Frente a imperiosos cordones montañosos, surgen milenarias preparaciones sobre la base de ingredientes locales. Una gastronomía premium con toques rústicos que ha sido aplaudida por más de 150 mil turistas en lo que va del año, según cifras oficiales del Sernatur. Es una cocina definida, por sus propios maestros, como localista e ingeniosa. “Lo que en muchas regiones es fácil de conseguir, aquí es un sacrificio”, asegura Alvaro Covarrubias, chef del Tierra Patagonia Hotel & Spa. Es por eso que una variada oferta en carnes y pescados compone la mesa en la zona de Magallanes, en un auténtico festival de sabor y aroma en el plato.

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Con vista privilegiada al macizo Paine y al lago Sarmiento, la propuesta de Covarrubias es mimetizar elegantes preparaciones. Nada mejor para empezar que un calafate sour, hecho con el fruto silvestre de la Patagonia que posee veneradas funciones antioxidantes. Más tarde, los productos estrella de la zona son tratados con sutileza y respeto. Del fuego lento surgen tiernas carnes como el jabalí y el guanaco acompañadas con tradicionales cepas de carménère y cabernet sauvignon. Aunque las protagonistas son las aplaudidas chuletas de cordero del chef, que después de una intensa cocción en olla a presión, descansan sobre una dulce cama de betarragas envueltas en hojas de espinaca al vino tinto, para componer una emulsión patagónica en el paladar.

Igualmente, sólo un poco de sal y pimienta bastan para acompañar de la mejor manera frescos cortes de mero sobre pasta recién hecha en casa, en una melodía gastro que cautiva con tradición y notas marinas. Para el final, los tradicionales gelattos preparados en la misma cocina del hotel. Triunfan el de chocolate bitter y el de sandía, que acompañan el término de una jornada de buena mesa con los principales ingredientes de la naturaleza del fin del mundo.