Cada día que pasa, las pantallas digitales nos resultan más naturales y amigables en su uso cotidiano. Un sinfín de aplicaciones y redes sociales logran capturar tanto nuestra atención que llegan incluso a provocar celos entre quienes nos rodean. Así, no es raro escuchar diálogos tan futuristas como “por favor deja el celular afuera” o “el celular o yo”… a lo que se responde “estoy de inmediato contigo”, porque la verdad de las cosas es que cuando tenemos los sentidos puestos en la pantalla, no estamos realmente ahí…

Al parecer todo indica que estamos de lleno en la llamada Aldea Global de Marshall McLuhan. El término fue acuñado por el sociólogo canadiense en 1962, pensando en que los medios audiovisuales que surgían en esa época transformarían las comunicaciones en todo el planeta, pero el siglo 21 y la era digital superó todas las expectativas.

Hoy las redes sociales facilitan la difusión de la información a lo largo de todo el planeta, sorteando como ningún otro medio y en forma instantánea las barreras geográficas, idiomáticas y culturales. Es por esto que la utilización de estos nuevos medios sociales ha permitido acercarse mucho más a los consumidores, conocer sus experiencias y preferencias, como también llegar a quienes buscan, día a día, la elección correcta respecto de qué vino tomar.

Hoy son millones las personas que se relacionan con el vino a través de las redes sociales, los bloggeros y consumidores utilizan mayoritariamente Facebook y Twitter, pero también existe Instagram, YouTube, sitios web, y aplicaciones varias. La gran mayoría de las viñas de todo el planeta está usando estas plataformas para seducir a la gente joven y no tan joven, que cada vez más declara que le gusta el vino y ¡quiere saber más! Pero lo que no les gusta tanto es ese entorno a veces tan estirado y tradicional, ni el lenguaje tan técnico y complicado con el que el vino se ha rodeado con frecuencia. Por supuesto que la generación “Millenials”, es decir, los nacidos entre 1981 y 1995, está más allá de todo eso, y hoy lleva la delantera en las redes, pero no por mucho tiempo, se nos viene la generación que nació con el touch incorporado, pero ojo, el otro día sorprendí a mi madre que tiene 87 años chequeando Google en su teléfono “inteligente”.

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Pero no todo lo que brilla es oro, el contacto real en el mundo del vino es insustituible, de manera que conviene levantar la mirada porque hay mucha vida allá afuera. Existe un mundo lleno de sensaciones y sabores más allá de esos dispositivos… Por ejemplo, aunque hoy prácticamente toda la música que escuchamos la descargamos en aplicaciones o bien la escuchamos vía streaming, el show en vivo, más que nunca, se vuelve esencial para saber quién es quién arriba del escenario. En el vino esto se torna aún más dramático, el contacto sensorial es y será siempre irremplazable ya que, a menos que los computadores tengan un corcho y vino en su interior, una copa no se puede descargar o beber vía streaming y siempre tendremos que tomar contacto con el producto real. De manera que si a usted realmente le gusta el vino y su cultura, el contacto presencial es el desde.

Entonces, si usted está de acuerdo conmigo, deberá encontrar el tiempo para asistir a catas, ferias, degustaciones y, por qué no, hacer un poco de eno-turismo. Conocer la historia, clima y tipicidad de cada valle, aprender a percibir las diferencias de sabores y estilos, conversar con los enólogos, respirar hondo en los terruños, compartir con los productores locales que se emocionan con la elaboración de sus mostos, son experiencias muchas veces inolvidables. Todo lo anterior ayuda a construir en el consumidor amante del vino una pertenencia cultural que la pantalla digital sólo puede ayudar a preparar o a mantener en el tiempo, pero que no la crea por sí sola. El objetivo final será comprender la cultura del vino e incorporarlo a nuestra dieta en forma responsable e informada.

Desde el punto de vista de los productores, los viñateros son verdaderos nómades que viajan llenos de pasión y esperanza, portando orgullosos sus brebajes de un lugar a otro del planeta. Es admirable cómo se desplazan cual Marco Polo por los cinco continentes, llevando en estas botellas colores, aromas y sabores de una geografía que les pertenece. Para ellos, la orden del día es destacarse en un mercado que la mayoría de las veces ofrece a los consumidores infinitas posibilidades.

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El vino es caras, es apretón de mano, es confianza, es algo que entra por todos los sentidos, no sólo por el oído o la vista, entonces el contacto humano y la fidelidad son fundamentales. El viñatero que piensa que podrá conquistar el mundo desde su laptop está más perdido que el consumidor que se siente experto porque se lee todos los blogs.

Contacto humano sí, redes sociales… ¡también! Pero en ese orden, idealmente.

Una vez en el valle de Curicó, el señor Miguel Torres contó que en un viaje a Inglaterra con su familia, se sintió muy orgulloso al ver que en el frigobar de su lujosa habitación en uno de los mejores hoteles de Londres, había unas botellas de Cava Bodegas Torres. Don Miguel, de incógnito, consultó a la mucama por este producto tan atractivo, la cual le confidenció que esas botellas sólo las colocaban cuando se hospedaba el Sr. Torres… La enseñanza que esto nos deja es: “si el productor quiere que su espumante esté en el mejor hotel de Londres, ¡tiene que ir allí!”.

De igual modo, si el amante del vino quiere descubrir el mosto que más le gusta tiene que salir, probar y comparar. Porque hay cosas que sólo se pueden disfrutar en cuerpo y alma, y el vino es una de ellas. ¡Ups! se me acabó la batería, ¡Salud!