Aquel es un refrán que mi mamá repetía continuamente cuando chica para que cuidara mi manera de actuar. No sé si le hice mucho caso, pero el otro día no puede evitar acordarme de ella cuando empezamos a conversar con un grupo de amigos sobre aquellos restoranes que en el pasado eran superiores y hoy se han quedado atrás, quizás por la buena “fama” que tenían sintieron que no tenían que evolucionar con las nuevas exigencias de nosotros… los amantes de la comida.

No me refiero a que tengan que modificar su estilo o sus platos, si no a que a veces se olvidan de la calidad de los ingredientes, de la atención, de la decoración… y si bien tienen sus clientes fieles, es triste ver como se estancan en la comodidad o en el “ego”.

No me gusta criticar, ya que considero que no soy una eminencia culinaria, pero hace poco fui al Japón, el “ícono” de la comida japonesa y la verdad es que me decepcionó. Su fama corresponde a lo que pudo ser en el pasado.  Quizás se confiaron en eso y se echaron en los laureles, la relación precio calidad no correspondía, sentí descuido en la presentación de los platos y el exceso de erizos que supuestamente eran de decoración (respuesta que me dieron cuando dije que no los había pedido) no me dieron confianza para comerlos. Admito que el sabor de lo que probé no era malo, pero no estaban a la altura de su reconocido nombre. No lo recomiendo.

Es importante destacar, que no todos se quedan echados en la cama, hay otros lugares que si bien han podido ser criticados, han desarrollado un trabajo contínuo para mejorar. Eso se siente, se agradece y por mi parte, se reconoce. Imagino lo difícil que debe ser en este negocio, laburar cuando otros disfrutan, correr para dejar a todos felices, motivar al personal para que transmitan la atención de calidad que se quiere dar…

A la mente se me viene Mestizo, un lugar que ha logrado, en mi opinión, ir mejorando con el tiempo. Últimamente he ido un par de veces ya que para los días de sol indiscutiblemente su terraza es, si no la mejor, de las mejores en Santiago y ha logrado sorprenderme con sus nuevas propuestas.

El pastel de choclo de carne mechada e higos, se lleva todos mis reconocimientos, los higos le dan un toque especial, la pastelera de choclo de consistencia perfecta y firme, escondían los hilos de carne jugosa del fondo. La chorillana con carne de ciervo y un huevo pochado encima, me llevaron al cielo, untar esas papas fritas gruesas y fritura perfecta en la yema, fue un placer máximo y los cubos generosos de carne la hacían aun mejor.

De los clásicos del lugar y que aun siguen entre mis imperdibles, las empanaditas de mechada y ceviche son perfectas para empezar, no son muy grandes en tamaño, pero si en sabor y el risotto con mascarpone con osobuco, es realmente cremoso y perfecto.

Concuerdo con The Coolist (http://www.thecoolist.com/restaurant-design-10-amazing-temples-of-cuisine/), blog internacional de cosas y lugares con estilo, que el diseño del lugar es uno de los más cool del mundo y si bien no es un lugar barato, la relación precio, calidad, atención, locación es muy buena. Lo recomiendo 100%.

Si quieren compartir conmigo sus experiencias de lugares que han mejorado o que ya no son lo mismo de antes,  no duden en hacerlo para ir a probar suerte!

 

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