Cuando llegué aquí en el 2000 me llamaron la atención los platos contundentes que probé en casa de mi familia política y de los amigos del vikingo. Mucho cerdo, tocino, paté, arenque en todas las versiones habidas y por haber, papas, repollo, salsas y cremas bastante espesas.

Pero de pronto vino la reinvención y la revolución. Vivíamos todavía en el norte de Jutlandia cuando leímos que en Copenhague había un restaurant que ofrecía un menú distinto, original, local y con un nombre que combinaba dos palabras danesas: “NOrdisk” (nórdico/a) y “MAd” (comida). Había nacido “NOMA”, el lugar que se ha convertido en sinónimo de la nueva comida nórdica, que desde el 2008 tiene 2 estrellas en la Guía Michelin, ha logrado 4 veces el premio al “Mejor restaurant del mundo” –este año aparece en el número 5 y para el cual hay que reservar mesa con varios meses de anticipación.

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Y NOMA se transformó más que en una tendencia… Casi un nuevo estilo de vida. Experimental, vanguardista, pero también profundamente local, tradicional y, sí, sano y saludable. Otros le han seguido -como “Geranium” que aparece en el número 20 de la lista y “Relæ” que está en el número 40- y ha surgido una Dinamarca que se ha transformado en un referente en temas de gastronomía, en alimentación sustentable. En Copenhague hay no menos de 15 restaurantes con estrellas Michelin!

Es una cocina que pioneros y seguidores han descrito como pura, fresca, simple y ética. Refleja las comidas de las diferentes estaciones del año y por ello incluye ingredientes que se encuentran en el bosque local o en el propio huerto. De hecho, la interacción entre los chefs y los agricultores es cercana, proactiva y ha resucitado incluso ingredientes que ya habían desaparecido de las mesas vikingas. De esta manera sus preparaciones prefieren productos crudos e incluyen raíces, frutos secos, champiñones, berries y también insectos en su versión más experimental. Sin haber estado aún en el NOMA, he estado comiendo en otros lugares de comida nórdica y puedo decir que me he enamorado de los aromas y sabores, y -muy en serio- del cariño y entusiasmo con que he visto a algunos de estos chefs preparar y explicar sus platos. Créanme, es toda una experiencia sensitiva y sensual.

Para los más carnívoros -como el vikingo de esta casa- también hay platos especiales con carnes normalmente de campos que promueven la ganadería sostenible. También se incluyen piezas de caza y una gran cantidad de pescados y mariscos.

No hay duda de que los vikingos siguen navegando y conquistando, sólo que esta vez de una manera simple, sofisticada y tremendamente deliciosa … con los sabores más exquisitos del Valhalla.

¡Velbekomme! (¡Buen provecho!)

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