La cafeína es un compuesto que encontramos en algunos productos como el mate, cacao, hoja de coca, guaraná, café y por supuesto en el té. Por mucho tiempo llamada “teína” hoy en día habiendo comprobado que se trataba de la misma molécula en todos estos productos nos referimos a ella como cafeína. Amada por algunos y odiada por otros, ésta es una parte importante de lo que es el té, ese golpe de energía que nos estimula y ayuda a sacar adelante nuestro día.

Dice la leyenda que después de haberse quedado dormido y haber fallado en su misión de meditar por nueve años, Bodhidharma, reencarnación de Buda en la tierra, se arrancó sus párpados y los tiró al piso. En el lugar donde cayeron aparecieron los primeros arbustos de té. Esto como una regalo de buda a los monjes para ayudarlos a sobrellevar el proceso de la meditación sin quedarse dormidos. Sin saber que a lo que le tenían que agradecer era a la bendita cafeína.

El contenido de cafeína en el té varía enormemente dependiendo de muchos factores, desde la selección que se hace de la hoja, siendo las hojas más tiernas aquellas que tengan las mayores concentraciones, temporadas específicas, altura, la variedad de la planta utilizada e incluso los animales e insectos con los que la planta convive, ya que ésta utiliza la cafeína como mecanismo de defensa en muchos casos, aumentando su producción cuando el medio ambiente se lo exige.

Por lo mismo la afirmación el té negro tiene más cafeína y el blanco prácticamente no tiene, es un gran mito, ya que el tipo de té no determina para nada su concentración. Sin embargo, es un hecho que a mayor temperatura se extrae más cafeína, por lo que tés que se infusionan a altas temperaturas como el negro efectivamente traspasan un contenido de cafeína importante a la taza.

La cafeína está presente en todos los tipos de té ya que es uno de los contenidos importantes de la Camellia sinensis, de querer evitarla existen alternativas como los tés descafeinados o las infusiones.

La cafeína en el té se absorbe distinta en el organismo que la de otros productos, las concentraciones son menores que en el café o en el mate y no llega directamente al flujo sanguíneo. La absorbemos lentamente, lo que hace que el té nos vaya despertando pausadamente, pero con un efecto más sostenido en el tiempo. Por lo mismo se dice que el té estimula, pero sin volvernos hiperactivos.

En conjunto con la cafeína el té posee otro aminoácido llamado L-Teanina, que estimula la concentración y al mismo tiempo nos calma, equilibrando el efecto de la cafeína. Por lo mismo cuando estás cansado el té te despierta y si estás acelerado el té te calmará, ese efecto dual tan apreciado en oriente y que ya estamos comenzando a entender aquí ha convertido el té en una bebida ideal para disfrutar durante todo el día y a cada momento.

“Si tienes frío el té te abrigará, si tienes calor, te refrescará. Si estás deprimido, te alegrará, si estás excitado te calmará”. – William Ewart Gladstone (Político Británico)

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