En su restorán El Barrio, en plena Avenida Alonso de Córdova, Chris agradece el gran momento que vive. Su libro Cocina de Barrio, lanzado en octubre pasado, agotó la primera edición y va por la segunda. Las empresas lo invitan para que dicte charlas motivacionales y en los últimos dos meses ha realizado más de 10. Viene llegando de Sao Paulo tras negociar con distintas cadenas televisivas de Latinoamérica para desarrollarles contenidos gastronómicos con su productora de tv. Asesora además a restoranes fuera de Chile y la guinda de la torta: en poco tiempo, lo veremos con un rol más importante en la segunda temporada del exitoso MasterChef, el programa gastronómico que se impone en todas partes del mundo y que Canal 13 trajo a Chile en 2014, con rotunda aceptación de la audiencia local.

Junto a su gran amigo, el chef italiano Ennio Carota y al francés Yann Yvin, Christopher Alan Carpentier del Villar –quien simplemente prefiere que le digan “Chris”– se prepara para volver a desempeñar el papel de jurado en el reality de cocina.

“No me parece importante ni atractivo ser rostro, a pesar de que en esta segunda temporada tendré una responsabilidad aún mayor, porque Diana Bolocco no va a estar. Es probable que asuma un rol más protagónico, lo cual lo único que me hace sentir es querer ponerle más rigor y ganas”, dice.

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Si bien lleva 20 años haciendo programas de televisión en canales gastronómicos de Chile, Europa y Estados Unidos, nunca había vivido la intensidad que implica exponerse en la señal abierta como lo ha experimentado en MasterChef.

“La fama en la televisión equivale a comer caramelos envenenados: al principio tienen un sabor dulce, pero después terminan matándote. Te hace creer cosas que no son, te lleva a terrenos que no quieres ir, te saca de quicio. Durante el programa te investigan y te encuentran cosas que son mentiras, exponen a tus seres queridos, a tus clientes, a tus empleados. Esos programas de farándula buscan lo que vende en definitiva, y si quieres participar de ese mundo, así son las reglas del juego, tienes que aguantar que te esperen fuera de tu casa con cámaras, que te sigan autos, que se instalen en tu restorán. Sé que hay gente que le encanta esto, pero no a mí, no me interesa de verdad”, confiesa el hombre que ha sido galardonado en múltiples ocasiones.

Chris Carpentier fue nombrado en 2010 Chef del Bicentenario de Chile y su primer restorán, Agua, fue incluido entre los 50 mejores del mundo por Conde Nast Traveler Magazine. Fue rostro estrella del canal internacional El Gourmet y su programa Cocina de Autor ganó en Argentina un premio Martín Fierro. Hoy tiene dos restoranes en Santiago: El Barrio y Maldito Chef, además de su programa C Cocina en 13C.

“La otra vez en una charla que di para mujeres empresarias les conté de mi época en el colegio en Chile, a nadie lo potenciaban para lo que era bueno, al revés, siempre te estaban potenciando lo negativo, partiendo por los apodos: la chica, el guatón, el cabezón, el negro, el orejón. Recién a los 18 años, en Estados Unidos me di cuenta por primera vez que era bueno para algo. Nunca fui un alumno destacado, en el colegio nunca tuve un cuaderno, era del montón para arriba, mis notas eran de 5.5. o 5.8, no sé cómo respondía las pruebas, nunca puse atención ni estudié. No me interesó, hasta que encontré la cocina, me hacía feliz, me inspiraba, me motivaba, me enorgullecía y quería dedicarme a eso”, evoca.

Al finalizar sus estudios en la escuela de cocina, trabajó, estuvo becado, ganó varios premios, y descubrió ser bueno para algo que realmente le gustaba.

“Entre los 30 y 41 años, después de triunfar y de fracasar con mi restorán C y levantarme, me di cuenta de que me gusta hacer más de una cosa. En un país como el nuestro, que es bueno para etiquetar, no puedes ser bueno para más de una cosa, te critican”, advierte Chris.

Junto a su mujer, Alejandra, decoraron El Barrio, y en compañía de su socio escribieron un libro. “En este mundo de la gastronomía existen muchos submundos en los cuales yo puedo aportar, soy lo que se llama un emprendedor”.

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Cuenta que tras dos años intentándolo, convenció a Sergio Nakasone –productor ejecutivo de MasterChef–, “la persona que más sabe de tv hoy día en este país, creador de los realities más exitosos”, para hacer un programa gastronómico.

–¿Qué te ha traído el éxito de MasterChef

–Me confirma que lo que más me gusta son los proyectos, los procesos creativos más que estar en pantalla, a pesar de que me dicen que lo hago bien y fui como una gran revelación. Pero con MasterChef aprendí que me gusta mucho producir, el backstage, con el grupo, no solo con Sergio sino con toda la gente maravillosa del equipo: la Vero, Pancho, Mirko, Claudia, la Emi. Me encanta ver el tema del casting, ayudar a elegir, qué pruebas podemos hacer, qué podemos cambiar de la cocina, cómo podemos innovar, cómo mejoramos los errores, ser más eficientes y que el canal gane más ´lucas´.

–Pero fue muy polémico el final de la primera temporada, con Daniela Castro como ganadora en lugar de Ignacio Riveros, el recolector de basura.

–Una cosa es el favoritismo de la gente hacia un personaje y otra es nuestra misión que era juzgar platos, no personas. Si uno es recolector de basura, ingeniero comercial o presidente de una compañía, o un carabinero, cura, monja, daba igual, nosotros no teníamos relación con los participantes. Para nosotros y para el canal hubiese sido más popular haber hecho ganar a Ignacio, de hecho en Argentina la ganadora fue una inmigrante boliviana, y fue cuestionado porque supuestamente ganó allí la persona y no la cocinera.

Yo entiendo que hubiese sido Ignacio el ganador o no, igual se iba a desatar la polémica. Pero si hablamos de favoritismo y hubiese ganado la Naná, la abuelita, habrían dicho que estaba arreglado. En definitiva, nosotros votamos a ciegas por el plato que valía la pena, en desmedro de lo que al canal, al programa le hubiese vendido más: ganó el recolector de basura, el chico de esfuerzo. 

Pasa lo mismo con Vértigo, siempre gana el que perdió recién su trabajo. Despidieron a Jean Philippe Cretton, ganó; despidieron a Solabarrieta, ganó, siempre gana el que está en el piso, ese es Chile, somos solidarios con el que está en el piso no con el que está bien.

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–¿Cuáles son las ventajas que tiene para la gente amateur de la cocina participar en el programa?

–Todos los que pasamos por MasterChef, desde los participantes hasta los técnicos, directores, jurados, decoradores, etc, somos otras personas antes y después de MasterChef. El que logró pasar un día adentro y lo eliminaron, nunca más en su vida lo va a olvidar pues le entregaron herramientas para aprender, mejorar, fue seleccionado entre miles de postulantes. El que gana claramente tiene un recorrido distinto. Daniela Castro cuenta con un nuevo programa de cocina en 13C, al igual que Ennio Carota, miembro del jurado y gran amigo mío, que debutó recién con El especialista en la misma señal del cable.

La cocina es bien democrática, incluso el talento no es lo más importante, la Daniela le ganó a Ignacio siendo quizás Ignacio más talentoso gastronómicamente, pero ella era mucho más trabajadora.

–¿Qué consejos das a quienes desean ser seleccionados para esta nueva temporada?

–Presentarse con algo sencillo, bien ejecutado, rico, nada ostentoso ni complicado, algo para cautivar los corazones, con un relato, con un por qué.