Quería abrir un café-chocolatería, y escribir un libro de cocina donde plasmar todas las creaciones culinarias que había creado y conocido a lo largo de sus 33 años… Alicia Briones Marasovic desde niña fue amante de la buena mesa, los aliños y especies nuevas que le dieran un toque diferente a los platos que inventaba. Herencia de su madre Bárbara que era una estupenda cocinera, y también motivada por su abuela paterna Sylvia Goich, con la que compartió estrechamente, y tenía gran conexión.
Creativa e inquieta, al salir del colegio Apoquindo entró a Arte en la Finis Terrae… sin embargo, a poco andar se cambió a la carrera de Cocina, que al cabo de un tiempo se transformó en su pasión.

Quiso crecer y desarrollarse en esa área; entró al Ecole Francés donde vibraba cocinando, creando, sorprendiendo. En el camino conoció a los chefs Cristopher Carpentier y Francisco Mandiola con quienes armó un grupo entretenido y se potenciaban en su vocación culinaria.

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No era de las que se quedaba con lo aprendido. Siempre intentaba perfeccionarse, innovar. Se especializó en reposteria; tomó cursos de chocolatería en Buenos Aires, Londres y Estados Unidos, y recorrió Europa y el Sudeste Asiático en busca de nuevos platos y condimentos con los que después deleitaba a su familia en Navidad, veraneos y en cuanta reunión social se le presentara.

Guisar un plato, rellenar un bombón era para Alicia una fiesta. Y su rutina era siempre la misma: ponía música —no necesariamente ad hoc con la receta—, se ponía la pechera, ¡y a cocinar se ha dicho! El cuchillo era su utensilio favorito. “Amaba los de gran precisión y calidad, también las ollas de cobre y las cucharas de palo. Era muy simple para trabajar, aunque hiciera los platos más elaborados”, cuenta su hermana menor Constanza Briones (31), quien tenía debilidad por sus trufas chai —condimento que descubrió en Vietnam—, las láminas de pera doradas y bañadas en chocolate, los bombones de rosa y lavanda, y toda la gama de recetas Thai con curry y distintos tipos de arroces que la joven chef conoció en su paso por Tailandia. “Fue una pionera en incorporar ingredientes… Era viajera incansable, y tenía la gracia de transportarnos con la comida a los lugares que visitaba”.

Alicia se casó con Rodrigo Montalva y tuvo a su hijo Juanito, y como su marido era amante del surf, se instaló por un tiempo en la localidad de Puertecillo. Amaba la jardinería y la vida al aire libre, tanto que cultivó su propio huerto. Y en medio de la crianza de Juanito, comenzó a organizar el libro de recetas que pretendía publicar y tiraba las primeras líneas de la chocolatería con la que quería instalarse…

El 24 de febrero del 2010 un accidente automovilístico terminó con su vida. Una partida repentina y dolorosa, pero que no acabó con sus planes ni sueños. En medio de la profunda pena, sus hermanas Bárbara (33, diseñadora de zapatos en NY) y Constanza (31, relacionadora pública y directora ejecutiva de HBC) decidieron continuar con el libro que Alicia había dejado pendiente. Era una manera de dejarle un legado a su hijo; para que a través de sus páginas Juanito conociera a su mamá. También era un regalo para Alicia. “Este libro es para la gente que la quiso; por ella, y para ella. Es una manera de representarla para quienes no la conocieron, y los que tuvieron la suerte, sigan celebrando la vida a través de su cocina”, dicen.
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La idea de echar a andar este proyecto nació hace más de dos años, cuando Constanza —que entonces recién casada vivía en EE.UU. mientras su marido cursaba un MBA— se dio cuenta de que tenía en su poder más de cien recetas que Alicia le solía mandar por mail. “Me acuerdo que todos los días la llamaba para preguntarle cómo se hacía la salsa blanca, cómo se hacía esto otro. Un día me contó que estaba preparando este libro, que tenía todo ordenado por capítulos: aliños, sopas, y me las comenzó a mandar para que le diera mi opinión. ‘¿Qué te parece?, ¿qué me falta?’, me decía. Me envió todo, excepto la sección dulce: galletas, chocolates, postres… Y cuando Alicia nos dejó, pensé: ‘esto, ¡hay que terminarlo!’”.

Su hermana Bárbara decidió ayudarla en esta aventura. Se tomaron su tiempo eso sí antes de partir. La pena era mucha, necesitan vivir el duelo. “Cuando logré reunir todos los capítulos, anduve un año y medio con la carpeta llena de recetas a cuestas; pero no me atrevía, me daba pena, hasta que un día dije ¡ya, esto tiene que empezar!”.

