Pueden más que las flores, más que un poema. Aunque no siempre aseguren el amor eterno. Ocurrió hace un par de navidades, cuando un cliente de La Fête mandó a hacer una caja especial de 100 bombones de distintos diseños. Al abrirla, en el centro había un anillo y un mensaje que decía: “¿Quieres casarte conmigo?”. Las vendedoras, emocionadas, prepararon la caja con mucha dedicación y cuando lo llamaron para saber cómo le había ido y cuál había sido la reacción de su polola, quedaron heladas al escuchar del otro lado del teléfono: “No se dio cuenta. Había tantos chocolates que no vio el anillo”. 

Es que los chocolates son así. Pueden hacer que una mujer pierda la cabeza, también los hombres. Más todavía en esta época: “La Navidad es una locura. A pesar de que mucha gente piensa que no se regalan chocolates en estas fechas, nosotros doblamos las ventas respecto de los demás meses”, cuenta Jorge McKay, quien en 2006 decidió dejar el negocio familiar —galletas McKay, más ricas no hay—, para entrar al mercado de la chocolatería fina.

Así fue como creó La Fête, que hoy cuenta con más de 30 locales de Arica a Punta Arenas —además de un equipo de 270 personas— y cuyo público objetivo son las mujeres entre 30 y 45 años. ¿Sus productos estrellas? Por lejos, los más de 50 tipos de  bombones, seguidos con distancia por los chocolates puros, de origen y las galletas. Para esta Navidad, la gran novedad es la línea Le Grand, una colección de 4 cajas estéticamente muy bien pensadas donde se ofrecen todos los productos, en versiones desde 640 gramos hasta 1 kilo.

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En Varsovienne hay un cliente que se ha convertido en un lugar común: el hombre que llega con cara de aflicción. “Suelen aparecer con un ramo de flores en una mano y piden que por favor le hagamos el paquete más grande, más caro y mejor envuelto que tengamos… Lo que buscan es que los perdonen en la casa”, cuenta Carolina Arellano, encargada de marketing de esta chocolatería fundada por un matrimonio polaco que huyó de la guerra para instalarse con una tienda en la calle Tenderini, al lado del Teatro Municipal.

“Esas recetas, traídas de Europa del Este, son las mismas que se usan hoy en todos los productos y eso es lo que nos distingue. Un chocolate de hace 30 años tiene el mismo sabor que hoy, porque no se ha modificado ninguna medida e ingrediente”, cuenta Carolina, quien  asegura que durante todo el año, lo que más se vende es el chocolate de leche sin relleno y el bitter con 73% de cacao.

La Navidad es por lejos la fecha más importante; cuadruplican las ventas de cualquier otro mes. “Pasa algo divertido. Que las compras no se acaban el 24 a última hora, sino que siguen el día 26, 27 y 28, porque muchos clientes recibieron regalos inesperados y quieren devolver la mano con algo rico. Lo mismo con los regalos atrasados con la excusa de que entre tanto apuro se me quedó en la casa”, cuenta Carolina.

Para este año tienen dos novedades: una caja con un mix de chocolates de leche y bitter con una botella de espumante Brut; y una nueva variedad de chocolate francés que llega por primera vez a Sudamérica: “Rubio”, el primer chocolate dorado del mundo, mezcla de chocolate de leche y blanco, con toques de caramelo.

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También chocolatero, inmigrante y europeo, Damien Mercier llegó a Chile hace más de 20 años. Impresionado de los distintos estilos de vida entre su natal Bélgica y Chile, se dio cuenta de que no existía un mercado de chocolate de alta categoría, una tradición en su país, que cuenta con el mayor número de chocolaterías por metro cuadrado en el mundo. Analizando esta tremenda oportunidad de negocio, viajó a Francia y se especializó con los mejores maestros. Instaló su primer local y desde entonces la marca Damien Mercier es conocida por su variedad de bombones que hoy supera los 70 tipos y por sus ingredientes perfectamente seleccionados. 

