Luego de ingresar por una entrada clandestina, cruzar las cocinas  y recitar un santo y seña frente a unas imponentes puertas de color negro, los miembros de Millesime Estudio en Alonso de Córdova –en intersección con calle El Litre en Vitacura– podrán sumergirse en un espacio secreto en donde la buena mesa destaca por su exclusividad. Se trata de un club privado gastronómico que nació en Madrid y que planea extenderse a 15 ciudades en los próximos cinco años.

Después de México, Chile es el segundo país que se une a esta iniciativa culinaria que pretende transfomarse en una verdadera tendencia para los sibaritas, con mil metros cuadrados, más quinientos de terraza. “Se inaugurará en noviembre, entregando la oportunidad de que nuestros socios puedan disfrutar de la mejor comida y acceder a un increíble restorán. También podrán asistir a actividades, catas y degustaciones”, explica la española Sandra Reig, gerenta general de la empresa, mientras recorre las instalaciones en plena construcción. “La entrada privada para los miembros le da un aire de exclusividad. Es lo que llamamos speakeasy”, agrega, haciendo alusión a los bares a puertas cerradas que nacieron en Estados Unidos durante la primera década del siglo XX.

Mientras habla, aprovecha de hacer un recorrido por las instalaciones que pronto se transformarán en el club. Las paredes de ladrillo y los primeros signos de decoración se asoman entre el cemento y el ruido de los trabajadores. “Combinaremos un estilo elegante, cosmopolita y ecléctico. Cálido, pero no asfixiante”, dice Manuel Quintanero, presidente y fundador del club a nivel mundial. “En francés, la palabra millesime hace alusión a la añada de los vinos. Hay veces que una añada es tán excepcional, que no quieren mezlcarla con ninguna más… Eso es un millesime”, agrega el experto que, durante años, fue el editor de Restauradores, una de las revista gastronómicas más destacadas de España.

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Cada uno de los socios contará con una serie de beneficios, como la posesión de una llave con la que podrán abrir una de las 120 cavas climatizadas con una capacidad para 18 botellas de vino. Numeradas y personalizadas, están reservadas para los socios fundadores que podrán guardar sus vinos y consumirlos. Pero no cualquier persona podrá formar parte de este círculo, pues es importante cumplir con ciertos requisitos. Primero, es necesario pagar una cuota de inscripción y luego un monto anual con varios ceros que prefieren mantener en reserva, pero aclaran que: “La exclusividad no es sinónimo de caro, sino de limitado y único”. Además, es necesario contar con la aprobación de un comité de admisión. “Son muy poquitas plazas enfocadas a un perfil con cierto estilo de vida y gusto por la gastronomía. En total son 400 membresías normales, 100 socios fundadores y 80 empresas”, comenta Quintanero, y adelanta que ya son varios los empresarios chilenos conocidos que han pagado la membresía, pero  que por protección de datos aún no pueden develar sus nombres.

Una vez en el interior, diversos espacios y actividades recibirán a sus comensale, todo bajo un estricto código de reserva. Dentro de los ambientes más esperados, destaca El Templo, que es el escenario que contará con la más alta gastronomía del club. Posee una propuesta a la carta que cambia semanalmente y platos elaborados en una cocina a la vista que se convierte en el centro del espectáculo. “Este también será el lugar de encuentro con grandes cocineros del mundo que, a lo largo del año, serán invitados para cocinar de forma exclusiva para nuestros socios”, comenta Manuel.

Chefs como Mitsuharu Tsumura, Stéphane Balluet y Luigi Taglienti, son algunos de los que han pisado Millesime México y posiblemente hagan lo mismo en tierra chilena. Por lo mismo, la especialidad de la casa será variada y mutable. Dentro de los ambientes, el lobby es el único abierto al público. Se trata de un restorán, bar y terraza que ofrecerá una detallada carta de platos y coctelería. “De aquí, nos vamos a Miami, Lima, Bogota, Londres, Tokio… Es un proyecto a nivel global”, concluye Quintanero, de pie en mitad de la faena, mientras brindan con una copa de vino.