En el noreste de la India existe una pequeña región a los pies del Himalaya. En ese lugar las condiciones de suelo y clima, en conjunto con la altura, permiten la manufacturación de uno de los tés negros más finos que existen. Aquel conocido como el champagne de los tés, el Darjeeling.

Contrario a lo que muchos imaginan, la India tiene una historia como país productor que data del siglo XIX. No se puede comparar con los miles de años que los chinos llevan produciendo té, sin embargo, las condiciones climáticas del país han permitido que este sea el segundo productor de té más grande del mundo.

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La elaboración del té fue introducida en la India por los británicos, quienes ya no podían depender del té chino y buscaron posibilidades dentro de sus propias colonias. El encargado de robar el secreto del té fue un botánico escocés llamado Robert Fortune. El llegó hasta el corazón de China para desentrañar los misterios detrás de la manufactura del té. Hasta entonces, ningún europeo había visto si quiera la planta de donde obtenían su tan preciado elixir, es más, en esa época se pensaba que existía una planta para el té negro y otra para el verde, jamás imaginaron que era la misma. En conjunto con robar las técnicas de elaboración del té, Bob Fortune también llevó consigo plantas y chinos para poder comenzar el proyecto de lograr producir té en la India.

En un comienzo la planta no se pudo adaptar a las altas temperaturas del valle de Assam, fue entonces que se descubrió que el árbol del té crecía de forma salvaje en la India. Desconfiando de la calidad que se podía obtener de la Camellia sinensis de Assam, los británicos siguieron intentando obtener té de la variedad china. Así terminaron en Darjeeling, justo a los pies del Himalaya, donde encontraron un lugar ideal para producir uno de los tés negros más delicados.

Al preparar un Darjeeling no se imaginen nada como los tés negros que estamos acostumbrados a consumir. El Darjeeling es un té extremadamente delicado, su color es más bien anaranjado, sus aromas son vegetales, florales y con notas a moscatel que lo caracterizan, de una intensidad y complejidad aromática muy especial. Su cuerpo es delicado, suave. Si lo comparáramos con el mundo del vino podríamos estar hablando de un Pinot Noir. El Darjeeling es ideal para aquellos que no gozan con la intensidad y astringencia de los tés negros y buscan tés más delicados.

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A los pies de los Himalaya, el cordón montañoso más alto del mundo, las hojas crecen lentamente lo que les permite alcanzar una mayor complejidad, complejidad que se ve reflejada fielmente en nuestra taza. Si bien Darjeeling es la región por excelencia cuando hablamos de este estilo de tés negros ligeros, existen otras regiones que producen tés bastante similares como Nepal, Sikkim, Dooars, Bihar, entre otras. Aunque no tienen la tradición y el nombre, pueden producir tés tanto o más impresionante que los mismos Darjeelings. Esto mismo explica el hecho de que se estima que se producen alrededor de 10 mil toneladas de Darjeeling al año, en el mundo se comercializan 40 mil, haciéndolo uno de los tés más falsificados que existen.

Debido a esta razón Darjeeling es una denominación de origen, así como el champagne, el pisco, algunos quesos, etc. con el fin de proteger este estilo de té.

La ciudad de Darjeeling es conocida por la manufacturación de tés negros, hoy se hace cada vez más frecuente encontrar tés verdes, oolongs y blancos provenientes de esta región.

Esta variedad está sin duda dentro de la lista de tés que todo amante de esta bebida debería probar alguna vez, en especial las cosechas de primavera. Este té es considerado uno de los más finos del mundo, sin duda la delicadeza y elegancia del Darjeeling lo ha llevado a tener muy bien puesto el nombre de champagne de los tés.

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