Hace ya algunos días que estoy recorriendo el Sudeste Asiático y es inevitable para mi, estando en Asia, lanzarme en la búsqueda de zonas productoras de té. Es así como terminé en el norte de Tailandia descubriendo las maravillas del oolong tailandés, por lo visto las tierras del reino de Siam tienen mucho más que ofrecernos que templos dorados, tigres y paseos en elefante, hoy a Tailandia también se le reconoce por su té.

En las regiones montañosas del norte de Tailandia encontramos las condiciones perfectas para la elaboración de tés de alta gama, es por eso que en mi viaje llegué a la ciudad de Chiang Rai, con el fin de visitar la pequeña villa de Doi Mae Salong, llegar a este pueblo es toda una aventura, ya que se encuentra en la cima del cordón montañoso de Daen Lao, sobre los mil metros de altura. La ruta está compuesta por un centenar de curvas muy empinadas que atraviesan una tupida vegetación. A medida que ascendemos podemos ver el paisaje verde cubierto de neblina, factor esencial detrás de la calidad de este té.

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Al llegar a Doi Mae Salong tengo la sensación de haber salido de Tailandia y haber entrado en China, la villa es muy similar a aquellas zonas productoras de té que podemos encontrar en ese país. Y esto no debería extrañar, ya que esta región está sólo a algunas horas en auto de la provincia de Yunnan, la cuna del té. La influencia china es evidente, se puede ver en los rasgos de la gente, es mucho más fácil escuchar chino que thai y de hecho podemos ver los carteles de los locales con los típicos caracteres, esto se debe a que esta región ha sido habitada por comunidades chinas, algunas etnias como los Akha han llegado hasta aquí trayendo consigo su cultura, y por supuesto la producción de té.

Esta villa está ubicada en una zona privilegiada para la agricultura y las plantaciones de té crecen rodeadas de plantaciones de piña, mango y otras frutas tropicales. Los mismos productos que podemos encontrar en su calle principal en pequeños puestos en donde la gente del pueblo vende los frutos cosechados por ellos mismos y el té elaborado por sus familias.

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El panorama ideal para pasar el día en Mae Salong es entrar a alguna de las tiendas, sentarse y esperar a que te den a degustar cada una de las variedades que producen, hasta encontrar la adecuada. Sin duda la estrella de esta región es el Oolong, teniendo exponentes que podemos llegar a comparar con finos tés chinos y taiwaneses. Y es que en la villa de Mae Salong saben que son afortunados han puesto todo su esfuerzo y han aplicado todas las técnicas para producir té de excelente calidad.

En las laderas de los cerros alrededor del pueblo se pueden visitar las plantaciones, todas ellas más bien pequeñas, nada muy grande, aquí la gracia está en la calidad y no en la cantidad, cosechan té durante prácticamente todo el año, pero cada 45 días, permitiéndole a la hoja crecer lentamente y rica en nutrientes para que se pueda convertir en el más fino de los tés.

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Mae Salong no es un destino muy turístico que digamos, pero para los amantes del té es completamente recomendado: vistas maravillosas, aire puro, conexión con la naturaleza y el conocer la realidad rural de un país como Tailandia, pero sin duda el motivo principal por el que hay que ir es por su té, lentamente esta región está ganando popularidad a nivel internacional, no me extrañaría que en un futuro no muy lejano esta pequeña villa encima de las montañas tailandesas esté a la altura de otras tan famosas como Darjeeling.

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