que triunfa en el Soho neoyorquino). Y confiéselo, usted es de los que toma fotos a los platos y luego las sube a Instagram. Lo normal en la era foodie. Un universo donde la comida es un ritual y la polémica por quien ha inventado el duffin (donut + muffin) tiene hashtag propio en Twitter: el #duffingate. Pero, ¿se ha preguntado alguna vez quién es el Mesías que nos guía por el camino de la gujuria (gula + lujuria)?

Los culpables son los food hunters, cazadores de tendencias gastronómicos. Un nuevo oficio  que profesionaliza los descubrimientos que uno hace en el supermercado y las guías caseras de los sitios más in. Si The Sartorialist ha convertido en ícono a los cool hunters (los caza-tendencias de moda), ¿por qué no pueden existir los food hunters? De hecho, la industria alimentaria lo tiene tan claro que ha decidido sacarle provecho.

Entre los pioneros, AZTI-Tecnalia, un instituto español dedicado a la investigación en el sector alimentario. Ellos han creado The food mirror, un proyecto que pretende construir la primera red internacional de food trend trotters, algo así como observadores gastronómicos. Otra nueva profesión que sirve para obtener “información directa de las necesidades y hábitos de los ciudadanos, y realizar un seguimiento en el ámbito de la innovación alimentaria por todo el planeta”, explica Leire Barañano, la directora de la Unidad de Investigación Alimentaria del centro, entre cuyos inventos destaca un spray de masa para cocinar churros sin ensuciar. En otras palabras, los consumidores participan en la construcción de los alimentos del futuro (o sea, el foodture).

Para reclutar a los primeros corresponsales han organizado un concurso que les proporcionó una base de datos de quinientas personas. En 2014 lanzarán una red social —“esa gran fuente de información”, dice Sonia Riesco, responsable del proyecto— para juntar a éstos y el resto de interesados, y en el futuro establecer contacto entre ellos y la industria. Helena Vaello, una consultora gastronómica afincada en Madrid, fue una de las tres ganadoras. Ella se dio cuenta de que era una food hunter en potencia cuando estudiaba para cineasta.

Le encanta ver como se relaciona la gente alrededor de la comida, pero pensaba “¿dónde mando el CV?”. La fórmula pasa por “hacer que la gente se fije en ti y quiera la información que posees”, explica esta eat-girl. Para ser un buen food hunter hay que ser “observadores, curiosos, comunicadores y manejarse con las nuevas tecnologías”, enumera Riesco. Pero también saber discriminar la información, opina Vaello, autora del blog http://insideandcooking.com. Y sí, su familia y amigos “están hartos” de que se pase horas hablando del tema.

¿Solución? Una vez más, las redes sociales. “Así puedes tener a tus amigos de toda la vida y luego dar rienda a tu obsesión con gente que te comprende”, bromea. Por cierto, si se preguntan cuáles son las Eat-tendencias del futuro, aquí van unas cuantas: #Eater_tainment, la experiencia de comer como actividad lúdica; #Slowcal, impacto del consumo alimentario en el entorno o #Foodtelling, alimentos con mensaje. ¿Verdad que ya se identifica con alguna?