Bárbara y Cota partieron por visitar a Isabel Margarita Bustos (una de las mejores amigas de Alicia) que es escritora y editora, quien al revisar las recetas, les dio el impulso final y las motivó a seguir. Ella asumió el rol de coordinadora y editora general del equipo, compuesto además por Pía Jarpa, chef a cargo de revisar, traducir, readaptar y corregir las recetas, muchas escritas a mano y otras en inglés; Constanza Gaggero, diseñadora gráfica que desde Londres donde reside, con su propuesta visual ha intentado interpretar a la autora, y Pin Campaña, fotógrafa que inmortalizó lugares, platos, ollas, y utensilios, que dan inicio a cada capítulo. Bárbara Briones, por su parte, aportó en el diseño, y su hermana Constanza ejecutó el tema y buscó el material para este escrito que titularon Las delicias de Alicia, y que pretenden publicar los primeros días de diciembre.

“No fue fácil indagar en sus cosas, escarbar en fotos, revisar carpetas, buscar material… Ha sido doloroso, una entrega emocional muy fuerte, pero también sanador”, cuenta Bárbara que cada tanto viene de NY -donde reside con su marido e hijo- para participar del proyecto. Sin embargo, ambas sienten que Alicia las ayudó en descubrir el camino. “Una cosa nos llevaba a la otra de manera natural. De repente, aparecía una foto decidora que nos cambiaba el rumbo completo. No fue fácil ponerle un corte, un punto final a la búsqueda de material; cada imagen tiene un significado tan potente. A veces fue difícil ponernos de acuerdo; cada una tiene una visión de Alicia, entonces debíamos llegar a un punto medio. La idea era interpretarla, ella sabía perfectamente lo que quería”.

Se esmeraron en reflejar su estilo y retratarla tal cual era: una mujer simple, elegante, generosa, creativa; gozadora de los placeres de la vida. Disfrutaba cocinándole a su familia y amigas. Siempre recibía en su casa y, de la nada, armaba algo. “Estaba en un nivel más elevado, jamás se hizo problemas por tonteras. Ojalá yo fuera un poquito como ella”, dice Bárbara. “Era puro corazón”, recuerda Constanza.

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Su amiga Isabel Bustos cuenta que las recetas que van desde las más simples a las más sofisticadas reflejan lo ecléctica que era la chef, ya que pasaba de un plato taiwanés, al tailandés, un puré de papas hasta elegantes bombones o galleta de Navidad. “Me quedó la sensación de que era muy fanática por la cocina y los ingredientes. Era tan detallista, que en muchas de sus listas escribía las marcas de los productos. Por eso quise trabajar con Coni Gaggero (diseñadora gráfica) porque tiene eso de Alicia, de atreverse, jugar con los colores. Le daba importancia a lo que valía la pena; tenía mucho humor, un estilo muy infantil, relajada, nada cuadrada. Ella era lo más volado que existía en el mundo”.

El chocolate es el protagonista del ejemplar que cuenta con más de 100 recetas, que se dividen además en ensaladas, aperitivos, entradas y carnes. Las hermanas Briones encontraron las recetas de chocolate guardadas en un taller que la joven tenía en Santiago, en el sector de Lo Beltrán. “Son únicas, nunca había probado chocolate con té de Chai o con esencia de rosa… Todos caían en coma con sus almendras acarameladas”, recuerda Constanza.

También la fotografía, ilustraciones y dibujos cobran relevancia en sus páginas, muchas de las cuales evocan momentos y recuerdos particulares de la joven, aunque su diseñadora Constanza Gaggero aclara que es un texto limpio y simple como su autora. “No hay ningún ornamento de más o injustificado. Tiene una encuadernación bonita, donde sólo brillan las fotos y el contenido. Aquí no hay mano mía, todo es el reflejo de Alicia, desde el diseño hasta sus preparaciones que son sencillas, sinceras y honestas”.

La fotógrafa Pin Campaña viajó hasta Guanaqueros para inmortalizar el balneario preferido de la autora, ya que era sinónimo de vacaciones, familia reunida, y de cocinar toda su gama de platos veraniegos. “Le encantaba el atardecer, mirar los botes de los pescadores, ir a buscar mariscos frescos”, rememora Constanza.

A casi dos meses de la publicación de Las delicias de Alicia, y a casi tres años de la muerte de su hermana mayor, Bárbara y Constanza admiten que la pena por su ida sigue intacta “Eso no cambiará nunca, aprendes a vivir con ella”. Constanza va un poco más allá: “Una pedazo de ti ya no está, y eso es irrecuperable. Con su partida aprendí que hay que vivir de manera simple, no enredarte en tonteras. Valorar lo bueno, y no estar enojada o dejar algo pendiente con otra persona”.

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Las tres eran muy unidas, ultragozadoras, intensas, y muchos de sus panoramas giraban en torno a la mesa y a los platos de Alicia. Mientras Bárbara se inclina por el gravlax (salmón marinado en whisky), Constanza que es más dulcera tenía debilidad por las galletas navideñas y trufas de Chai.

Trabajar juntas en el libro ha hecho que estrechen sus lazos.“Nos tenemos una a la otra, y este proceso nos ha ayudado con su partida”. Como Bárbara vive en Nueva York, hablan todos los días por Skype, y a la distancia coordinan los detalles del libro que ya debería entrar a imprenta en los próximos días. A pesar de la sorpresiva partida de su hermana, han intentado seguir con sus vidas, “es lo que a Alicia le hubiese gustado”.