Si bien su público es muy transversal, los niños representan un número importante de ese universo heterogéneo. “Muchas mamás vienen con sus hijos y ellos se van directo a la vitrina a pedir los productos que quieren, mientras la mamá está al otro lado de la tienda eligiendo otras cosas. Me dicen que si le van a dar un chocolate a sus hijos, tiene que ser de buena calidad y no los que venden en los quioscos”, cuenta Paula Benavente, directora ejecutiva de Damien Mercier. 

Para esta Navidad las novedades serán un San Nicolás (de tradición belga y muy distinta a la figura de Santa Claus) de gran tamaño y chocolate de leche, un mix de trufas, biscuits de pistacho y una nueva variedad de bombones que combinan exóticos sabores como maracuyá, albahaca, dátiles, aceto balsámico, romero y limón, que prometen “una exquisita y perfecta explosión de sabor”, cuenta Paula.

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Famosos por las góndolas en sus clásicos envoltorios verdes, rojos y celestes, los inicios de Bozzo datan de 1905, cuando Juan Bozzo, proveniente de Génova y capitán de fragata de la marina mercante italiana, instaló en Valparaíso un almacén de abarrotes, buscando nuevas oportunidades laborales. Al poco andar convenció a su padre y hermano fundador a emigrar de Italia para acompañarlo en el desarrollo del negocio familiar, el que ha tenido altos y bajos, pero luego de un golpe de timón en la década de los ’90 , hoy cuenta con 4 generaciones  dedicadas a la chocolatería y con 30 locales en distintas regiones del país. Francisco Bozzo, gerente general, cuenta que el 80% de su público corresponde a clientes individuales —la mayoría del segmento ABC1— y el 20% restante, a empresas, siendo lo más vendido por lejos los chocolates de leche, seguido por las malvas, naranjitas y chocolates sin azúcar. Con más de 100 años, asegura que su sello distintivo es la tradición y sus recetas: “Nuestra marca está asociada a celebraciones, festejos, vacaciones, agradecimientos. Cuando te invitan a un lugar, nada mejor que llevar una lata de nuestros chocolates”, afirma. 

En cuanto a productos, este año innovarán con naranjitas, gomitas, chocolates sin azúcar y almendras grajeadas, además de envoltorios escogidos especialmente para esta fecha. 

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Con menos años en el rubro, pero con una vasta experiencia en el tema, Evelyn Duarte, catadora y dueña de Puro Chocolate —creada hace 4 años—, asegura que el comportamiento de los chilenos ha cambiado bastante en los últimos años. Que si antes los consumidores se contentaban con la calidad de un chocolate de 200 pesos, hoy están cada vez más conscientes de los procesos, ingredientes y orígenes que un buen chocolate debe tener. Y eso lo ve en su tienda, cuando los clientes entran preguntando cuánto cacao tienen, en qué porcentajes y cómo fueron procesados los productos. 

“Nos hemos convertido en grandes consumidores, no en vano somos los segundos mayores consumidores de chocolate a nivel sudamericano y creo que eso está bien porque a nosotros nos obliga a ofrecer cada vez mejores productos, a tener más oferta y a atender mejor las necesidades de nuestros clientes”, cuenta.

Al igual que el resto de las chocolaterías, la Navidad no es una excepción para Puro Chocolate. “Estamos en constante búsqueda de cosas nuevas y este año no será la excepción. Tendremos Viejos Pascueros de chocolate, cajas de bombones, tabletas de 100 gramos con cacao de Venezuela, Ecuador, Madagascar, Bolivia, además de tabletas de leche y cacao venezolano sin azúcar, además del árbol de Pascua de macarón”.

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Así, la Navidad se llenará de chocolates. Divino privilegio. No por nada los mayas hablaban del árbol del cacao como la comida de los dioses. Y si ellos lo decían, algo de razón habrían de tener. Un poco de chocolate, una forma de llegar al cielo.